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Niños y alergia

Cómo actuar si sospechamos



 

Dos de cada cien niños tienen intolerancia a la leche de vaca mientras que un gran porcentaje tiene alergia a otros tipos de alimentos como los cereales, el pescado o los huevos.

En muchas ocasiones la alergia no se detecta fácilmente, pues no viene siempre precedida de fuertes síntomas, fiebre u otro tipo de reacción negativa del organismo, por eso conviene estar muy atentos y a la mínima sospecha, acudir con los niños al pediatra.

 

Alergia sobre todo a los alimentos

La alergia es una reacción de rechazo que realiza nuestro cuerpo hacia ciertos alimentos, sustancias o medicamentos que ingerimos. Las alergias a ciertos alimentos son las más comunes. Dentro de la dieta mediterránea y según un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud, los ocho alimentos que provocan más intolerancia en la infancia son la leche de vaca, los frutos secos, la soja, los huevos, el pescado, el marisco, el trigo y los cacahuetes. Los resultados de este descubrimiento desvelan que sólo el 90% de las alergias en los niños están precedidas por estos ocho alimentos. Es decir, la incapacidad de comer ciertas cosas gana, con un gran margen, al rechazo a medicamentos u otro tipo de alergias como la alergia al polen, que es una de las más frecuentes a nivel general, sobre todo en adultos.

 

Huevos y cacahuetes, de los más peligrosos

Sobre todo en la franja de los 2 a los 3 años e incluso en adelante, estos alimentos pueden ser muy peligrosos. La clara del huevo es dañina para un 35% de los niños que sufren rechazo a los alimentos. El cacahuete es un fruto que puede ser altamente dañino para el organismo de los pequeños, que son de alguna manera los más proclives a contraer alergia dado que su fisionomía y metabolismo aún no son fuertes debido a la falta de desarrollo. Vigila de cerca el consumo de este alimento en la dieta de tu hijo.

Al contrario de lo que mucha gente cree, tener alergia no viene únicamente determinado por el factor genético. Tampoco se hereda la alergia en sí, sino la tendencia a contraerla más fácilmente que otra persona que carezca de esa información genética.

 




Otros factores que influyen

Otro factor que ‘ayuda’ a contraer una alergia es el medioambiental. Cada vez de forma más frecuente, con los cambios meteorológicos, el calentamiento global y la contaminación a la que estamos siendo sometidos, sobre todo en las ciudades, las bacterias se dispersan de un modo imparable.  

Además, la exposición exagerada a ciertos alimentos, esto es, el hábito de comer demasiado de un mismo alimento o sustancia, puede multiplicar las posibilidades de que a corto o largo plazo, aparezca una alergia hacia ese alimento por saturación del mismo.

 

Cuidado con los síntomas

Como hemos dicho, no siempre los síntomas son de fácil detección. El abanico va desde una simple hinchazón o eccema hasta un proceso de enfermedad grave que, de no tratarlo, puede llegar a ser mortal. Afortunadamente hoy ya nadie muere de alergias, al menos en Occidente, pues se cuenta con una rápida y eficaz asistencia médica y farmacológica.



 

Los expertos señalan que los síntomas leves más frecuentes son las urticarias, los vómitos o diarreas mientras que los más graves llegan a ser trastornos asmáticos, problemas de respiración o, en los peores casos, hablaríamos de shock alérgico, que puede acabar con la vida del pequeño.

 

La mancha alérgica

La evolución de los síntomas, de más sutiles y difíciles de detectar a más graves, es una señal de lo que se denomina ‘mancha alérgica’. Este término hace alusión a cuando el niño viene predispuesto genéticamente a contraer o desarrollar una alergia.  Entonces, los síntomas pueden evolucionar, desde un simple eccema a problemas respiratorios u otros por el estilo. Insistimos que con una correcta medicación, el pequeño hará vida casi con toda normalidad.  

La atención y la información continua y actualizada sobre el proceso alérgico que puede estar desarrollando tu hijo son vitales para la calidad de vida de éste.
En primer lugar, debemos estar muy atentos a la alimentación de los niños. Es sobre todo, a partir de los 3 años cuando los pequeños comienzan a comer fuera de casa (comedores escolares, guarderías) y no podemos estar al cien por cien en sus hábitos alimenticios. Pero cuidado, el simple hecho de que los niños coman fuera de casa, al menos una vez al día no tiene por qué suponer que se estén exponiendo directamente al riesgo.

 

 



 

Atenta, pero no paranoica

Recordemos que tanto la genética como el factor medioambiental está presente no sólo cuando comen solos, sino durante todo el tiempo. En casa, en los restaurantes, en jardines y parques.
Por ello, no te obsesiones y sencillamente asegúrate de que en el colegio de tu hijo se cumplen los requisitos y normas higiénicas en los comedores. Además, comprobar que el menú es variado y sano te ayudará a mantener esa confianza que necesitas al no tener ‘más remedio’ que dejar que tus hijos coman fuera de casa.  

Otros consejos

Si tu hijo padece alergia a algún alimento, reduce las veces que éste coma fuera de casa todo lo posible. Así estarás más tranquila de que todo lo que come está previamente testado por la persona que más se preocupa por él. Revisa bien las etiquetas de todos los alimentos, por pequeños e inofensivas que parezcan las dosis.  

Recuerda que se han dado casos de niños con intolerancia a las nueces que al comer chocolate con leche han desarrollado un rechazo feroz a un alimento que en principio, no era dañino para ellos. Esto se debe a que seguramente restos de chocolate hecho a base de nueces se mezclaron en las máquinas de fabricación de las tabletas, con las del chocolate con leche normal. Se trata de un ejemplo de tantos casos que pueden darse a nivel de fábrica en todo tipo de alimentos envasados o empaquetados. Cuidado.

 

Él, poco a poco responsable

Tener una alergia es algo más común de lo que a priori te puede parecer como madre. Multitud de personas conviven con este trastorno casi 'sin darse cuenta'. Hoy en día existe tal variedad gastronómica y eficiencia farmacológica, que la ausencia de algún alimento en la dieta de tu hijo no tiene por qué implicar un retroceso o involución en su crecimiento o una carencia que le haga ser diferente a los demás niños.  

A medida que tu hijo se va haciendo mayor, no estará de más comunicarle que no sólo tú eres la responsable de su alergia. La aceptación del niño como algo natural, que forma parte de su vida y con lo que puede convivir perfectamente. Por ello, los psicólogos consideran fundamental el descubrimiento, nunca tardío de la enfermedad o lo más pronto posible, para lograr lo que se llama la normalización de la misma. Esto será un desahogo para ti y un paso más hacia la madurez de él.

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