Sección: Adolescentes | Autor: Fátima Abdallah | Leído: 5.293 |Comentado: 2
La adolescencia es una de las etapas más importantes y bonitas en la vida de una persona. Se trata de un recorrido de muchos años, en los que nuestro cuerpo, nuestra mente y también nuestra vida emocional van a experimentar un sinfín de cambios que nos marcarán de por vida.
Mucha gente tiende a relacionar esta época con la famosa ‘edad del pavo’ pero, los años adolescentes constituyen mucho más que una actitud vehemente, algo rebelde e incomprensible desde el punto de vista adulto.
La hipófisis es la productora de hormonas que se va a encargar de ordenar al cuerpo del niño o niña de que ya es hora de dar el paso a la vida adulta. A esta evolución de la infancia a la madurez se le llama adolescencia.
El desarreglo hormonal en el varón desemboca en una serie de cambios en su cuerpo que se van a ir haciendo visibles a medida que pasan los meses y años. La aparición de espinillas, el desarrollo de la nuez situada en el cuello, el crecimiento de su órgano sexual o la voz, que se vuelve más fuerte y ronca, son algunos de los más importantes.
Quizá sea en el terreno sexual donde más evidentes sean los cambios en el niño y es que, es en esta época cuando el adolescente ’redescubre’ que es un ser sexual y comienza a tener un interés repentino e inusitado anteriormente por todo acerca de su propia sexualidad y de cómo utilizarla.
Para las chicas, esta época no es menos relevante. Seguramente ellas cuenten con una circunstancia biológica que no es comparable con ninguna que pueda tener el varón: la menstruación.
Los pechos le crecerán notablemente, se ensancharán sus caderas y muslos, y su voz será más fina que la que tenía cuando era una niña. Las espinillas también son frecuentes en el desarrollo de las chicas pues, se trata del mismo proceso natural que el de los chicos. Tanto en un sexo como en otro por lo general, tienden a desaparecer con los años.
No es que los niños al llegar a la adolescencia cambien radicalmente y pierdan su esencia y personalidad por completo, sencillamente se trata de un punto y aparte en sus vidas que te costará un poco entender como madre o padre, pero que, si lo piensas fríamente, absolutamente todos hemos pasado por ese trance.
Esta actitud es frecuente y muy normal ya que, al entrar en contacto con su propio universo, los adolescentes necesitan darle toda la atención posible a esos nuevos factores que han entrado en juego en su vida. Las quedadas con los amigos, las conversaciones de índole íntimo con sus allegados, las actividades extraescolares, son algunos de los ámbitos donde los jóvenes centrarán casi toda su dedicación.
Los adolescentes no sólo muestran interés por estar en contacto con su grupo de amigos. Es igualmente común en esta etapa verles ensimismados, pasando horas solos en su habitación, conectados a internet o sencillamente leyendo un libro. La soledad es compañera de la adolescencia.
Muchos expertos traducen este interés por estar solos como un viaje inconsciente hacia su interior, para estar con ellos mismos y experimentar cómo es esa época nueva que les va a tocar vivir. Las discusiones, pataletas y pequeños actos de rebeldía, suelen ir parejos a este comportamiento individualista, pues en ocasiones los padres no entienden esa necesidad que tienen de estar solos.
La empatía o capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, es una condición muy importante para comprender a un hijo adolescente. Cada vez que pienses que te desanimas, que ‘no puedes más con él’ y que ‘ya no sabes a qué herramientas recurrir’ sencillamente piensa que tú también fuiste adolescente.
Es cierto que los jóvenes de hace veinte años no son como los de ahora y que, con toda seguridad, los factores que llamamos externos ya no son los típicos. (colegio, amigos, pareja, actividades fuera de casa) Ahora tenemos que darle primacía a otros focos de atención donde el adolescente centrará su energía e ilusión. ( viajes, internet, videojuegos…)
Aceptar que se trata de una época difícil eminentemente para ellos debe ser el primer paso. Además, el cambiar ‘hablar por gritar’ y ‘dialogar por discutir’, van a ser dos ejes importantes para poder llevarnos bien con ellos.
No debemos confundir el que nos vean como personas accesibles y flexibles con la idea de ser ‘amigos de los padres’ pues, aparte de que no funciona, es contradictorio que un adolescente vea en su figura materna o paterna a un amigo más.
Ni por edad, ni por nexo o interés en común, los padres pueden ser amigos de sus hijos. El matiz de autoridad, que no superioridad, no debe perderse; a los jóvenes, aunque ya no sean unos niños, les conviene tener una referencia paterna o materna, pues es signo de protección además de un ejemplo vital para ellos, aunque no lo quieran reconocer.
Etiquetas: adolescencia cambios, adolescentes, pubertad, tránsito adolescencia
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