Cuando la neumonía entra por la puerta...

Mi niña pequeña de 2 años y 3 meses tienen neumonía. Así, sin comerlo ni beberlo. Sorpresa total, regalito de 27 cumplemes, quién me lo iba a decir a mi.

Empezamos la noche del jueves al viernes con un fiebrón de 39,9, ahí es nada. Sin motivo aparente, no tos, no mocos, nada, mi niña desprendía más calor que una estufa. No soy de tratar fiebres solo por el hecho de tener fiebre pero mi niña estaba quejicosa: mal estar, desgana, falta de apetito y un quejidito constante que no la dejaba dormir. Ibuprofeno, descansa pero la fiebre no baja.

Viernes, esta familia porteadora y viajera se iba al encuentro de Málaga Familiar a pasar el sábado con un montón de mamás y papás 2.0 y aquí una servidora iba a dar un taller de porteo. Viendo que la fiebre no remitía, aunque mi niña no presentaba síntoma alguno, decidimos preservar y esperar al sábado para salir.

Algo me decía que no íbamos a poder viajar, de hecho ni hice el equipaje, aunque en mi interior me moría de ganas de ir y pensaba que nos levantaríamos como una rosa fresca y podríamos salir, en el fondo sabía que no iba a poder ser. Y tal cual, otra noche de fiebre, mal estar, quejido, falta de apetito, apatía y un mal cuerpo que mi niña daba penita mirarla. Cancelamos fin de semana en Málaga, con toda mi pena de no poder ir pero sabiendo que tomaba la decisión correcta, lo primero es mi niña y no tenía ganas de acabar en urgencias de algún hospital malagueño.

Sábado a resguardo en casa, seguimos sin síntomas pero con fiebres y todo lo demás. Yo sigo esperando, de momento son solo dos días de fiebre, sin otro síntoma alarmante, al tercer día ya veremos. Noche en las mismas circunstancias, esta vez con un quejido constante que no llega a remitir con el ibuprofeno y una respiración más rápida de lo normal que ya no nos deja dormir. Conforme nos levantamos el domingo, sin prisa pero sin pausa, nos arreglamos para dejar a Iván con los abuelos e irnos a urgencias.

Llegamos a las 12,30 del mediodía aproximadamente y allí había más gente que en la guerra. Cuánto niño malito, o eso debía ser si estaban allí, aunque por las apariencias bien no lo parecía, aquello parecía un chiquipark de niños jugando, gritando, correteando, subiendo y bajando de las sillas... Y mi niña arrebujada en mi regazo, con su quejidito y su teta, único sustento desde el jueves que empezó con las fiebres.

Nos llaman pronto, poco más de media hora llevábamos esperando, y nos recibe una médico -no se si era pediatra, no estaba identificada como tal- joven y muy agradable, con la que me sentí cómoda desde el principio. Le cuento los síntomas: fiebre alta desde hace 3 días que no remite -lo más que baja es a 39º raspados-, apatía, falta de apetito, quejiditos y respiración muy rápida; le cuento que no se si se le hunde la piel en las costillas porque como es una raspita de pescado siempre se le marcan, y que no tiene apetito pero desde el jueves vive enganchada all time a mi teta.

La reconoce, oídos, nariz, garganta, pecho, abdomen... No hay foco de nada. Le toma la temperatura, 39,7º, es una fiebre alta así que hay que buscar el origen, nos pide analítica de orina y la auxiliar viene a intentar estimular la orina: le moja las manos, los pies, le flexiona las piernas, la niña no mea. Le pone la bolsita para la recogida de muestra y un pañal cortado por donde sobresale la bolsita, y a esperar a que haga pipí.

Le metemos los pies debajo del grifo, le mojamos las manos, el cogote, le dejamos caer agua por el cuello, abrimos el grifo para dejar el agua correr, le damos agua, le doy teta, la niña no mea. Pasa una hora, pasan dos, papá trae un bocata de tortilla que me sabe a gloria, la niña no mea.

La niña se hace caca, le cambian la bolsita, pero no mea. Así hasta 3 veces. En cada cambio pregunto si puede ser que no orine porque le duela, o si puede ser que tenga una infeción que le impida orinar, ya pensando de todo. No pregunto pero pienso con miedo que pueda tener una infección de riñón, aunque intento descartar ese pensamiento.

El último cambio de bolsita a las casi 7 de la tarde, ya desesperados de estar allí todo el día, la médico le vuelve a escuchar el pecho y decide hacer RX torácica. Llama al médico de la consulta de al lado que también la ausculta y conviene que mejor hacer la radiografía para descartar. Así que nos vamos a rayos y no tardan nada en hacerle la foto, casi con la teta en la boca. La saboría de la auxiliar dice que si quiere esperamos a que acabe la toma, le contesto que ya no es un bebé y que después de 7 horas allí con el culo cuadrado del asiento y la espalda como un siete de tener a la niña en brazos, no espero ni un minuto más.

Volvemos a la sala de espera y mientras desesperamos por que nos llamen entra un montón de gente con un niño de unos 7 u 8 años, corriendo, sin parar en la sala de espera, empujando puertas y con mucha urgencia. Pensé que debía ser algo muy grave para armar tanto estruendo.

