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Relato de mi tercer parto natural: el primero sin anestesia

Os cuento el relato de mi tercer parto, el primero sin epidural. Espero que disfrutéis íntegramente de este post, que nace desde el cariño y el respeto que le tengo a todo parto.

Relato de mi Tercer Parto

Introducción

Tengo ganas de contaros mi primer parto sin anestesia, los dos anteriores fueron con anestesia epidural ambos, siendo entre ellos, partos totalmente diferentes. Hoy os relato mi tercer y salvaje parto, ese que trajo al mundo a mi pequeño y amado tesoro, Duendecillo.

Siempre quise saber lo que era parir sin epidural, sin ningún tipo de anestesia. En mi primer parto no me sentí respetada, no respetaron mis ritmos ni ninguna de mis decisiones, todo iba bien, pero querían largar a las parturientas pronto porque, al parecer, el Hospital estaba colapsado de partos aquella noche (Hospital Virgen del Rocío de Sevilla). Oxitocina, rotura de bolsa, malas caras… Una experiencia horrible, que únicamente se vio recompensada cuando tuve a mi pequeña hija en brazos (Hada), pero esta es otra historia que quizá relataré en otra entrada.

Mi segundo parto, también con anestesia epidural, fue respetado al máximo, pese a finalmente solicitar la epidural pude parir de rodillas, como yo quería. Me atendieron personas respetuosas en toda regla, tuve el parto que toda mujer quisiera y merece tener, y fue en el Hospital Virgen de Macarena de Sevilla. En mi segundo parto quería dar a la luz sin anestesia, quería poder conseguirlo esta vez, quería traer a mi segunda pequeña (Risueña) al mundo, sabiendo lo que era parir “a pelo”. Pero me falló algo, me estuve preparando física y mentalmente entorno a la idea de conseguir un parto sin dolor. ¡Y aquí vino la trampa!. Cuando estaba a 8cm de dilatación y vi que el parto sin dolor en mí no iba a ser posible me derrumbé. Me acordaba de todos esos testimonios leídos y vídeos vistos de mujeres que habían dado a luz sin anestesia y sin dolor, y yo sentía que me había equivocado, que quizá alguna mujer lo había conseguido, pero que no iba a ser mi caso. Pedí epidural pese a que quería de verdad conseguirlo. Aún así, fue un parto soñado, sin dolor en la fase extreme eso sí.

Mi Tercer parto – Primero sin Anestesia Epidural

Y aquí empieza mi relato, mi parto, mi tercer parto sin anestesia.

Quedaban meses para dar a luz y me vino la misma pregunta a la mente – ¿Vas a intentar parir sin epidural de nuevo, Jessica? – Puffffffff, realmente pensaba que no iba a ser capaz, ¿Entonces?. Probé algo que no hice las veces anteriores. Me entrené mentalmente para SOPORTAR EL DOLOR.

Esa fue la gran diferencia. Sabía que iba a doler mucho, sabía que si en mi segundo parto, pese a encontrarme tan a gusto y sentirme tan respetada no fui capaz de soportar el dolor, en este tercer parto debía entonces enfrentarme al dolor, no temerle.

Si alguien que quiere parir sin anestesia me preguntara: ¿Duele mucho? – Teniendo en cuenta que cada mujer es un mundo, que cada cuerpo y cada parto es diferente, que cuenta mucho, muchísimo tu estado mental y emocional y la actitud de las personas que te acompañen en el trabajo de parto – respondería: Sí, duele mucho, pero es soportable porque el dolor más enloquecedor, ocurre justo cuando ya va a nacer, con lo que pasa rápido, rapidísimo.

Día de parto: 13/01/2018.

Hospital: Quirón Sagrado Corazón de Sevilla.

¿Por qué Privado? – Quería contar con intimidad en el post parto, puede pareceros una bobada pero era importante para mí, quería tener una habitación donde estuviéramos solo mi hombre, mi hijo y yo. Pagué durante 10 meses un seguro de DKV Hospitalización que incluía parto por 25€ y ¡listo!.

Estuve toda la noche con contracciones, similares a las de noches anteriores pero de vez en cuando venía alguna más fuerte de lo normal. Podía estar de parto pero no me alarmaba demasiado.

06:00h de la mañana: Creo que sí, que estoy de parto. Me vienen contracciones bastante intensas y parecen durar bastante, pero cronometradas no son nada regulares.

Os puede parecer de coña lo que os digo, pero tercer parto en 3 años y no sabía si estaba o no de parto . Yo creo que sí pero no estoy segura – le decía a mi hombre. Joder creía que sí, tenía que estar de parto pero no tenía contracciones regulares en absoluto.

