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La conciencia emocional: educar en las emociones puede 'salvarnos'

''Educar en emociones podría salvarnos'' no es una frase hecha. Si de algo me he dado cuenta en todos estos años al timón del canal de padres, es de la necesidad, de la urgencia, casi, de educar en las emociones; no sólo de reconocerlas e identificarlas, y de ser conscientes de que están ahí, sino de educar en el ámbito emocional, educar para que los niños sepan que las emociones pueden interferir en su día a día, en sus relaciones con los demás y en su rendimiento escolar. ¿Estamos justificando con ello, que dependiendo de nuestro estado anímico podemos actuar de una u otra forma? Para nada...

Los expertos en trabajar la crianza positiva sostienen que un primer trabajo es la toma de contacto con este vasto mundo emocional, es decir, saber que tenemos emociones. ¿Qué fácil parece verdad? Pero os aseguro que tomar consciencia de que nuestros hijos, amigos, compañeros de trabajo o pareja no son del todo conscientes de esta circunstancia y mucho menos, durante las 24 horas del día. Después de la toma de contacto, consideran que hay un trabajo diario que hacer con nuestros seres queridos y semejantes: de respeto mutuo y de mostrarnos receptivos y empáticos ante esas emociones que no siempre tienen que ser positivas. La naturalidad será clave en este sentido.

Hay diversos estudios que sitúan a las emociones en un primer orden de importancia, incluso en el campo académico. En los países nórdicos, que suelen estar a la cabeza en el ránking de rendimiento y aprovechamiento escolar (no es coincidencia) ya se trabaja en este sentido. Los profesores reciben formación en el ámbito de las emociones, de la Inteligencia emocional. Por tanto, tratar problemas que no sólo competan al ámbito académico, será también labor del maestro o profesor, ya no sólo un rol del psicólogo del centro.



Cuando era pequeña, todo lo concerniente a un estado emocional o anímico que pudiera desarrollar cualquier alumno de manera un poco más intensa de la habitual era tratado como algo excepcional, un tema que debía gestionar un psicólogo. Este es un error muy común que se ha venido repitiendo durante décadas en muchos hogares y colegios. Algunos de vosotros, leyéndome, os daréis cuenta de que es cierto. Llorar no estaba mal visto, pero tampoco era algo positivo, socialmente. Todavía había diferencias entre niños y niñas a la hora de demostrar nuestras emociones y muchas otras circunstancias algo arcaicas que, afortunadamente, van cambiando. Hoy las emociones ocupan un lugar primodrial en la educación. Los profesores reciben amplia formación sobre cómo gestionar el ánimo y la autoestima de sus estudiantes y cómo tratarles. Y es que ¡somos personas, no máquinas!

Con todo esto, quería sentar las bases para presentaros un vídeo relativo a una campaña de concienciación social que me ha gustado mucho.Se trata de una campaña Crowfounding  de los expertos de la sturtup tecnológica Tecnhnology for Emotions  que trata de alertar sobre los principales males que acechan a la infancia hoy en día: abuso, bullying, acoso, discriminación... confirmando el importante papel que tiene precisamente la tecnología e Internet en la infancia del siglo XXI. La campaña se llama el EMOCIÓMETRO. ¿A que el nombre de por sí, es tremendamente inspirador? En ella, se plantea un cambio a varios niveles para poder transformar el mundo, un mundo ''enfermo'' porque no hay cabida para las emociones. El objetivo es concienciar en colegios e institutos de que escuchar y respetar las emociones de nuestros semejantes nos hace más tolerantes, más libres y mejores personas. ¡Aún estamos a tiempo!

¿Consideras la educación emocional vital para la crianza de tus hijos? Disfrutad del vídeo :)



 
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