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Mamá, estoy celoso.

''Esto mismo me dijo mi hijo mayor (7 años) hace unos días porque el pequeño ha estado malito y estábamos pendientes de él.'' Así da comienzo este realista post.
Esto mismo me dijo mi hijo mayor (7 años) hace unos días porque el pequeño ha estado malito y estábamos pendientes de él. Concretamente lo que ocurrió fue que comenzó a chinchar al hermano y a no dejarle descansar, yo le pregunté qué le pasaba y él me contesto encogiéndose de hombros y diciéndome: “Es que estáis mucho por el tete y cuando yo estuve malito no estuvisteis tanto por mi”. Entonces yo le dije: “¿Te sientes celoso porque estoy cuidando del tete?” y él me contestó que si, se echó a llorar y me dio un abrazo….A los poco minutos estaba jugando con sus cosas.

Los celos, cómo todas las emociones, existen y necesitan de nuestra aceptación y de una vía de expresión para poder soltarlas. No es buena idea negarlas ni rechazarlas porque entonces crecen y crecen y se apoderan de nosotros.



Cuando ayudamos a nuestros hijos a identificar sus emociones y las llamamos por su nombre, estamos ayudando al pequeño a lograr varias cosas:

A aceptarse a si mismo tal y como es. Cuando rechazamos sus sentimientos y les decimos que eso que sienten está mal ellos pueden elaborar la creencia interna de que no son válidos, que lo que les ocurre no es  normal. La frustración está servida cada vez que esa emoción aparezca de nuevo (porque está garantizado que va a volver a sentir esa misma emoción tarde o temprano).

A identificar sus emociones y no ser dominados por ellas. Cuando las emociones no se expresan crecen. Lo que estamos sintiendo nos genera pensamientos que suelen alimentar aún más esa emoción y entonces podemos actuar de formas no adecuadas o poco útiles para lo que se necesita hacer en esa ocasión. Tan solo por identificarlas tenemos muchas más probabilidades de no quedarnos enganchados a ellas.

A tomar más conciencia de si mismos y de lo que están sintiendo “en este momento”. Cuando nos conectamos con nuestro cuerpo a través de las emociones estamos poniendo nuestra atención en lo que nos está ocurriendo a nivel físico “aquí y ahora”. Esto nos ayuda a vivir más presentes y no andar enredados en pensamientos del pasado y pensamientos del futuro. Las emociones son una buena oportunidad para observar nuestro cuerpo y lo que estamos sintiendo.

Los celos no son peores que cualquier otra emoción. Los celos son una mezcla de miedo y enfado: miedo por perder el amor de la persona a la que quieres y enfado con la persona que te está “robando” tiempo para estar con ella. Creo que no todas las personas sentimos del mismo modo. Creo que depende de nuestro esquema mental, de nuestro temperamento, el hecho de ser más propensos a unas emociones u otras. Por ejemplo, hay personas que sienten enojo mucho más que otras (independientemente de la forma en que lo expresen puesto que hay mucho enojo reprimido), hay personas que sienten tristeza mucho más fácilmente que otras (por ejemplo hay personas que lloran viendo películas de drama y otras que no), y hay personas que sienten más celos que otras ( sólo tenemos que hablar con nuestros amigos que tienen pareja).

Pero independientemente de si sentimos más o menos algunas emociones, tenemos la forma en que gestionamos dichas emociones y si nos dejamos atrapar por ellas alimentándolas con nuestros pensamientos. Y creo que esto va a depender de varios factores, entre ellos la seguridad que tengamos en nosotros mismos.

Una persona que no se siente segura de si misma puede “demostrarlo” de varias maneras, y una gestión poco adecuada de las emociones (de los celos en este caso) puede indicarnos una falta de seguridad en uno mismo (y por supuesto también falta de habilidades sociales, recursos personales, etc).

Volviendo al ejemplo que os explicaba al principio, desde que son pequeños intento ayudar a mis hijos a que conozcan sus emociones; las acepto, les digo que está bien sentirlas y les pongo nombre. Y  después, intentamos buscar una vía de escape para poder expresar esa emoción. Pero lo más importante no es lo que hacemos en situaciones como estas (que sí es cierto que son las mejores oportunidades para aprender pero a veces no logramos mantener la calma suficiente como para hablar de ello). Lo importante está en que también hablamos de las emociones en momentos del día en que no tenemos ningún tipo de tensión, en que no ha pasado nada, y podemos explicar qué se siente con cada emoción y recordar cuando nos hemos sentido así.

Y poco a poco, a medio y largo plazo voy viendo que tiene su efecto en situaciones como las del otro día. No es la primera vez que mi hijo logra identificar su emoción, frenar su conducta inapropiada y sacar afuera su emoción a través de las palabras, un abrazo o un dibujo. En una ocasión en que también se sentía celos me indicó cómo se sentía señalando una pegatina de una cara con la emoción de celos que tiene pegada en cama (junto a otras pegatinas de emociones que él mismo quiso poner allí). En otra ocasión estaba muy enfadado con un niño de su colegio y en casa estaba tenso, agresivo, saltaba por todo vaya….hasta que le dije que notaba que estaba muy enfadado y él me dijo que tenía muchas ganas de decir palabrotas; le propuse que las escribiera todas en una hoja y después las rompiera y tirara a la basura; y así lo hizo y me quede asombrada de lo bien que le fue sacar a fuera todo ese enfado porque pasó la tarde muy tranquilo y contento.

Te animo a que te permitas a ti misma y también a tus hijos sacar vuestras emociones, ponerles nombre, a aceptarlas, a abrazarlas y a quererlas. Gracias a darles permiso para existir y salir a la luz, lograremos que no se apoderen de nosotros mismos.

Antes de terminar quiero compartir contigo los recursos para hablar con los niños sobre sus emociones que a mis niños más les ha gustado. Hemos leído varios cuentos sobre las emociones pero los que sin duda más les ha gustado y más provecho les han sacado son estos dos libros:



Emociones con cuento. De Ana Isabel Fraga. Es un libro de cuentos para leer a los niños con una parte de información para los padres sobre las emociones. Aunque puedan parecerte capítulos largos, a los niños pequeños les encanta escucharlos y puedes leer un capítulo en varios días. En la página web de Ana Isabel lo puedes encontrar.

Empatía para niños, y para papá y mamá. De Rocío Goómez Sanabria y Mª Victoria Martínez Lojendio.  En este librito encontrarás frases cortas para reflexionar sobre las necesidades y conectar así con las emociones. Además, hay una pequeña guía de emociones con caritas que representan cada sentimiento y una hoja de pegatinas para que los niños puedan pegarlas dónde quieran (los míos las tienen pegadas en su cabecera de la cama).

Aquí puedes encontrar este otro.

Hasta aquí el artículo de hoy. ¡Estaré encantada de leer tus comentarios!

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¡Un abrazo!

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