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Gracias Papá





Queridas amigas /os:
El padre, ya cansado de las quejas de su esposa, en contra de sus hijos adolescentes, llamo a reunión familiar: muy tranquilo y comprensivo, comenzó a dialogar con cada uno de ellos.
​ Primero llamo a la reflexión con una oración , pidiendo al altísimo  su presencia y bendición.
Con voz calma pero segura, preguntó al menor de los hijos:
-¿Dime que te  dificulta, que no puedes mantener en orden tus emociones, y descargas en tu madre, las ganas de no estudiar, y usar la mentira, con la que dañas  hasta hacerla pasar las noches en vela?
-Sabes Papá, yo quisiera estudiar, quisiera no mentir, pero los nervios de mamà, no dejan que yo me sincere, para contarles lo que me está pasando, no es nada malo:solo quisiera ver un poco más de felicidad en mamá, es lo que me tiene mal, no me concentro en mis estudios y debo mentir para no acrecentar su mal.
El padre sentado junto a su esposa, quien derramaba grandes lagrimas, tomo de la  mano a los dos y les hablo:
-Hijo querido, tu madre te ama tanto, que muchas veces con tantas ocupaciones, se olvida que su cuerpo y su mente se cansan de dar vueltas en la casa tratando de cumplir con todos los quehaceres domestico
y cuando tu la requieres, el cansancio te contesta por ella,y  el agotamiento  gana su alegría y comprensión, es solamente eso; hijo mio, mira a tu madre y ponte un poco en su lugar, veras que es difícil
y tu mi amor, suelta un poco el hada del orden que vive en ti, relájate, se que te mueres  por abrazar a tu hijo, jugar con el y revisarle las tareas.
Madre e hijo se fundieron en un fuerte abrazo prometiendo  un cambio rumbo a la felicidad.
Ahora faltaba dialogar con el mayor de los problemas, su madre no lloro, pero su rostro y cuerpo se pusieron rígidos por el dolor que enseguida ensombreció su ser.
El padre le pidió que contara, el porque de su mal comportamiento, de la ofensa diaria, a su madre, de los malos comentarios que llegaban de todos lados, y que también ya lo estaban avergonzando.
-Escuchen, yo soy así, me buscan y me encuentran, yo grito, yo peleo, ofendo, pero porque me provocan.
El padre se sintió muy dolido, ante la irreverencia de su hijo, no  dio sermón, se levanto, y acercándose  le dijo, con vos calma y pausada:
-Te ordeno que, a partir de mañana vayas al fondo de la casa, allí encontraras una madera de grueso espesor, una bolsa de clavos y un martillo.
-Cada vez que tengas ganas de ofender y gritar a tu madre o hermano, ve y clava un clavo sobre la madera, cada vez que pelees y ofendas a tus amistades y compañeros, ve y  haz lo mismo.
El joven agachando la cabeza, sin decir nada se retiró a su cuarto.
​Tal como le dijo su padre,  cada mala acción, un clavo en la madera, así  pasaron tres meses.
-Sabes, padre, ya hace casi un mes, que no peleo, no ofendo a mamá y creo que no lo volveré a hacer más.
-Bien hijo, ahora ve al fondo, y saca los clavos de la madera.
El joven fue, y saco uno a uno, le costo mucho tiempo, y cuando hubo terminado, regreso con los clavos en sus manos, diciendo: padre tu no tienes idea de como quedo la madera,está toda destrozada, no creo pueda servir para algo.
El padre, lo miro , su corazón estaba acongojado,porque sabia que su hijo estaba cambiando su forma de vivir.
-así, como quedo la madera, destrozada, casi deshecha, así quedan las personas cuando hacemos daño
las marcas, quedan en el corazón,los sentimientos quedan frágiles, cuesta mucho curarlos, porque cuando uno piensa que ya se olvido, la memoria los trae al recuerdo, y aunque ya no duelan, nos hacen saber que alguna vez estuvieron .
​El hijo miro a su padre, y entre sollozos le decía, ¡ gracias papá, por haberme hecho ver, el daño que estaba causando a mis seres queridos, yo te prometo, que les  voy a borrar de la memoria , todo el dolor
porque a partir de hoy, gritare amor, peleare con abrazos y perdón, te lo aseguro papá, gracias por la gran lección que me has dado!!.

Amigos,  tendríamos que ponernos a pensar, cuantos clavos, y cuantas maderas... si nos diéramos cuenta
de las veces que ofendemos a nuestro prójimo y más, a nuestra familia, aveces no medimos nuestras palabras y ofendemos, u otros nos ofenden, muchas veces nuestros hijos nos hieren mucho con las acciones que cometen, nosotros también los herimos.
Seria bueno, al igual que ese padre, poder conversar, poder comprender, poder dar la palabra justa y  saber poner en practica la terapia que  nos  enfrente con el resultado negativo y positivo de nuestros actos.
Con todo respeto, les mando mis saludo, deseando que tengan una vida cada vez mejor y mejor.

                                                                              Luz de Luna.


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