Padres

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¿Qué hacer para que coma?

Pautas para que tu hijo crezca sano

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Cuando llega la vuelta al colegio, toda la familia debe hacer acopio de energía y optimismo para regresar a la rutina. La diversión y relajación estival dejan paso a un horario y unos hábitos más definidos y estrictos.

Por eso, si tus hijos comen mal, éste es el mejor momento para que corrijan sus costumbres y se adapten al ritmo diario. Si no quieres que sentarse a la mesa siga siendo una auténtica tragedia familiar, toma nota de los consejos que te ofrecemos en el siguiente reportaje.

Muchas veces, la causa de los problemas que los niños tienen para comer bien se encuentra precisamente en el propio seno familiar.
 La dietista Marta González Caballero y autora del libro Manual de alimentación infantil, afirma que "en general, el niño que come mal es porque en casa hay unos hábitos alimentarios incorrectos".

Es obvio que hay alimentos que una amplia mayoría de jóvenes rechazan: frutas, verduras y pescados se convierten, normalmente, en los más odiados. Sin embargo, los niños actúan a menudo por imitación. Según apunta la especialista González Caballero, "si los padres no comen verduras, seguro que los hijos tampoco". Para que los pequeños mejoren su conducta alimenticia es necesario que todos en la familia coman lo mismo y que no haya excepciones para nadie.

Los problemas de cada edad

Para la dietista consultada, "de los 3 a los 6 años entramos en una de las etapas más conflictivas". Sin embargo, resulta curioso observar cómo los niños de esta edad que acuden al comedor escolar no suelen presentar problemas a la hora de la comida. "El pequeño come todos los platos que le ponen en la mesa sin oponerse, ya que de esta manera se siente integrado en el grupo del colegio y en sus normas. Sin embargo, en casa se opone a la comida que preparan sus padres. Con este comportamiento pretende manipular a la familia y llamar la atención".

Entre los 6 y los 12 años nos adentramos en la fase previa a la adolescencia, época en la que se presentan no pocos conflictos alimenticios. Las verduras, frutas y pescados encabezan la lista de productos más rechazados, de ahí que, según Marta González Caballero, "puedan aparecer carencias de vitaminas A y C, proteínas de alta calidad, fibra y dietética.

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Asimismo, la dietista apunta que en esta edad los niños suelen estar muy preocupados por su altura y crecimiento. "Los padres deben aprovechar esta inquietud para educar a sus hijos en temas de alimentación para que conozcan el valor nutritivo de los diferentes alimentos y las consecuencias de unos malos hábitos dietéticos".

Ir al mercado. Según explica la gastrónoma Cris Lincoln en su libro Cocina para niños, además de preguntarles, "una buena manera de conocer sus gustos es ir a la compra con ellos ". Y es que los peques en el mercado nos dicen qué les gusta y, además, descubren alimentos que no habían visto antes o no conocían en su forma natural, sin preparación previa.

Ayudar en la cocina. Cris Lincoln también nos anima a que el niño "presencie la transformación del producto desde que se compra hasta que se sirve en la mesa". No sólo pueden desaparecer prejuicios hacia ciertos alimentos, sino que, efectivamente, a tus hijos les resultará más difícil rechazar un plato que ellos mismos han contribuido a preparar para toda la familia.

No forzar a comer. Según la dietista Marta González Caballero, "forzarlo a comer provoca un ambiente tenso y hostil que lo llevará a aborrecer sentarse en la mesa a la hora de la comida". Muchos padres, además, pierden la paciencia y meten prisa al niño. "Es importante dejarle el tiempo que necesite para comer".

- No abusar de los triturados. Muchos padres se decantan por los purés y las cremas para introducir alimentos que los niños rechazan y para adecuarles a la cantidad de comida que ellos consideran que han de ingerir. No es mala idea, pero conviene no abusar. "A medida que el ritmo de crecimiento del niño disminuye, disminuye también su necesidad de alimentos", explica la dietista Marta González. "Algunos padres caen en el error de triturar los alimentos para que el niño coma más porque piensan que, si no, no están bien nutridos. Esto puede acarrear digestiones pesadas y falta de apetito en la siguiente comida y, a la larga, problemas de sobrealimentación".