Por fin nos llaman y veo en el ordenador la RX de mi niña, pero por más que intento no entiendo nada de lo que revela. La médico nos dice que se aprecia algo en la radiografía pero que como en ese momento se encuentra allí la neumóloga pediatra que prefiere que la vea ella directamente. Me suena a serio, no grave o eso creo, pero importante. Y mientras esperamos veo a uno de los adultos que hace un rato había entrado con la manada del niño que parecía que se estaba muriendo. Ahora llevaba una bata blanca y hablaba por el móvil, "el niño tiene laringitis pero no te preocupes", mientras escuchaba el estridor y la tos perruna del susodicho. En ese momento comprendo lo bueno que es tener un médico en la familia, es un visado para entrar directamente en la consulta de urgencias sin ni siquiera pasar por triaje, aunque esperando haya niños en peor estado. Es la vida del enchufismo.

Viene la neumóloga que sospecho está allí por el niño de la laringitis, sospecha que no confirmo... Ausculta a mi niña despacio, minuciosamente y durante un largo tiempo, a mi al menos me pareció eterno. Llama al médico de la consulta de al lado y tanto él como la médico que atendió a mi niña desde el principio auscultan de nuevo a mi niña. Estamos en urgencias, llevamos unas 7 horas allí y hay 3 médicos pendientes de mi niña, ¿me cago de miedo ahora o espero a que me digan qué pasa?, mejor me espero intentando mantener la templanza.

Nos confirma que es neumonía. Está empezando, es prácticamente inapreciable pero hay una parte del pulmón derecho a la que no le entra el aire, de ahí que mi niña respire con tanta rapidez. Nos dice que la hemos cogido muy a tiempo pero que lo mejor es empezar ya con antibiótico en la dosis más alta para frenarla. Nos emplaza a una vigilancia exahustiva, llevarla a control por su pediatra al día siguiente sin falta y de nuevo a los dos días, y ante cualquier signo de empeoramiento o fiebre que vayamos corriendo al hospital. Y sobre todo, que no le quite la teta, que le siga dando, que eso la mantiene nutrida, alimentada, hidratada y que benditas las defensas que le estoy transmitiendo.

Mientras la médico que nos ha atendido a lo largo del día redacta el informe yo le voy diciendo que no soy madre de salir corriendo al hospital a la primera décima de fiebre, la primera tos o el primer moco, que prefiero esperar y observar en casa, no tratar la fiebre salvo que además de la temperatura haya un malestar evidente o dolor y que si vengo a urgencias es porque se que algo pasa. Me dice que soy una madre muy racional y que ojalá muchos padres actuaran igual, pues si hubiera llevado a mi niña el primer día de fiebre hubiéramos perdido tiempo al no haber podido precisar un diagnóstico, ya que las -itis normalmente no se manifiestan hasta el 3º día, y hasta que llega ese día no sabes a qué -itis te estás enfrentando. Paso de sentirme una malamadre por haber esperado 3 días a llevarla a una madre medio responsable por haber sabido esperar a que su cuerpo me enviara otras señales. Pero creo que no es cuestión de tiempo ni de esperar, sino de que conocemos muy bien a nuestros hijos y sabemos cuándo debemos preocuparnos y salir corriendo.

Y antes de irme me felicita por nuestra lactancia, que es maravilloso y que le encanta encontrarse con mamás que dan el pecho a sus peques ya grandes. Me voy diagnosticada y feliz porque, una vez más, en lugar de consejos desafortunados y reproches por una lactancia prolongada más de lo necesario a ojos de algunos me llevo una palmadita en la espalda por ofrecerle a mi niña lo mejor que tengo.

Así que desde el domingo reclusión total. Ella está muy bien, el antibiótico ha hecho efecto inmediato y no ha vuelto a tener fiebre, poco a poco ha recuperado el apetito, la actividad y ya no tiene ese quejido lastimero. Eso sí, la neumonía ha dado la cara en forma de una tos pesada, no es frecuente pero está ahí, aunque nos libramos de la dificultad respiratoria. La tos aparece cuando la niña hace más actividad y supone un esfuerzo para ese pulmoncito en el que no entra todo el aire que debiera.

Hoy nos ha visto la pediatra y parece que el pulmón ya trabaja bien, aunque no hay que bajar la guardia y de momento nos queda mínimo una semana más de arresto domiciliario, la neumonía es muy tracionera y engaña con su falsa mejoría, así que mejor no arriesgar a mi peque a que salga y cualquier virusillo puñetero la haga empeorar. La semana que viene nos ve de nuevo y al mes radiografía de control para comprobar que el pulmón está recuperado.

Y mientras en casa. Yo he estado estos días sin trabajar porque si mi niña solo comía teta, yo no podía estar lejos. Además solo quería mis brazos y mis mimos y eso no se lo puedo negar. Hoy ya he vuelto a la actividad laboral porque ya come con cierta normalidad, aunque mi corazón y mi pensamiento están con ella. Esperando que se recuperer prontito y pueda volver a ser mi niña inquieta y un poco trasto.

Aprovechando al visita al pediatra le he comentado el tema del habla, o del no habla, y tras contarle ha decidido remitirla a atención temprana porque la niña solo dice mamá y papá, nada más. Eso os lo cuento en otro momento. Mientras, me voy a dar todos mis mimitos a mi princesita.
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