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¿Por qué no debemos pegar a nuestros hijos?



Hace unos días, en una cena, hablando sobre la educaciónde los niños, tuve un "enfrentamiento verbal" con un padre que me defendía el famoso "cachete pedagógico" para corregir a los niños. En la conversación me explicaba que un niño que no ha recibido un cachete a tiempo es una persona que no entiende de límites y que tiende a frustrarse cuando el resto no le da la razón. Además, me habló de los beneficios de un cachete a tiempo, ya que te hace ir más derecho que una vela.


Cuando le dije que si en lugar de poner la palabra niño, pusiera la palabra mujer, estaríamos hablando de violencia de género y todo el mundo estaría animando a la mujer en cuestión a llamar al 016y a denunciar a su pareja. Y es que estamos tan concienciados de que a las mujeres no se les pega, que no soportamos la idea de que ninguna aguante un mal gesto o una cachetada por amor (o por falta de auto-control).


Imagen propiedad de Eneko
¿Por qué en un niño lo vemos como algo educativo? La respuesta es sencilla: lo normal es que los padres queramos lo mejor para nuestros hijos y que cada uno sepa cómo funciona mejor su hijo, así que si vemos a un padre pegar a un hijo, sólo puede ser por el hecho de que quiere educarlo bien. Pero, ¿de verdad es necesario el cachete para que el niño aprenda? ¿O es más bien que los adultos nos frustramos ante la autonomía de nuestros hijos y, sobre todo, ante la idea de que nuestros hijos no hagan lo que nosotros deseamos? ¡Claro! Es que somos personas diferentes y hacemos las cosas de forma diferente, ¡aunque el niño en cuestión tenga 2 años!

La falta de información, unida a que no es extraño que la gente te cuente que sus padres le daban dos en el culo de vez en cuando y ahora es una persona normal, hace que la violencia hacia los niños sea un hecho que esté normalizado. Y si es normal pegar dos cachetes a los niños, la persona que no es normal es la que defiende que hay otra forma de hacerlo sin violencia.

Desde luego, si queremos erradicar la violencia en el mundo, es complicado hacerlo si luego le damos a nuestros hijos para corregir sus conductas. A veces criar a los niños es una tarea dura y poco agradecida (os lo digo yo, que tengo dos seguidos y estoy con ellos 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año). Ellos no siempre entienden que llevemos prisa, que estemos cansados o que hoy no nos apetezca jugar a lo de siempre. Los niños tienen una percepción de la realidad diferente a la nuestra. ¡Ellos tienen todo el tiempo del mundo para conocer el mundo, adaptarse a él y aprender! Y nosotros solemos llevar prisa a la hora de comer, y cuando hacemos la compra, y cuando vamos a ducharnos… ¡y tantas otras cosas!

Cuando sus ritmos y los nuestros no coinciden, tenemos un conflicto. Y cuando no quieren el sándwich (porque prefieren sandía o un helado), tenemos otro conflicto. Y cuando tenemos prisa, no se comen el sándwich y, además, hemos quedado para ir a la piscina… ¡estallamos! Y no siempre sabemos controlarnos…. Los adultos, claro.

Y el problema de darles un golpe (en ningún momento me estoy refiriendo a una paliza), es que los niños aprenden de nuestras acciones y, al ser modelos para ellos, les hemos enseñado de una manera rápida y sencilla, que cuando te pones nervioso, está justificado pegar. Y cuando te frustras, también. Y cuando las cosas no te salen como quieres, también. Y si no te gusta lo que hace el otro, también puedes darle un cachete (no una paliza, que eso es ensañamiento).

Eso quedará grabado a fuego en nuestros hijos. Y luego ya podemos decirles en el parque o en la escuela que no se pega… Los primeros agentes educativos somos los padres y, dado que somos los que más queremos a nuestros hijos, lo suyo es que no les toquemos bajo ningún concepto. Imagina lo que puede pasar por su cabeza si ve que las personas que más lo quieren le pegan para que aprenda (¿qué aprende qué? ¿Es algo que no se puede explicar?).

