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La verdad sobre el proceso de adaptación, ¿por qué les hacemos esto?



Este año he cambiado de lugar de trabajo, estoy en un equipo de atención temprana como maestra especialista de apoyo, y trabajo en centros infantiles de 0 a 3 años. Es un puesto itinerante por lo que desde el 1 de septiembre que comencé he podido conocer de primera mano 13 centros diferentes, y vivir los procesos de adaptación de cientos de niños y niñas, desde bebés hasta 2-3 años. Hasta ahora había vivido algunas adaptaciones en escuelas públicas desde los 3 años, pero lo que me he encontrado este año ha sido algo multiplicado por mil.

La concepción que yo tenía de cómo debía ser un proceso de acogida de un niño/a que por primera vez se separa de su núcleo familiar e ingresa en un centro educativo, y lo que me he encontrado en la realidad  ha supuesto un gran impacto para mí. Durante más de un mes he ido a trabajar haciendo un ejercicio previo de preparación para encontrar fuerza y coraje y poder acompañar esos procesos de niños y niñas desconsolados (y no bien acompañados en muchos casos), lo mejor que podía.

Ha sido duro.

Y si lo ha sido para mí, que soy una adulta autosuficiente y con recursos para gestionar mis emociones…

¿Cómo debe ser para un niño/a, que depende absolutamente del adulto, al que todo le viene impuesto desde fuera, y que no tiene herramientas para controlar nada de lo que acontece en su vida?

Me he dado cuenta que hace falta todavía un trabajo muy importante de información, de saber qué es lo que vive un niño/a cuando empieza en un centro educativo (ya tenga 8 meses o 3 años o los que sea), los retos a los que se enfrenta, y de qué manera los adultos (familias y educadoras de referencia) podemos acompañarlos para que sea lo menos traumático posible.

Porque sí, es traumático, tiene un gran coste psicológico, emocional y físico, por mucho que quieran teñirlo de rosa y nos digan que es lo normal, o que siempre se ha hecho así. Ya los estudios en neurociencia lo ponen de manifiesto, el cómo se produzca esta separación va a dejar una huella neurológica que afectará por siempre a la psique de ese niño/a.

Así que por favor dejemos ya de decir  “es que tiene que acostumbrarse”, “ya parará de llorar”,  “que llore es lo normal”,…

Si de verdad nos importan nuestros niños y niñas, entendamos y facilitemos el proceso.

Lo que no debería pasar y está pasando

Estos meses he presenciado cómo muchas familias han dejado a sus hijos/as (sí, a los que quieren más que a nada en el mundo),  4 o 5 horas seguidas del tirón con una absoluta desconocida, con la que ni siquiera han mantenido una entrevista para conocerse,  en un lugar totalmente nuevo y ajeno para el niño/a y sin un proceso de adaptación previo.

Pero es que también he visto centros en los que ni siquiera dejan entrar a las familias en las aulas,  excluyéndolas en todo momento. Y  esto ya roza la negligencia, porque si estamos hablando de profesionales formados y con experiencia, es que no tiene ni pies ni cabeza. Es que nadie me lo puede justificar pedagógicamente, porque no tiene justificación alguna. Porque que me digan que es para que las familias no vean el malestar de sus hijos/as porque así no facilita el proceso, de verdad que me supera.

Y claro cuando hay niños/as que lloran después de un mes (que los hay, y no son ni uno ni dos), decimos que “este niño/a tiene un problema”, “que no se adapta bien”, “que en casa lo tienen sobreprotegido”,… Y muchas otras barbaridades que he llegado a oír.

Por favor, la escuela infantil debe hacer una función reparadora de los vínculos de apego de los niños/as,  ¡no lo contrario!

De verdad, necesito escribir este artículo y sentir que aporto algo para que esto cambie, porque la realidad que me he encontrado es demasiado cruda.

El proceso de adaptación debe ser real



Siento que muchas escuelas y familias hacen un proceso de adaptación que es una completa mentira. Porque no tiene nada que ver con ser un proceso atento a las necesidades reales de la infancia.

Si tenemos claro que la infancia es la etapa más sensible y más vulnerable de toda nuestra vida, que debemos cuidarla al máximo, entonces cuando llega el momento en el que necesitamos dejar a nuestros hijos/as en una escuela infantil (porque ellos no lo necesitan en realidad, somos nosotros los adultos, por trabajo o los motivos que sean, que lo requerimos), tenemos que abordar esta separación temprana atendiendo y adaptándonos a sus verdaderas necesidades. 

Además, es preciso remarcar que este proceso no afecta solo a los niños/as, sino que no deja indiferente a nadie: altera la vida familiar, modifica las relaciones y el vínculo madre-hijo y padre-hijo, y también impacta intensamente en la vida personal y profesional de los educadores/as (y de esto doy mucha fe).

Le pedimos a los niños/as que hagan 3 procesos a la vez, y lo antes posible

Un niño/a  pequeño que empieza por primera vez en un centro educativo tiene que conseguir superar tres grandes retos que además se dan de forma simultánea y esto es algo realmente difícil:

(1) La separación afectiva de sus figuras de referencia y de seguridad emocional

En un momento en el que no está preparado/a evolutivamente lo separamos de su madre y de su padre (o de sus figuras de apego).