Vamos al Hospital, no pierdo nada. Iba pensando en que se iban a reír de mí – tercer embarazo y no sabe reconocer si está o no de parto – Llegué de 4cm – Tú te quedas – me dijo la matrona que me reconoció.

¡Guauuu! Me sentó tan bien que me confirmara que estaba de parto, me hubiese sentido estúpida si me hubiesen mandado para casa. En fin, 4 cm de dilatación, no estaba nada mal. Me vine arriba como la espuma de una Paulaner mal tirada.

Entonces vino la gran pregunta por parte de la matrona: – ¿Tienes pensado algo? – supuse que se refería, evidentemente, a si tenía pensado cómo quería que transcurriera mi parto si todo marchaba bien. – Si todo va bien, me gustaría estar lo más tranquila posible, que mi parto fuese respetado en sus tiempos, sin prisa, y si quiero epidural yo os lo haré saber – contesté.

La matrona puso cara de incrédula y me dijo que parir sin epidural me iba a costar mucho, que ella me recomendaba epidural desde ya mismo. Menuda hija de puta, y lo digo desde el cariño porque se veía buena gente, pero empecé con el pie izquierdo, ya que el apoyo del personal médico es muy importante y a ella como que le jodió que yo quisiera intentar parir sin epidural. Era una chica joven, y siendo matrona, debía darme ánimos por mi valentía y animarme a un parto natural si es lo que yo quería. Pero a la jodía le jodía que no quisiera epidural.

Dilatación entre lenta y rápida, para que os hagáis una idea, Duendecillo nació a las 19:50 horas. El transcurso de la dilatación fue muy llevadero, soportaba el dolor con bastante ánimo y visualizaba a mi hijo en mis brazos.

La matrona no cesó en su empeño de que me pusiera epidural en todo el proceso de parto. Yo me encontraba fuerte y segura y le decía que no y ella ponía cara de aceptación forzada y soltaba un – Bueno… – así dejando caer la cabeza hacia un lado, no sé si me explico.

Empecé a sentir las contracciones muy muy seguidas, prácticamente ya no me recuperaba entre una y otra porque cada contracción me dejaba una sensación de dolor tan fuerte, que venía una nueva y prácticamente sentía el mismo dolor que el que sentía entre contracciones. La matrona y la Ginecóloga me hicieron un tacto y ¡Dilatación Completa!, peeeeero, según ellas venía en Posterior, algo que podía alargar enormemente el expulsivo.

En ese momento recordé que mi primera hija, precisamente también venía en posterior y agonicé en el parto pese a llevar anestesia epidural en vena. Empecé a perder la cabeza, literal, pedía ayuda desconsolada. Se me olvidó eso de querer parir sin anestesia en plan zen y suplicaba auxilio. Un “no puedo más” se adueñó de mí entera. Con mi hijo en posterior se me iba a hacer imposible soportar más tiempo esos dolores. Pedí ayuda, anestesia, lo que fuera. Vino la matrona y me escupió una sonrisa, se alegró de que fuera a parir finalmente con anestesia, a mí me dio igual, estaba desesperada.

Vino el anestesista y su equipo, me informaron que tan avanzado el parto no podían ponerme epidural, pero sí podían inyectarme otro tipo de anestesia que aplican en cesáreas. Yo dije: “Sí, quiero”, y mientras el anestesista preparaba el papeleo, me incliné en la cama para sentarme.

No dio tiempo de nada más, empecé a sentir un dolor nuevo, acompañado por una sensación de libertad y ganas de apretar inexplicables. Solté un “¡me cagooooo!” que ríase la gente y mi hombre gritó “¡Ya está aquí, lo veo!”

A partir de aquí pasaron segundos, quizá minutos, entre gritos y éxtasis, hasta que tuve a mi pequeño hijo en brazos. Bastaron dos o tres pujos guiados por mi instinto animal para que mi hijo naciera, en mitad de la muchedumbre de médicos y ayudantes que miraban atónitos ante, lo que para muchos era, su primer parto sin anestesia visto hasta la fecha.

Mi hijo en mis brazos, y el amor rebosando por mis venas. Ya no había dolor, el dolor lo hacía ya lejano, había logrado lo que para mí era un sueño y me sentía viva, fuerte y valiente como nunca antes.

Gracias a la vida, por haberme regalado un parto tan salvajemente mágico, gracias a mi hijo, por su risa y amor infinitos.

Mamaventura

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