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Slow parenting o crianza lenta


Probando la Crianza Lenta

Por Guadalupe Dorado

Los niños necesitan jugar, aburrirse, equivocarse, caerse...porque todo ello es en sí un aprendizaje.

CAMPO
Después del trabajo y los fines de semana suelo ir con Antonio a los columpios del parque, a la librería o al supermercado a comprar. Y, a pesar de que estas salidas son divertidas, me he dado cuenta que, en el camino, estoy llamándolo constantemente: "¡Antonio date prisa!, ¡venga, sigue caminando!, ¡no te entretengas...!" hasta tal punto de que una tarde, en un minuto lo había llamado cuatro veces, y mi hijo, a lo suyo, mirando las hormigas, el pedal de la bicicleta o los pájaros en los árboles... y yo, diciéndole vamos, venga...

El llamado Slow Parenting es un estilo de paternidad simplificado, paciente y consciente, que propone dejar a los niños desarrollarse en función de sus propios logros sin controlar rígidamente o en exceso su formación, ocio y seguridad.
Me encantó esa línea acerca de la simple observación de sus hijos. El otro día, Antonio se estaba tomando un baño, y en vez de limpiar su habitación o recoger, decidí simplemente mirarlo. Me di cuenta de cómo sus rizos sobresalen de cada lado, y como comenzó a tararear una canción en voz baja que resultó ser una que yo le enseñé este verano en la playa. Y sus vientre redondo, sus suaves mejillas y el enfoque serio y concentrado en los juguetes de baño me rompieron el corazón de la dulzura. ¡Y me lo podría haber perdido todo tan fácilmente!

Me he propuesto yo misma intentar frenar el tiempo y dejar que mi hijo tome la iniciativa, sobretodo si he estado trabajando todo el día. Tal vez es bueno a veces pararse para no hacer nada.

Seguramente por ejemplo, tarde más en ir y venir andando a la guardería, pero en el camino saludaremos a los vecinos, cruzaremos el paso de peatones, se parará a mirar el camión del escaparate... tardaremos más, pero nos daremos cuenta de los pequeños detalles, y bajo ninguna circunstancia le diré, ¡DATE PRISA!.

Como los guisos más deliciosos, los niños también se deben ir haciendo a fuego lento: sin prisas en el día a día, adquiriendo aprendizajes a su ritmo, sin saltarse etapas, y disfrutando de tiempo libre no planificado ni estructurado, incluso con momentos de aburrimiento. Éstos son algunos de los pilares del slow parenting, un tipo de crianza que intenta luchar contra la rapidez de esta sociedad tan competitiva, que nos presiona y nos aboca a una carrera constante hacia la perfección.


PARQUE
Ir por la vida a paso lento no significa ser pasivos o ineficientes, sino hacer las cosas en el momento apropiado y de la mejor manera posible o, como lo define Ana Etchenique, miembro de la asociación Slow People (www.slowpeople.org): dar prioridad a la calidad, saborear lo bueno. Partiendo de ahí, la filosofía slow engloba muchos ámbitos: desde el pedagógico o el social, al cultural e incluso el gastronómico. De hecho, el slow food (defensa de los productos naturales y las recetas locales, deleite con la comida y comercio justo) nació en Italia allá por los años 80 y es la semilla del movimiento.

Concretamente en lo relativo a la crianza de nuestros hijos, lo primero que debemos tener claro es que los padres (cuidadores y educadores) somos su ejemplo, y que la educación funciona principalmente por imitación; por lo que esta vida slow debe empezar en nosotros mismos. El mensaje verbal no vale. Hay que ser coherentes porque de qué sirve decirles que estén tranquilos y calmados, si nosotros vivimos deprisa, destaca Ana Etchenique; aunque aclara que a veces estamos muy atrapados y es complicado frenar, pero lo importante es tener conciencia de ello e intentar vivir más despacio cada vez que podamos.

Precisamente esto es lo que le sucedió al periodista y escritor canadiense Carl Honoré, que es el gurú anti-prisas y embajador del movimiento slow por todo el mundo. De repente se dio cuenta de que tenía que tomarse la vida de otra manera al percatarse de que quería leerle a su hijo los cuentos deprisa, para que se durmiera. A partir de ahí cambiaron sus prioridades y empezó a vertebrar toda esta forma de vida, en la que se procura que la falta de tiempo no nos haga perder la paciencia y hacer las cosas mal.

¿Qué pensáis vosotros? ¿estáis de acuerdo con frenar el ritmo con los más pequeños?

"Las personas más inteligentes y creativas saben cuándo es el momento de dejar que la mente divague y cuándo han de dedicarse con ahínco al duro trabajo. En otras palabras, saben en qué momento deben pensar con rapidez y en qué momento deben hacerlo lentamente".

Carl Honoré

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