Hola, a partir de ahora tendré algunas horas más libres para dedicarle al blog el tiempo que se merece y hoy voy a comenzar contándote la búsqueda del botín que organizamos mi marido y yo ayer.
Como ya habrás leído en post anteriores mi vida dió un cambio para mejor, nos vinimos a vivir a un pueblo de montaña y estamos encantados.
Conseguimos que el cole siguiera abierto y con solo seis alumnos y la imposibilidad de formar un AMPA con poder adquisitivo, mi marido y yo nos dedicamos todos los jueves a preparar actividades a los niños durante hora y media.
Normalmente son actividades deportivas, manualidades cuando hace mal tiempo, música… lo que se nos va ocurriendo sin atarnos a horarios ni plannings.
Pero eso sí, poniéndole mucho entusiasmo y siempre con la idea de que los niños merecen pasarselo bien, jugar y disfrutar de esa hora y media.
Para esta semana habíamos pensado en una búsqueda del tesoro y se nos fue un poco de las manos porque nos flipamos mucho.
Así surgió:
Búsqueda del botín del Bandolero: Talegas y su secuaz Ojopipa
Lo primero que hicimos fue partir de una idea básica: un bandolero escapa de la guardia con un botín robado y esconde la parte de su amigo en el pueblo.
Queríamos que los niños lo vivieran, que los más pequeños se creyeran que realmente habían encontrado el botín, y ¡vaya si se lo creyeron!
Anotamos con disimulo (ya que mis hijos estaban rondando por casa) el contenido de introducción a la búsqueda, cómo iban a ser las pistas, dónde las ibamos a colocar, cómo debían encontrar finalmente el tesoro y cuál sería el tesoro.
Todo tenía que parecer de 1927, antiguo y olvidado hasta que ellos lo encontraran.
Para esto imprimimos la carta y las pistas, escritas con letra de pluma y pintamos los folios con café.
Después quemamos los bordes. Siempre funciona: envejece el papel y le da un olor a tostado, “a pan” como decían los niños.
La carta la colocamos en un lugar visible pero que pareciera oculto e invitamos a los niños a merendar cerca de donde la habíamos escondido.
La encontraron enseguida y comenzó el juego.
El juego
El contenido de la carta era el siguiente:
21 de Febrero de 1927
Amigo Ojopipa:
He conseguido huir de la guardia. Esos cerdos no me han cogido.
Tengo el botín que robamos a los cazatesoros en la playa de Santander, el del barco hundido.
Me están vigilando, dejaré tu parte escondida aquí y volveré al mar a robar más tesoros.
Sigue las pistas y escríbeme a la posada que tú y yo sabemos cuando lo encuentres.
Firmado: Talegas el bandolero
pd: a la entrada de este solar, al lado de las escaleras de piedra, encontrarás la primera pista.
Decidimos que cada elemento iría acompañada de un trozo de imagen, que al encontrar todos los trozos y juntarlos les señalaría orientativamente dónde estaba oculto el tesoro.
La carta llevaba el primer trozo de puzzle.
Las pistas
Las pistas eran sencillas: juegos de letras, adivinanzas, fotos retocadas y acertijos.
La primera consistía en un grupo de letras sin senttido. Debían contar de tres en tres letras y seleccionarlas para formar una palabra.
En este caso BALANZA, que era donde estaba la siguiente pista, la balanza o peso donde antiguamente se pesaba a las vacas.
Allí encontraron la siguiente adivinanza, una adaptación que hice de otra sobre la oscuridad:
¿Qué será? ¿Qué es?
Que con piedra me hacen
y cuanto mayor soy,
menos se ve.
La adivinanza original omite la segunda frase, añadí esa frase porque quería que el resultado fuera un MURO DE PIEDRA.
En el muro encontraron la siguiente pista: una foto retocada de la escalera de acceso a la espadaña de la iglesia.
Lo identificaron en seguida y en su búsqueda de la siguiente pista encontraron también un caché de geocaching allí escondido. Doble descubrimiento.
La siguiente pista era un acertijo: debían buscar una cara situada en una ventana y frente a ella un arbol con ramas grandes.
En el arbol encontraron la última pieza del puzzle, sin pista. Montaron el puzzle y les llevó directos al portal de la Iglesia de San Salvador, donde debía encontrarse el tesoro.
El tesoro estaba formado por 24 monedas de 25 centimos del año 1937 que tengo por casa (no se dieron cuenta del desfase de fechas: carta de 1927, monedas de 10 años después) y 12 conchas, 6 planas y 6 rugosas.
Iba envuelto en un cuadrado de ganchillo y atado con una cinta verde.
Uno de los niños más grande repartió el tesoro en partes iguales: 4 monedas por niño, 1 concha plana y una rugosa.
¡Matemáticas a tope!
Dramático final
En definitiva una pasada que disfrutamos tanto los grandes como los peques, aunque nos sabió a todos a poco y casi termina en tragedia.
Después de encontrar el botín de los bandoleros les empezaron a surgir dudas…
“Vale, Ojopipa probablemente sea un anciano, pero igual sus nietos/hijos/sobrinos están buscando el botín también.
Vamos corriendo al colegio y lo guardamos antes de que vengan a por nosotros”
Y en este pensamiento estaban, debatiendo entre ellos lo que haría cada uno si aparecieran a quitarles su tesoro… Cuando a lo lejos apareció un hombre mayor que venía en su dirección.
“Es Ojopipa ¡corred!” Gritó el más grande de todos.
Y vaya, cómo corrían, el más chiquitillo corría muerto de miedo mientras temblaba y lloraba.
Tuve que mandar a los grandes a que le pararan porque le veía que no iba a parar de correr si no le paraban, yo le veía ya en Palencia
Menos mal que son un grupo muy cohesionado y entre todos le consiguieron calmar y lograr que lo que le hacía llorar le hiciera reir.
Para terminar inventamos cada uno nuestro nombre de bandolero: Ratanegra, Barbamarrón, Brazolargo, Culocojo…
Después hubo cachondeo para rato con el pequeñin y su archienemigo Ojopipa, yo creo que habrá tenido pesadillas y todo.
Cada uno se fue súper feliz a su casa con su tesoro y alguno con su miedo a que Ojopipa apareciera, pero felíz también.
Y Manu (mi marido) y yo los que más y pensando:
“Ahora ¿cómo vamos a superar esta actividad?”
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