La Aventura de mi Embarazo Idea guardada 0 veces
Sé la primera persona en valorar esta idea Valorar

Family Rules, volver a ser una familia en modo familia expatriada

Desde hace poco más de un mes somos, oficialmente, una familia expatriada. Una familia expatriada más como tantas hay por el mundo, que cuando te enfrentas  a algo así piensas que tu situación es única, pero nada más lejos de la realidad. Son muchísimas las familias que, por un motivo u otro, viven fuera de su país de origen. Llevo muchos años leyendo a familias expatriadas y siempre me han dado un poco de envidia. Envidia entendida en el sentido de la oportunidad de vivir en otro país, con las experiencias positivas que ello aporta. Claro que no voy a decir que todo es fantástico y maravilloso ni que todas las familias se van de su país porque quieren. Pero quizás por eso de ver y mostrar el lado positivo de las cosas, al leer las anécdotas de madres expatriadas, siempre he querido tener la oportunidad de vivir una experiencia así. Lo que no esperaba, y lo digo totalmente en serio, es que se fuera a cumplir ese “deseo”. ¡Con las veces que he pensado que me toque la lotería! – y,obviamente, no se ha cumplido -. Pero fíjate que aquí estamos, comenzando nuestra aventura como familia expatriada. He tenido el privilegio de compartir en el blog de Suavinex un trocito de mi corazón hablando de lo que han sido estos tres últimos años de familia numerosa, crianza en solitario y ahora aventura expatriada. Como bien dicen, hay muchos modelos de familia, todos válidos, porque el amor no tiene una única forma. No hay una única norma para formar una familia, FAMILY RULES, cada familia tiene sus normas y convierten a cada familia en única y especial. A nosotros nos ha tocado ser una familia desmembrada durante tres largos años y Escocia ha vuelto a unir nuestra familia. Si me sigues desde hace más o menos tiempo sabes que mis últimos tres años no han sido nada fáciles. Hay días que me he sentido realmente desesperada, que creía que no podía seguir adelante sola con mis tres hijos. No es que ahora que nos hemos reunido sea muy diferente. Sigo pasando gran parte de cada uno de los días sola con ellos, sigo siendo su principal criadora, organizadora, educadora, responsable a todos los efectos. Pero al final de la tarde papá llega a casa y volvemos a ser una familia, mis hijos son felices, disfrutamos de nuestro pequeño momento en familia cada día. Algo que no pudimos hacer estos últimos tres años. Y no sabéis hasta que punto me emociona escribir esto. Estos tres años me he vuelto tan fuerte como sensible y no puedo evitar llorar de emoción al intentar plasmar por escrito todos estos sentimientos. Ha sido muy duro. Hemos tenido que expatriarnos para volver a ser una familia. Estamos lejos de nuestras familias, que no es fácil, pero volvemos a ser una familia, que era lo importante. Lo necesitábamos. La vida nos puso a prueba como familia, como pareja, como personas. Pudimos tirar la toalla pero aguantamos, luchamos, sufrimos. Y aquí estamos, comenzando una nueva vida. Creedme que todavía me cuesta sacar todos mis sentimientos, y que el post es solo un extracto de tres años de separación familiar, de persistencia, de búsqueda de una solución. Hace ya un mes y medio que nos hemos establecido indefinidamente en Edimburgo. Me gusta decir “indefinidamente” y no “definitivamente” porque para mi solo hay una cosa definitiva en esta vida, lo demás ¡quién sabrá!. E “indefinidamente” define a la perfección mis expectativas temporales en esta aventura. Tras bailar las fechas arriba y abajo por mi operación de suelo pélvico que parecía que llegaba pero no, cuando desde el hospital descartaron operarme en breve – llevo más de 400 días en lista de espera -, decidí no aplazar más nuestro traslado. Pusimos fecha, organicé la mudanza tal y como me pilló, y que fuera lo que tenga que ser. Yo no se si lo hemos hecho bien, mal o regular a la hora de trasladarnos como familia, la verdad, porque no se cual es la mejor manera de hacerlo. Nosotros hemos dejado que las circunstancias fueran fluyendo y simplemente nos hemos venido cuando sentimos que debíamos hacerlo. Fue en febrero del año pasado cuando mi marido dio el paso de irse a trabajar a Edimburgo. En ese momento sí tuve claro que quería que tuviéramos la oportunidad como familia de vivir aquí,  pero también tuve igual de claro que no nos precipitaríamos en una mudanza. Porque no es lo mismo equivocarte cuando las consecuencias las pagas tú, que cuando arrastras a tres niños pequeños. Y en ese aspecto quería asegurarme en la medida de lo posible de que hacíamos lo mejor para ellos. Además, mi expectativa era poder irme de España con mi problema de suelo pélvico solucionado, porque si bien no es una patología grave, sí afecta bastante en mi día a día. Y estando ya tan cerca la operación, irme sin operarme después de tanto esperar era un poco absurdo. Por eso pasamos todo el verano en Edimburgo. Fue, como me gusta llamarlo, una “misión de reconocimiento”, un simulacro que nos podía dar una idea aproximada de lo que sería la vida en esta ciudad. Y nos gustó, nos gustó mucho, tanto que nos hubiéramos quedado. Pero volvimos a España con la idea de poner fecha a un traslado indefinido, aunque yo sabía que en un futuro no muy lejano me arrepentiría de no habernos quedado. Lo cierto es que desde que regresamos a España nuestro pensamiento estaba en la vida que nos esperaba en Edimburgo. Y en mi cabeza rondaba la fecha ideal de principios de año para por fin dar el paso a un traslado indefinido, pensando que me operarían antes, puesto que me hicieron todo el pre-operatorio en octubre. Pero, tras hablarlo mi marido y yo, pensamos que tal vez venir en la época más dura del año iba a dificultar la adaptación de los niños. Así que pensamos que quizás la primavera era una […]

Fuente: este post proviene de La Aventura de mi Embarazo, donde puedes consultar el contenido original.
¿Vulnera este post tus derechos? Pincha aquí.
¿Qué te ha parecido esta idea?

Esta idea proviene de:

Y estas son sus últimas ideas publicadas:

Recomendamos