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Cómo abordar las rabietas en los niños pequeños

Las rabietas pueden resultar frustrantes para cualquier padre o madre, incluso pueden hacerte cuestionar tu técnica de crianza. Pero en lugar de considerarlas una catástrofe, son una oportunidad para educar.



A pesar de que la situación puede ser exasperante y poner de los nervios hasta al padre o madre más tranquilo, las rabietas son una parte normal de la niñez. Pero eso no implica que se consienta al niño o niña, ya que se entra en un círculo vicioso del que será difícil escapar.

A continuación, Alejandra Hernández, psicóloga online con amplia experiencia en terapia infantil, te cuenta las causas de las rabietas en los niños pequeños y cómo lidiar con este problema de conducta.
 

Rabietas infantiles


Imagina que estás comprando en el supermercado y tu hijo o hija quiere una golosina que no tienes pensado comprar. De repente, estás en el centro del huracán: tu hijo o hija está en plena rabieta.

¿Qué debo hacer? ¿Cuál es la mejor respuesta? ¿Por qué ocurren estos colapsos emocionales? ¿Puedo prevenirlos?

Las rabietas son períodos cortos de arrebatos de ira o comportamiento irracional como llorar, gritar o gritar. Son comunes y una parte estándar del desarrollo de un niño o niña. Ocurren cuando tu hijo o hija no obtiene lo que quiere, es una forma de externalizar que está molesto y frustrado.

Para los niños entre 1 y 2 años son una forma de tratar de comunicar una necesidad (más leche, un cambio de pañal, ese juguete de ahí), pero no tienen las habilidades lingüísticas para hacerlo. Se sienten frustrados cuando no respondes a lo que “dicen” y lanzan un “ataque".

Para los niños mayores (3-4 años), las rabietas son más una lucha de poder. Son más autónomos y son conscientes de sus necesidades y deseos, y quieren poder disponer de ello a su antojo. ¿Si no cumples? Vendaval de berrinche.

Conforme crecen siguen aprendiendo a manejar sus emociones, por lo que un pequeño desacuerdo puede convertirse rápidamente en un ataque total. Pueden perder el control cuando intentan una tarea desafiante, como atarse los zapatos, y se dan cuenta de que no pueden hacerlo solos.

“Las rabietas no son una señal de mala educación, son una etapa de desarrollo esencial. Ayudan a los niños a aprender a lidiar con sus emociones negativas”.
 

Consejos para manejar una rabieta de un niño pequeño (incluso en lugares públicos)


Si bien no existe una manera única de actuar frente a una rabieta de un niño pequeño, la mayoría de los expertos coincidimos en las actuaciones que no funcionan. Gritos, sobornos, súplicas o ceder son unas pésimas estrategias. Al hacer alguna de esas acciones estás recompensando la rabieta y asegurándote de que suceda una y otra vez aumentando de forma progresiva.

Reaccionar con calma y coherencia es la mejor opción. Centrándonos en los comportamientos y evitando atacar emocionalmente al niño o niña.

Estas son algunas de las mejores estrategias para acabar con una rabieta infantil:

1. Sé consistente. Sigue la rutina tanto como sea posible, incluida la hora de la siesta y la hora de acostarse. El
temperamento de un niño puede acortarse si no tiene suficiente descanso o tiempo de tranquilidad.

2. Analiza la situación. ¿Está cansado? ¿Hambriento? Conocer el motivo te ayudará a solucionarlo.

3. Intenta ignorar la situación. Si tu hijo o hija está teniendo un berrinche, intenta ignorarlo vigilando de que no se ponga en
peligro físico. Al retirarle la atención por completo, evitarás reforzar su comportamiento.

4. Actuación inmediata. Si la conducta es agresiva, como golpear o morder, detenlo inmediatamente y sácalo de la
habitación. Déjale claro que no es aceptable herir a otros.

5. Eres su modelo. Ante estas situaciones mantener la calma es clave ya que eres el modelo a seguir de tus hijos. Si gritas tu hijo terminará igualando el volumen.

6. Momento distracción. Los niños tienen períodos de atención bastante cortos, lo que significa que generalmente son fáciles de distraer. Desviar su atención hará que se calmen automáticamente y olviden la rabieta. También puedes cambiar el entorno llevándolos dentro o fuera de la habitación.

7. Prevenir mejor que curar. Intenta anticiparte a la situación. Si sabes que ocurren durante la comida, podrás intentar presentar este momento como algo placentero y divertido.

8. Rabietas en público. Muchos padres evitan las situaciones que causan la rabieta por no pasar vergüenza. La gente que te rodea debe saber también que los berrinches forman parte de su desarrollo emocional.
 

¿Qué debo hacer después de una rabieta?


Elogia a tu hijo o hija por recuperar el control. Por ejemplo, puedes comentarle "Me gusta cómo te has calmado".

Los niños y niñas pueden ser especialmente vulnerables después de una rabieta, cuando saben que se han comportado mal. Ahora que ya está tranquilo es el momento de un abrazo y de demostrarle cuánto le quieres.
 

Cuándo se necesita ayuda de un Psicólogo infantil


A medida que mejore el autocontrol de tu hijo, las rabietas serán menos frecuentes. La mayoría de los niños comienzan a tener menos rabietas a los 3 años y medio.

Desde Hernández Psicólogos te recomendamos consultar a un psicólogo infantil si tu hijo o hija sigue teniendo rabietas más allá de los 4 años de edad, contiene demasiado la respiración durante las rabietas, llegándose a desmayar, Se produce autolesiones o lesiones a terceros o se destruyen objetos del entorno.

También es recomendable consultar con un psicólogo infantil online especialista en infantil si le acompañan pesadillas, involución en el control de esfínteres, dolores de cabeza, dolores estomacales, ansiedad, se niega a comer o ir a la cama...

Un psicólogo infantil debidamente cualificado analizará la situación y te orientará respecto a las pautas más eficientes.
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