- Nada de distracciones
. La hora de la comida es importante: ha de reunirse con los mayores para que entienda que también se trata de un acto social y afectivo importante. Como dice Cris Lincol en Cocina para niños, "no encender la tele ni engatusarles con juguetes, porque se distraen y pierden interés por la comida". Al revés, es mucho más positivo "hablar y bromear con ellos", concluye, "de modo que el acto de comer sea, al igual que para los adultos, una forma de relacionarse".

- Haz atractivo su menú.
Es importante encontrar el equilibro: no debemos ser demasiado blandos, pero tampoco pasarnos de estrictos. Podemos intentar ofrecer al niño un postre atractivo (siempre nutritivo y, a ser posible, casero) o incorporar de vez en cuando salsas (tomate, bechamel) para dar sabor a algunos platos con verduras. Pero, como puntualiza González, "en ningún caso disfrazaremos el alimento ni premiaremos el hecho de terminar todo el plato con golosinas o helados".

Obesidad, lacra en la infancia

                                  
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La obesidad es una de las epidemias más preocupantes de la sociedad industrializada y su incidencia en la población joven no deja de crecer. Como bien nos indica Marta González, según el estudio enKid sobre hábitos alimentarios de la población infantil y juvenil española, el sobrepeso afecta a un 40% de los jóvenes de entre 2 y 24 años. De ese porcentaje, un 14% corresponde a obesos.

Entre las causas principales, destacan el sedentarismo (los niños gastan su tiempo de ocio viendo la televisión o jugando a los videojuegos y se mueven poco) y un exceso de consumo de calorías y grasa (fritos, embutido, bollería, refrescos azucarados...) en detrimento de las verduras, frutas, legumbres, cereales y pescados. En definitiva, una alimentación muy desequilibrada y ausencia de ejercicio físico.

Saltarse el desayuno es uno de los errores más frecuentes. "Es una de las tomas más importantes del día", subraya la dietista Marta González. Ir al colegio sin desayunar puede "provocar una disminución de la atención y del rendimiento en las primeras horas de clase". Los padres tienen que dedicar el tiempo suficiente a la primera comida del día, evitando el consumo de bollería industrial, y dando prioridad a los lácteos, los cereales y la fruta.

Respecto a la merienda, "lo ideal es ofrecer lácteos, fruta fresca y bocadillos, pero en cantidades razonables para que el niño no pierda el apetito antes de la cena". En cuanto al pan, intentaremos no abusar del pan de molde, que tiene más grasa que el de barra, y elegir embutidos poco grasos como el jamón serrano, el cocido o el lacón, evitando el chorizo, la mortadela o la sobrasada. También se puede utilizar queso, por su alto contenido en calcio.

                                                          
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Consejos para un menú destinado a niños en edad escolar



  -  Primar el consumo de pescado frente a la carne. Para hacer atractivo el pescado, prepararemos piezas con menos espinas (lomos en vez de rodajas) e intentaremos ofrecer platos variados (al horno, a la plancha, en albóndigas o croquetas, en salsa) para que el pequeño no se canse.

  -  Realizar un uso moderado de la sal.

  -  Elaborar menús ricos en proteínas de origen vegetal, hidratos de carbono complejos y fibra dietética

 combinando cereales con legumbres (lentejas con arroz, garbanzos con arroz, pasta con guisantes, etc

  -  Eliminar (o reducir al máximo) el consumo de productos precocinados en casa. No sólo ganará el niño en salud, también toda la familia.

  -  No pueden faltar en la mesa diaria verduras, hortalizas y frutas. Su aporte de fibra, vitaminas y minerales es fundamental.

  -  Sustituir siempre que sea posible la guarnición típica de patatas fritas por ensalada o verdura cocida.

  -  Retirar la grasa visible de la carne.

  -  Dar prioridad en los postres a las frutas y el yogur.

Agradecimientos: a Marta González Caballero, nutricionista, y a Cris Lincon, dietista.

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