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El embarazo en verano

¿Cómo enfrentarse al calor?


Cuando llega el verano pueden producirse excesivas sensaciones de cansancio, sofoco, sueño, desgana, taquicardias, etc. En el caso de las embarazadas, estos síntomas se acentúan más y pueden  suponer un auténtico suplicio.

Las altas temperaturas hacen más propicio sufrir el llamado ‘golpe de calor’. Por ello, debemos tener cuidado con nuestra salud, pues el sol puede jugarnos una mala pasada.
En verano también es propio sentir poco apetito y que aparezcan manchas en la piel, como el cloasma, debido a las hormonas y a la exposición solar.

También es muy común tener las extremidades hinchadas debido a la retención de líquidos, incluso  sufrir estreñimiento. Desde la Clínica ginecológica Buenavista de Oviedo señalan que “las principales molestias propias del embarazo en verano son las piernas hinchadas, la sofocación y sentirse más acalorada de lo normal”.


Aliviar el calor

Durante el embarazo las hormonas placentarias favorecen una mayor cantidad de transpiración a través de la piel y se es más vulnerable a la deshidratación. Además, la presión arterial suele bajar. Para evitarlo, hay que elegir lugares frescos, usar ropa de fibras naturales, ir a la piscina, tener mucha higiene e ingerir muchos líquidos. Especialistas en ginecología y obstetricia de la Clínica Buenavista añaden que “se debe guardar un cierto reposo, mantener las piernas en alto y usar abanicos”.

Es muy importante beber dos litros diarios de agua u otros líquidos con el fin de reforzar la función de los riñones, favorecer la circulación de la sangre y eliminar toxinas. Gracias a esta medida tan simple, la sangre distribuye mejor los nutrientes, se evita el estreñimiento, se depura el organismo y se regula la temperatura corporal.
   
En cuanto al sol, desde  la clínica ginecológica Buenavista señalan que “hay mujeres que tienen reacciones de sensibilidad en la piel y sufren cloasma, que es un problema de pigmentación consistente en la aparición de manchas de color café o parches a nivel facial, sobre todo en la cara y las mejillas”. Además, también puede aparecer la línea alba, una línea hiperpigmentada que se extiende desde el pubis hasta el ombligo. Respecto a la protección solar, el factor será el mismo que se use habitualmente pero, “todo dependerá de las características de la piel de cada persona”, señalan los expertos.

                                          
               

                                         


Dieta equilibrada y ejercicio

Las ganas de comer se reducen en verano, pero aún así se debe seguir llevando una dieta equilibrada y más aún en el caso de las futuras mamás. Es recomendable optar por platos fríos como gazpachos, verduras, ensaladas de todo tipo y, sobre todo,  ingerir mucha fruta. El consumo de sal se verá reducido y el agua se convierte en un elemento fundamental para una buena hidratación. También se debe evitar tomar salsas caseras,  mariscos y hortalizas al salir a comer a restaurantes donde no lo hacemos habitualmente.

Se deben cubrir unas necesidades alimentarias consumiendo 2.000 calorías diarias: 1.100 calorías procedentes de glúcidos, 600 de grasas y 300 de proteínas, divididas en seis tomas a lo largo del día. Desde la Clínica Buenavista comentan que “hay que seguir unas pautas como comer varias veces a la semana pescado y carne, y que éstos estén bien cocinados y lavados, pero ante todo se debe llevar una dieta equilibrada y rica en calcio”.
   
Por otra parte, el ejercicio es vital en la salud de una mujer embarazada, aunque hay que tomar muchas más precauciones que en otras estaciones, debido a la necesidad más acentuada de hidratación. Los médicos recomiendan sobre todo la natación, pues se ejercita el cuerpo a la vez que refresca.

También puede realizarse footing, pero con un ritmo muy suave, incluso suplirlo por paseos, y la práctica de actividades aeróbicas de bajo impacto. “El ejercicio es bueno pero a niveles normales, nunca de competición”, señalan especialistas en ginecología y obstetricia de Buenavista. Lo primordial es controlar la respiración y evitar grandes sofocos.

                                         
                

                                         


¡Nos vamos de viaje!

El  verano es época de vacaciones y es muy usual querer disfrutar de un viaje para relajarse tras un duro año de trabajo. Estar embarazada no es un impedimento para ello, pero sí impone algunas limitaciones. “Durante el primer trimestre o último mes de gestación no es muy aconsejable realizar viajes largos”, señalan los especialistas. Sin embargo, aunque hay que tomar ciertas precauciones, el resto de meses no conllevan ningún riesgo.

A la hora de elegir destino, no debe ser uno muy aislado. También hay que asegurase de que el tiempo que se va estar fuera no coincida con ninguna cita ginecológica y que el sitio al que se vaya reúna unas garantías de seguridad e higiene. Por otra parte, los viajes rápidos no son aconsejables, pues no favorecen al descanso. En cuanto al medio de trasporte, “si se viaja en coche se debe parar cada dos horas para caminar un poco y estirar las piernas” informa la Clínica Buenavista. El avión no implica ningún riesgo, mientras que el barco no es recomendable porque favorece los mareos y vómitos, siendo el tren el medio más idóneo durante el embarazo.

Aunque la sensación de calor se acentúa durante el embarazo, ésta no impedirá disfrutar de esta agradable estación. El agua, una dieta equilibrada, los abanicos, el ejercicio moderado y la protección solar serán indispensables y ayudarán a sobrellevarlo más cómodamente.
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