¿Alentar o elogiar a nuestros hijos?

La educación y la crianza de nuestros hijos suponen un gran reto que suele remover nuestros cimientos. Tenemos que intentar abordarlas desde la humildad y la reflexión, evitando que las inseguridades y la culpabilidad nos distancien de tan apasionante proceso.

Seguro que todos alguna vez, en esos momentos en los que nos sentimos desbordados, nos hemos preguntado: ¿lo estaré haciendo bien? Nadie nos ha enseñado a ser madres y padres, así que solemos repetir patrones de conducta heredados social y culturalmente que automatizamos sin atender a su idoneidad. Tendemos a no cuestionar lo que llevamos toda la vida viendo y escuchando.

Hoy vamos a reflexionar sobre aquellas expresiones que tanto utilizamos y que pueden transmitir a nuestros hijos un mensaje contradictorio o alejado de nuestras intenciones.

Parar a replantearnos determinados aspectos, y hacer pequeñas modificaciones, puede facilitarnos las cosas a nosotros y sobre todo a nuestros pequeños. Porque el punto de partida es ser conscientes.

TOMA DE CONCIENCIA

Para empezar os propongo un ejercicio de observación: En los próximos días, pongamos en MODO ON la atención (selectiva) e intentemos contabilizar e interiorizar las veces que decimos u oímos ¡MUY BIEN! dirigido a los niños por parte de sus profesores, compañeros, amigos, hermanos, abuelos y por supuesto nosotros.
(*Nota: se aceptan como animal de compañía: genial, fenomenal, bien hecho, chachi, chupi, buen trabajo)

Ahora fijémonos en que ocasiones se ha utilizado esta expresión; sí, efectivamente, ¡en todas! Es una muletilla, un tic incontrolable, una frase comodín. Utilizamos estas dos palabras en cualquier situación, incluso para reforzar aquello que no conlleva ningún mérito, esfuerzo, aprendizaje, e incluso para cosas que no consideramos “bien hechas” ¿Quién no ha estado absorto en sus tareas, y ha aparecido su hijo con nuestra camiseta favorita pintada, y, sin tan siquiera mirarlo, hemos dicho: ¡qué bien cariño!?

Parece que no seremos una buena madre o padre si no hacemos una fiesta de todo lo que hacen nuestros hijos, pero a veces, se nos va de las manos. Con esto no quiero decir que haya que hacerse el harakiri cada vez que las digamos. Es el momento de diferenciar entre motivar e incentivar a los niños y alabarlos.

DIFERENCIAS ENTRE ELOGIAR Y ALENTAR

Alentar es animar, infundir aliento o esfuerzo, dar vigor a alguien o algo. Conlleva mejorar, superarnos, esforzarnos. Es estimular y motivar. Comprometernos y responsabilizarnos de nuestros actos. Está relacionado con el proceso aun no habiendo alcanzado el objetivo. Alentar es respirar, es coger aliento, oxígeno y vivir.

• Elogiar significa alabar -manifestar aprecio o admiración- las cualidades y méritos de algo o alguien. El elogio está relacionado con un fin y con la búsqueda de la aprobación de los otros. Refuerza y alimenta nuestro ego.

¿POR QUÉ ALENTAR EN VEZ DE ELOGIAR?

Todos queremos que nuestros hijos sean personas reflexivas, que desarrollen su propia personalidad y que sus auténticas motivaciones dirijan su vida. Educar niños con capacidad de decisión y con criterio propio, para que en el futuro sean adultos felices y libres que actúen movidos por sus valores, prioridades e intereses. Que sean ellos los que descubran también lo que han conseguido, lo que han logrado.

Hemos aprendido que para reforzar una buena conducta hay que halagarla, hasta el punto, como dice Alfie Kohn, experto en educación comportamiento y crianza, que estamos creando adictos a los elogios. Es importante recordar que “¡muy bien!” es realizar un juicio de valor. Aunque sea positivo estamos juzgando, por lo que a lo largo del día los hemos evaluado decenas de veces. Si enjuiciamos constantemente sus actos estaremos moldeando y adaptando sus preferencias y sus decisiones, por lo que actuarán para cumplir nuestras expectativas en lugar de las suyas.

Desde muy pequeños estamos acostumbrados a relacionar la alabanza con un premio. Cuando alentamos a nuestros hijos, estamos infundiendo confianza en ellos. Les demostramos que los aceptamos independientemente de sus errores y aprenden que las equivocaciones forman parte del proceso.
Los niños se merecen que seamos sinceros con ellos. Crearles una imagen sobrevalorada de sí mismos hará que los desengaños futuros les sean más difíciles de gestionar.

ALTERNATIVAS A LOS ELOGIOS PARA ALENTAR

Para conseguir que sean nuestros hijos los que se auto-motiven, y desde diferentes enfoques basados en la disciplina positiva o en la pedagogía Montessori, tenderemos a alentar, a centrarnos en ellos y en sus necesidades a largo plazo. A continuación unos ejemplos:

– Verbalizar lo que están realizando: “has hecho un dibujo de una casa”, “veo que has recogido los colores” “que de espacio hay para jugar en la habitación con las cosas recogidas”

– Hacerles preguntas, especialmente cuando han terminado lo que estuviesen realizando: “¡Anda! ¿qué has hecho? cuéntame”, “¿cómo se te ha ocurrido esa idea?”, “¿cómo conseguiste que parezca que el sol brilla?” para poder proporcionar un feedback. Pregunta clave: ¿cómo te sientes? “te has atado tú solo los cordones ¿cómo te sientes?” “Estás sonriendo/serio ¿por qué?”

– No decir nada: una mirada, vale más que mil palabras. Además así no se les desconcentra ni interrumpe.

– Sonreír, tocar: un dato que nunca deja de sorprender, ¡el 90% de la comunicación es no verbal!

– Verbalizar los progresos: “¿has visto? antes no podías abrirlo tú solo”. En vez de “qué bien los ha hecho” decir: “Te has esforzado. Debes estar orgulloso” o “esto no lo habías hecho antes, ¿cómo lo aprendiste?”

Un par de trucos para empezar a familiarizarnos consisten en:

– Sustituir el muy bien por: “¡lo conseguiste!”
– Usar expresiones y preguntas que enfaticen sus logros: “¿te has fijado?”, “¿has visto?” “¿te has dado cuenta?”, ¡mira!, ¡fíjate!,
– Usar expresiones y preguntas que enfaticen sus sensaciones y sentimientos: ¿qué sentiste?”, “¿qué notaste?”,”¿qué ha cambiado?”¿Cómo te ha hecho sentir?

Con estas alternativas se procura hacer al niño partícipe, llamar su atención, ayudarle a recapacitar y analizar sobre la realización y consecución de las acciones. Modificar un poco el lenguaje para liberales del peso de pensar que nuestra felicidad y alegría dependen de sus actos. Y sobre todo, repitámonos a nosotros mismos y a nuestros hijos que ni ellos ni nosotros somos perfectos ni queremos serlo ni que lo sean.

Belén Riballo Maquiera

Psicóloga

Fotografía: Rosa M.A. (About Yellow Dragons)

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