En algún momento he escuchado comentarios que me animaban a darle un par de azotes en el culo para que mi hijo mayor, Álvaro, comiera, por ejemplo. O para que no hiciera alguna cosa que es normal teniendo dos años (de verdad, cuando tenga 15 años no le hará ilusión saltar sobre el sofá. Y las rabietas, también entran dentro de la normalidad. Todo pasa, de verdad. Es cuestión de madurez y de tiempo; tanto de los padres como de los hijos). La presión social a veces también nos influye. Nuestros hijos están aprendiendo a ser personas y, cuando no se comportan como deberían comportarse (si tuvieran 20 años y les apeteciera visitar a familiares y estar en largas comidas o cenas… o incluso estar el fin de semana sin sus juguetes), llega el momento en el que no quieren respondernos con buenos modales porque se sienten agredidos. Y, ante el mínimo mal gesto, todo el mundo se girará hacia el niño para decirle que eso no se hace, eso no se dice, así no se debe comportar… ¡y mil ejemplos de lo maravillosos que han sido sus hijos, nietos, sobrinos o hijos de amigos gracias a que una vez le dijeron que eso no se hacía acompañándolo de un par de azotes en el culete! Y tú, que estás pasándolo mal por tu hijo (porque sabes que está cansado o triste o aburrido) y también por todos esos comentarios que te hacen sentir como malamadre o malpadre, te dejas influir y puedes llegar a probar esas "técnicas" milagrosas de dar un cachete… Y sabes que es un error, porque no es natural pegar a nuestros hijos.

Además, la ciencia ya ha dejado en evidencia esas técnicas y ha demostrado que no es nada bueno pegar a los niños. Nunca. Bajo ningún concepto. Los daños psicológicos, emocionales, afectivos… quedan en su cerebro para siempre. Así que hazte un favor y, cuando no puedas más, tómate un respiro (aunque sea en otra habitación) y cuenta hasta diez. En un momento determinado en el que estamos saturados, podemos actuar dejándonos llevar por la frustración. Si respiramos un poco y tomamos distancia, el problema no será tan grave. Piénsalo.

Ahora os dejo 10 motivos por los que no deberíais pegar a vuestro hijo; extraído del libro «Superbebé», de la Dra. Jenn Berman: 


Portada del libro "Superbebé"
1. Dar un azote a un niño le enseña que pegar está bien y que golpear es una forma aceptable de resolver un conflicto. El mensaje que recibe es que es justificable utilizar la fuerza para resolver un conflicto, lo que solo genera más golpes.

2. Dar azotes es perjudicial para el desarrollo cognitivo.

3. Experimentar dolor no enseña a los niños a desarrollar una conciencia.

4. Dar azotes no enseña a los niños a respetar a los padres, sino a temerlos. Para que un niño se comporte bien, necesita tener una sensación de confianza y seguridad.

5. Dar azotes daña la autoestima de los niños. Los niños que reciben azotes de sus padres dan por hecho que no deben ser amados por las personas que se «supone» que les quieren más.

6. Dar azotes enseña a los niños que está bien pegar a las personas que quieren.

7. Dar azotes está relacionado con agresión y conducta antisocial.

8. Los niños que reciben azotes son más ansiosos y temerosos.

9. Los azotes aumentan la probabilidad de que los niños mantengan sexo de riesgo y sin protección en la edad adulta.

10. El castigo físico está más relacionado con abuso por parte de los padres.

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Y ahora os dejo con una reflexión personal: los niños son un espejo de lo que viven y ven en casa. Así que, como ya dijo Jodorowsky: 



 Un abrazo, ¡y a quererse mucho!

Fuente: este post proviene de Mamá de día y de noche, donde puedes consultar el contenido original.
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