El niño/a esto lo vive internamente como un abandono (no puede comprender por qué lo hacemos, en muchos casos ni siquiera conoce a la persona adulta con quien lo dejamos y como no tiene conciencia temporal porque vive exclusivamente en el aquí y en el ahora, no puede saber todavía que mamá y papá vendrán más tarde, por mucho que insistamos en decirlo).

Y  además le pedimos que elabore todo este proceso lo más rápido posible, y si puede ser, llorando poco.

(2) Aproximación afectiva con la educadora

Además, para poder adaptarse a la nueva situación debe poder vincularse afectivamente con una nueva figura que le proporcione seguridad emocional, esta es la educadora o maestra. Si esto no se da, no podemos hablar de adaptación real, porque el niño/a internamente se sentirá inseguro/a, estará en estado de alerta continua, y a nivel emocional es algo devastador.

Esta es una fase clave y decisiva. Cuando el niño/a acepta relacionarse con la educadora (en sus juegos, aceptando sus ayudas, acompañándole emocionalmente…) es cuando deja de ver la escuela como una amenaza.

Por eso es tan importante que las educadoras puedan hacer esta labor y dedicar cada día un tiempo exclusivo de atención plena y amorosa a cada uno de los niños/as que acompañan, ¿pero cómo pueden hacerlo sin en plena adaptación de septiembre  tienen hasta 19 niños de 2-3 años en un aula? ¡Es una locura!

(3) Adaptación al nuevo ambiente de vida

Además hay todo un proceso de adaptación a la rutina diaria dentro de un grupo de iguales, y aquí pueden aparecer muchas dificultades también, de relación, de ritmo,… que muchas veces ni son tenidas en cuenta en este proceso, pero que también están provocando ansiedad al niño/a.

¿Cómo debería ser el proceso de adaptación?



La premisa básica e imprescindible sería:

Hay que respetar el tiempo que necesita cada niño/a (y sus padres) para adquirir confianza y seguridad con la escuela y con la educadora.

Primero de todo, debe ser una separación relajada y lo más adaptada posible a cada niño/a, facilitando siempre un acceso amoroso y que aporte seguridad.

El niño/a necesita tener la posibilidad de observar, explorar y ensayar en el nuevo espacio y en las nuevas relaciones sintiéndose seguro. Pero debe hacerlo por su propia iniciativa, sin empujarle a ello.

Por eso no podemos separar a un niño/a de sus padres si no ha conseguido elaborar ese referente de seguridad y positivo que comentaba anteriormente, porque su vivencia será que se enfrenta a una amenaza continua.

Así que calma y tranquilidad, no intentemos acelerar el proceso, porque llegar a conseguir todo esto de forma completa puede suponer de 1 a 3 meses.

Beneficios de respetar el proceso de adaptación

Si lo hiciéramos así, evitaríamos muchos problemas de neurosis infantiles como miedos nocturnos, enuresis secundarias, retrasos de lenguaje, enfermedades físicas, rabietas, malestar y conflictos de todo tipo que pueden darse hasta años más tarde.

Porque cada niño/a crea sus propios mecanismos de defensa para elaborar el malestar que sufre en este momento de separación.

Pero si respetamos su ritmo,  el niño/a no sentirá la huella del abandono, no habrá ansiedad y los llantos disminuirán muchísimo.

¿Qué pueden hacer las escuelas infantiles para facilitar el proceso de adaptación?



(1) Reforzar el equipo humano

Las ratios, especialmente en los centros privados, son hasta una negligencia. En los periodos de adaptación hay que reforzar la plantilla. Son muy pocos los centros que en el mes de septiembre contratan termporalmente a varias educadoras extra  (al menos 2 meses) para poder reforzar el proceso de adaptación de las nuevas incorporaciones. ¡Y es algo importantísimo!

Se crea mucha angustia y malestar sin necesidad.

Hay que cambiar la manera de entender este proceso, es una fase muy importante en la vida de nuestros hijos/as, y tiene que haber brazos suficientes para que al menos el dolor  de separación producido se pueda acompañar.

Invertir y poner todos los recursos humanos al servicio de las entradas de los niños/as, contando con los profesionales de apoyo, que también pueden echar una mano.

Y si hace falta, buscar recursos externos, apoyándose en la AMIPA del centro por ejemplo.

(2) Facilitar que las familias puedan estar en el proceso

Las figuras de apego del niño/a deben poder estar presentes durante el proceso y esto hay que facilitarlo.

Si las familias no pueden asistir por las mañanas por temas laborales, entonces abramos la escuela por las tardes y que durante unos días las familias  puedan pasar un rato conociendo el espacio y las educadoras. Sé de algunas escuelas infantiles de Cataluña que lo hacen y la experiencia es tremendamente positiva.

Sí, son horas extras para las educadoras pero lo que se ahorran después en llantos y ansiedad, y el beneficio repercutido en los niños/as, no tiene precio.

