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Psicología y embarazo

Cambios en el plano emocional




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando una mujer se queda embarazada, por lo general, se suele asumir como una buena noticia. La razón primordial es que, con mucha probabilidad, va a ser el cambio vital más importante que experimenta la mujer así como un hecho que cambiará definitivamente su esquema de vida y sus prioridades.

 

Desde la primera semana hasta el día del parto e incluso semanas posteriores a éste, todo un universo de emociones encontradas ocupan el espíritu de la embarazada transformando no sólo su aspecto físico sino su plano emotivo y psicológico.Por ello, no siempre los efectos que esta transformación produce en la mujer van a ser positivos. También hay pequeñas secuelas psicológicas que, según la mayoría de los expertos, son totalmente normales y se dan a corto plazo. Dos de las más comunes son la depresión post parto y la ansiedad durante los meses de gestación.

 

Hoy se puede elegir

Gracias a la planificación familiar, podemos evitar un embarazo o, por el contrario, elegir que ha llegado el momento de ‘dar el paso’. Según la psicóloga y directora general de Espacio Común, Mariana Segura ‘’ la estructura familiar ha cambiado de manera sustancial ya que, a mitad del siglo XX el embarazo era un hecho consumado y no había lugar a criterio de decisión por parte de la mujer y hoy en día todo depende del deseo de la pareja’’.  

De igual manera, Segura mantiene que la incorporación de la mujer al mundo laboral, o la sociedad de bienestar y  de corte capitalista, van a influir mucho en que los hijos se tengan más tarde y en forma de ‘proyecto’ premeditado, no fruto del azar o la naturaleza. Este va a ser uno de los factores más influyentes en el nuevo sistema familiar que lleva vigente en nuestra sociedad apenas quince años,

 

                                    


Embarazo ‘premeditado’

A pesar de ser una decisión meditada concienzudamente, la mujer presenta, a juicio de la doctora Segura ''una serie de condicionantes psicológicos que le afectan de manera sustancial durante los nueve meses e incluso después del parto y con el hijo en periodo de crecimiento''.

En palabras de la experta, las mujeres occidentales, al tratarse de seres humanos independientes, trabajadores y que aún están luchando en ciertos contextos por sus derechos y la igualdad social, tienen ya de por sí una presión añadida que, a la hora de convertirse en madres, se incrementa en gran nivel.  

Este estrés es el de una 'carrera de fondo' en la que se ven expuestas no sólo a las tareas del hogar, sino a un horario de trabajo fuera de casa, a los quehaceres cotidianos y en definitiva a una especie de 'juicio social' al que son sometidas para valorar cómo realizan todas esas tareas. Es, lo que algunos escritores han llamado de manera anglosajona, superwoman.




                                  






Ansiedad, probabilidad e incertidumbre Ante la decisión de quedarse embaraza y cuando la mujer y el hombre dejan de poner barreras anticonceptivas para que ocurra, las mujeres se enfrentan a tres tipos de sensaciones que tienden a permanecer durante el embarazo y después del mismo.

 

Uno es la ansiedad originada por el deseo que sienten, de tener al bebé. La ansiedad se genera como consecuencia de ‘esa espera a que llegue el gran día’ Por otro lado, el sentimiento de que hay  probabilidad de que ocurra el embarazo, pero igualmente de que no se cumpla.

 

Y en tercer lugar la incertidumbre pues, una vez conseguido el embarazo, un cúmulo de dudas como ‘si nacerá sano’ o ‘seré buena madre’ invaden la mente de la recién embarazada.

 

¿Cómo afectan estas sensaciones a la mujer?

Segura opina que, estos tres sentimientos afectan a todos los niveles de realidad de la vida de la mujer y también de su pareja. La vida social, cultural, emocional, moral o religiosa van a tomar relevancia porque ahora han de ocuparse de ese nuevo ser del que se tienen que hacer cargo e inculcarle todos esos valores que antes no tenían tanta importancia.  

Hoy en día, aparte de que los embarazos suelen ser planificados, la media de edad de una mujer embarazada ha ascendido al menos diez años. Si hace dos décadas las mujeres se quedaban embarazadas en torno a los 20 años, hoy es a partir de los 30 cuando se producen la mayoría de los embarazos.

 

Cuando el bebé no llega

Superada la treintena las mujeres a esa edad han perdido la mayor parte de sus óvulos, y los que le quedan , son de peor calidad que cuando eran diez años menores.

                                  


Esto es un factor importante a la hora de entender el matiz psicológico de los embarazos de hoy en día. Biológicamente, la mujer ha perdido ciertas facultades que le van a influir. Una de las consecuencias de esta larga espera impuesta por el ritmo de vida 'tan relajado' en cuanto a concepción que llevamos, es que en el momento de querer tener hijos, éstos no lleguen o no vengan en condiciones naturalmente idóneas para ellos y para la madre.

 

Consejos para liberar la ansiedad

Por último, la doctora Segura ofrece dos alternativas que, a su juicio, son eficaces para controlar o disminuir ese sentimiento de ansiedad originado por todo lo explicado anteriormente. Uno de ellos será buscar recursos morales o psicológicos en nuestro entorno con el objetivo de  pedir ayuda a profesionales y refugiarnos en la intensidad de las relaciones con nuestros seres queridos. Esto incluye adoptar una postura positiva y optimista hacia el tema.  

 El otro viene de la mano de la ciencia y la tecnología que, con los métodos de detección del embarazo y los diferentes cuidados médicos, harán que los nueve meses de gestación constituyan un proceso sano y llevadero para mujer e hijo.

 

Los expertos recomiendan la consideración y atención total de los seres queridos hacia su amiga, prima, hermana o mujer embarazada, pero sin olvidar que una sobreprotección o una excesiva dedicación al tema pueden ser un factoesr condicionantes para generar estrés y ansiedad en la mujer. Así que lo mejor, como casi siempre, va a ser el equilibrio.

Agradecimientos: a Mariana Segura, directora de Espacio Común.



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