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Pequeños lectores: Por favor, señor Panda, de Steve Antony

Cualquiera diría que a estas alturas de su vida, todavía en el tránsito hacia los tres años, Maramoto ha heredado ya (por imitación) una de las cosas que más fascinan a sus padres: descubrir pequeñas editoriales con un maravilloso y a veces desconocido catálogo a sus espaldas. Así, el mismo día en que nosotros entrábamos como locos en Tipos Infames para comprarle ‘El viaje’, ella se quedaba prendada de ‘Por favor, señor Panda’, el álbum ilustrado de Steve Antony publicado en España por la editorial nubeOcho. Y es curioso, porque aunque conocíamos a la editorial, aún no teníamos ninguno de sus libros en nuestra estantería de literatura infantil. Tuvo que ser Mara, con su gen heredado, la que pusiese remedio al asunto.

Así que para casa nos trajimos también de nuestra visita a Tipos Infames ‘Por favor, señor Panda’, una historia tan sencilla como simpática y educativa, incluida dentro de la colección Somos8. A la pequeña saltamontes le entraron por los ojos en primer lugar las divertidas ilustraciones de Steve Antony, ese panda que parece permanentemente enfadado con su caja de rosquillas a cuestas y esos animales con los que se topa en su camino.  Y luego, una vez que se lo leímos, le resultó simpatiquisima la historia, especialmente las escenas en las que el señor Panda, tras ofrecer sus rosquillas, se las niega al interlocutor de turno ante la incredulidad de éstos y sin que en un primer momento nosotros lleguemos a entender el porqué.

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Y así, tras toparse con distintos animales en una secuencia reiterativa y, por tanto, fácil de seguir, el señor Panda se cruza en su camino con un educado Lemur, que ante el ofrecimiento de Rosquillas por parte del Panda responde con un “A mí me gustaría comer una rosquilla… Por favor, señor Panda”. Y eso, precisamente, ese ‘por favor’, es lo que llevaba todo el tiempo buscando el señor Panda. Tanto que no le da una rosquilla al Lemur, sino todas. Total, a él ni siquiera le gustan.

Tengo que confesar que me declaro fan incondicional de ese guiño final del panda, que aunque no le gustaban las rosquillas caminó y caminó con ellas en sus brazos a la espera de encontrar algo tan sencillo como un “por favor” y un “gracias”. Por desgracia a los adultos también se nos olvida de vez en cuando pedir las cosas por favor. Y dar las gracias. Y no cuesta nada hacerlo. Es más, no cuesta nada y con solo escuchar esas palabras el mundo ya parece un lugar más acogedor. Así que no está de más transmitir la importancia de esas expresiones a nuestros hijos, algo que ya hacemos habitualmente pero que siempre tiene más impacto cuando la lección viene de un personaje que les cautiva. Ahora a Mara basta mencionarle al señor Panda para que recuerde que hay que pedir las cosas “por favor”. Seguro que está deseando cruzarse con él para que le dé alguna de sus rosquillas. Y así darle también las “gracias”.



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