(3) Informar a las familias de su plan de adaptación

Es importantísimo que los centros informen a las familias de la complejidad que conlleva a nivel emocional el proceso de adaptación para sus hijos/as, y les expliquen con claridad qué respuesta educativa han planteado para adaptarse al ritmo de cada niño/a recién llegado.

El equipo educativo tiene que sentarse, hablar, organizarse y redactar un plan de adaptación que contemple una estrategia de acogida facilitadora e integradora. La triste realidad es que son muy pocas las escuelas que lo tienen elaborado.

¿Qué pueden hacer las familias?

(1) Estar disponibles y presentes durante el proceso de adaptación

Por eso es muy importante que las familias entiendan la necesidad de acumular y guardar días de vacaciones para acompañar este proceso. O al menos, si resulta imposible que mamá y/o papá estén, contar con los abuelos para facilitar esta transición fundamental.

Este momento se da solo una vez en la vida, y nuestra responsabilidad como padres y madres es estar ahí.

(2)  Conocer a la educadora de su hijo/a

Una entrevista previa es fundamental, que tanto familia como educadora tengan información puede facilitar mucho el acercamiento entre el niño/a y el centro. Busquemos tiempo para poder hacerla y preguntamos todas nuestras dudas, nuestras inquietudes, que la relación de confianza con la educadora se inicie desde la familia.

(3) Juegos y cuentos para ayudar al proceso de manera indirecta

Hay juegos que de una manera indirecta pueden ayudar al niño/a a integrar esta separación en su día a día, como por ejemplo el que propones la psicóloga Celeste Vaiana (especializada en crianza y educación), con tubos de papel como si fueran túneles, a través de los cuales los niños/as pueden lanzar sus coches o unas canicas (que representan internamente su relación primaria con el objeto/madre), que desaparecen pero vuelven a aparecer al final.

Así va entendiendo poco a poco que este objeto que no puede verlo por momentos, pero que está (como es la madre), siempre vuelve, y puede volverlo a encontrar.

Otros juegos de aparecer/desaparecer o juegos de separación con cuerdas entre otros pueden ayudar también en este proceso.

También encontramos cuentos, uno muy conocido y que puede ser muy útil es “Siempre pienso en ti” de  Kathi Appelt y Jane Dyer de editorial Juventud.

Un ejemplo de adaptación real



Hay escuelas y centros infantiles  que todo esto que acabo de explicar lo saben y lo tienen muy presente y sus planes de adaptación (o de acogida) son ejemplares. De momento son una minoría pequeña, pero van marcando un modelo que muchos otros pueden seguir (esperemos).

Una de esas escuelas es la escola bressol de Congrés d’Indians en Cataluña.

Algunos detalles de su plan de adaptación:

El tiempo mínimo que la madre o padre (o adulto de referencia) permanecen en el centro es de mes y medio. A partir de entonces podrán salir del espacio de forma gradual.

Al principio son las personas de referencia (padres) quienes con su presencia, dan a conocer las normas y límites propios del centro, para que el niño/a pueda ir estableciendo un vínculo con las educadoras.

La persona de referencia debe estar 100% presente, no se permiten móviles en ningún espacio de la escuela ni para enviar o leer mensajes. Ni tablets ni ordenadores.

Las educadoras respetan el ritmo del niño/a para acercarse y generar vínculo. Esperan que sean los niños/as que se vayan acercando poco a poco, a medida que cogen confianza.

Se le deja siempre su tiempo para que observen y se familiaricen con el entorno.

Durante el proceso de adaptación recomiendan asistir unas dos horas al día y poco a poco ir sumando horas.

Cuando el niño/a ya va estableciendo vínculo con la educadora y los compañeros/as (normalmente unos 15 días después), la persona de referencia irá saliendo fuera de forma gradual (siempre se inicia con salidas muy cortas, unos cinco minutos, y siempre justificadas con el niño/a “voy al  coche a buscar algo”…”, alargando cada vez más el tiempo, pero se acompaña a cada familia según se vayan dando las situaciones.

Se intenta evitar hablar entre los adultos en los espacios del centro pues en todo momento se acompañan niños/as.

Los niños/as en proceso de adaptación siempre deben estar en los espacios donde se encuentren el resto de niños/as y educadoras. No se permite que durante la adaptación un niño/a se quede solo en uno de los espacios solo con la madre o acompañante.

Los niños/as pueden llevar un objeto de transición porque sirve de conexión con la madre y por tanto es una fuente de placer y seguridad.

No sé si recuerdas cómo fue tu propia adaptación a la escuela, o cómo ha sido la de tus hijos/as. Me gustaría que me contaras un poco sobre ello y  me dijeras qué te parece la adaptación real que propongo en este artículo. ¿Nos leemos en comentarios?

Y si te parece que la información es útil, por favor comparte el artículo. ¡Gracias!

Sentirse escuchados y comprendidos permite a los niños liberar sus sentimientos, dejarlos ir y seguir adelante. – Janet Lansbury

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