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La Quinta Enfermedad, "¿y eso qué es?"

¿La quinta enfermedad?, ¿la qué?, ¿y esa qué enfermedad es?. Estas preguntas junto con una cara de “¿qué coño me estás contando?” es lo que me estoy encontrando repetidamente los últimos días. Hasta hace poco la quinta enfermedad solo era algo que había leído por ahí. Tengo la tremenda suerte de que mis hijos apenas caen enfermos, lo que es de agradecer, y salvo las típicas patologías leves – aunque a veces puñeteras – y la varicela que pasó el mayor, no solemos ver cosas raras. Pero la quinta enfermedad ha llegado a nuestras vidas. Con esto no quiero decir que sea una enfermedad grave, todo lo contrario, solo que hemos tenido la experiencia de pasar por ella y al ser relativamente desconocida, he encontrado que podría ser adecuado que os cuente cómo la han pasado mis hijos. Porque sí, a día de hoy, la quinta enfermedad se ha manifestado por tres. Supongo que es lo que conlleva tener varios hijos, que al final lo que sea que incuben se lo pasan de uno a otro. Sobre todo si, como los míos, se pasan todo el santo día pegados como lapas. Porque estoy criando hijos que son hermanos a tope, juntos para todo. ¿Qué es la quinta enfermedad? La quinta enfermedad es una infección vírica de consideración leve, que afecta principalmente a los niños y que se da sobre todo a final del invierno y en la primavera. Está provocada por el parvovirus B19, que nada tiene que ver con el parvovirus que contraen ciertos animales con perros y gatos, ya que éste solo se da en humanos. Se la conoce comunmente tambien con el apelativo de “enfermedad de la bofetada” porque, si bien no deja de ser un proceso vírico con sintomatología muy común y leve -fiebre, malestar- su principal característica es que se manifiesta mediante un eritema en la piel, principalmente en las mejillas, como si se hubieran abofeteado. La erupción puede extenderse también a tronco, brazos y piernas. Los síntomas son similares a os de cualquier resfriado, seguidos por el enrojecimiento de la piel, especialmente en las mejillas. El eritema puede producir pico y sensación de ardor pero no al nivel de otros virus como el sarampión o la rubeola. Importante para descartar estos últimos. La enfermedad remite por sí sola en unos días, no precisa más tratamiento que el típico en caso de fiebre, dolor o malestar. Como muchas enfermedades víricas, su contagio se produce vía mocos o saliva durante los días de incubación, en los que no hay signos evidentes de ella, por lo que cuando se manifiesta deja de ser contagiosa. Importante que no le de la luz solar porque puede reactivar el eritema, incluso después de desaparecer. Sí, le hago muchas preguntas al pediatra, pero cuando tienes tres hijos te interesa mucho saber dos cosas: Cómo, cuándo y cuánto se produce la enfermedad. Hay que cuadrar la agenda, que si con uno de tus hijos se complica, no te quiero decir con los tres. Cómo se contagia y las probabilidades de que se contagien los hermanos, y tú misma. Para hacerte a la idea de si caerán todos como fichas de dominó, y para saber si puedes prevenir TU contagio, que a ti no te va a cuidar nadie. La puta pura realidad. Así que toda esta información fue la que extraje de la consulta, a la que fui para descartar que fuera algo de más importancia, y en la que me llevó más tiempo hacer las preguntas que la exploración al niño. Añadido a lo que yo sabía de haber leído algo hace ya tiempo en el blog de la Dra. Amalia Arce, para mi una gran referencia a la que acudir cuando me inicié en esto de ser madre. Cómo se manifestó la quinta enfermedad  Lunes a mediodía voy a buscar a mi mayor al colegio y me dice “mira mamá lo que me ha salido en los brazos y las piernas“. Le miro bien y veo que tiene un sarpullido, cosa que no me extraña porque con su piel atópica por desgracia son relativamente frecuentes. El sarpullido se localizaba principalmente en los brazos y los muslos. Así que sumando 2+2, que el fin de semana habíamos ido a la playa y usé una nueva crema solar, o bien era una reacción a la crema, o bien al propio sol. En principio pensé que era un eritema solar porque lo padecí en un par de ocasiones y el sarpullido se le parecía. Pero conforme pasaban las horas no me acababa de convencer, puesto que donde más se localizaba el sarpullido era en los muslos, zona en la que por cubrirle el bañador, ni le había echado crema solar ni le había dado el sol. Al día siguiente se manifestó algo más intensamente pero mi mayor se encontraba perfectamente, así que fue al cole e hizo su rutina con total normalidad. Por la tarde lo noté destemplado y fue cuando empecé a sospechar que quizás sería un exantema súbito. Fue el tercer día al levantarse por la mañana cuando me dijo que no se encontraba bien. Aducía dolor de cabeza y malestar y al tocarle noté que estaba calentito. Además, el sarpullido se había manifestado en las mejillas. Así que mi cabeza unió conceptos y deduje que exantema por fiebre extendido a las mejillas, me sonaba a la enfermedad de la bofetada de la que alguna vez había escuchado hablar. Pasó un día en casa, evolucionó bien – en la medida en la que por la tarde ya estaba dando por saco como habitualmente – y al día siguiente volvió al colegio sin mayor problema. En ningún momento sintió más picor o molestia alguna en la zona del sarpullido más allá de lo normal de su piel atópica. Yo me las creía muy felices dando por hecho que la cosa quedaba ahí. Pero no. Lunes por la tarde de la siguiente semana, lo que viene siendo hace cuatro días. Mi bebé potrea sobre mi […]

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