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Copa menstrual cuando hay prolapso, mi experiencia

Aquí vengo yo a contaros mi experiencia con la copa menstrual cuando hay prolapso de órganos pélvicos, que es un tema sobre el que se habla poco y hay poca información concluyente. Porque sí, existen alternativas a los compresas y tampones – nada nuevo bajo el sol -, más amables con nuestro cuerpo, y con el medio ambiente. Y, por desgracia, es muy normal sufrir prolapso de alguno o varios órganos pélvicos tras dar a luz. Que parece que os hable de la copa menstrual como si fuera lo más nuevo del universo cuando ya lleva mucho tiempo entre nosotras. Pero para mi todavía no había llegado «el momento», el de animarme a dejar atrás la costumbre de los tampones y probarla porque mi cuerpo ha estado en otra fase. Entre que me quedé embarazada de mi hijo mayor y el fin de la última amenorrea por lactancia pasaron nada menos que 10 años. Y en esos 10 años tuve la regla, en total, no llega a 12 meses sumando entre el tiempo entre la vuelta tardía de mi menstruación tras los partos y los siguientes embarazos. Mis lactancias prolongadas han condicionado también amenorreas prolongadas, llegando a estar 32 meses sin menstruación desde mi segundo embarazo. Tras mi tercer embarazo la amenorrea durante la lactancia duró menos, algo menos de dos años de los cuatro años de lactancia materna que hemos disfrutado. A lo largo de este tiempo me he planteado casi en todos los ciclos animarme a probar la copa menstrual, pero mis problemas de suelo pélvico me hicieron aplazarlo cada ciclo. Este verano parecía que por fin iban a operarme para solucionar mi rectocele, pero no pudo ser. Mi prolapso se había complicado, sumando además descendimiento de útero, vejiga e intestinos, lo que obliga a abordar la cirugía de manera multidisciplinar y, por lo tanto, pasar de nuevo por consulta de cada especialidad implicada. Así que, de un día para otro, harta de comprar tampones y de marear la perdiz con si pruebo la copa menstrual o no la pruebo, me decidí a comprar una. Total, por probar tampoco perdía nada, pero puesta a probar y que fuera un fiasco, preferí arriesgar poco, tampoco te voy a engañar. ¿Cómo elegí mi copa menstrual? Tras hacer una búsqueda en Amazon me incliné por esta copa menstrual, puesto que me pareció muy interesante la relación calidad-precio y, sobre todo, que incluyera dos unidades. No quería gastarme cerca de los 30€ que cuestan las marcas más conocidas solo para probar y que aquello no fuera para mi, prefería probar con una más económica, ver qué tal me encontraba con ella y valorar luego si me merece la pena comprar otro modelo. Lo que tenía claro es que, con todas las marcas, tipos y modelos que hay hoy en día en el mercado, acertar a la primera con la copa menstrual adecuada es casi como acertar los números del euromillones, una lotería. Así que, desde mi total desconocimiento total y absoluto, sin saber qué tipo o forma de copa le iría bien a mi cuerpo, me fui a los criterios básicos: composición – silicona médica -, talla – L, para multíparas -, y precio – la más económica -. No es que estuviera impaciente por que me viniera la regla, mi ilusión por estrenar chuminadas – nunca mejor dicho – no llega tan lejos… Pero si que estaba expectante, así que en cuanto empecé a manchar, y después de ver tutoriales y leer recomendaciones, allá que fui a hervir mi copa menstrual para darle su primer uso. La verdad es que pensaba que me costaría muchísimo trabajo. Había leído que una de las dificultades es que la copa menstrual no se abriera bien una vez introducida, también que no hiciera vacío correctamente, o que un fallo a la hora de colocarla podía suponer que hubiera fugas o la copa menstrual se saliera en el peor de los momentos, qué se yo, haciendo la compra en el super. Lo cierto y verdad es que, siguiendo las instrucciones, plegando la copa con mis dedos según uno de los ejemplos, me introduje la copa vaginal sin dificultad. Una vez dentro, con la yema de mi dedo índice seguí el contorno de la base para ver si era circular – señal de que podía estar correctamente abierta -, hice un par de contracciones – ejercicios de Kegel – para ver si notaba algo extraño, molestias, dolor, sensación de que se saliera, pero nada. Bueno, a decir verdad sí notaba una pequeña molestia que asociaba a no haber cortado el cabo de la copa vaginal, que de primeras decidí dejarlo hasta ver cómo me manejaba a la hora de retirarla. A la hora de quitarla, y ante la duda-miedo de traerme conmigo mis interiores – por el tema del vacío y el deplorable estado de mis órganos varios – he sido especialmente cuidadosa. Ya había leído al respecto y me limité a pellizcar la base de la copa vaginal para romper el vacío y ayudar a empujarla con un ligero movimiento desde dentro, saliendo sin dificultad, sin molestias, y sin mancharme apenas. Pude vaciar todo el contenido directamente en el wc, enjuagarla en el lavabo y una vez escurrida me la coloqué de nuevo. En general, su uso no me ha supuesto ningún problema ni complicación. Desde el primer momento me ha resultado sencilla de colocar, muy cómoda y práctica. No he tenido fugas, no se ha descolocado ni caído, no he sentido dolor ni molestias. Desde la primera vez la he aguantado un mínimo de 6 horas, llegando a tenerla hasta 12 horas, y nunca ha llegado a llenarse completamente. Esta ha sido mi mayor sorpresa, porque estaba convencida de que tenía mucha cantidad de flujo y ver que en realidad no es tan escandaloso como parece con los tampones y las compresas, es muy curioso. Al tercer día de uso, y viendo que podía retirar la copa fácilmente, sin necesidad de usar el cabo, […]

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