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Mírame a lo ojos: Cómo conectar con tu hijo



Cuando le hablas a otra persona ¿le miras a los ojos? Si un amigo te está contando un problema, ¿le miras a los ojos?¿Conectas con él? ¿Y si es alguien que trabaja para ti? ¿y si es tu pareja cuando llega a casa y te cuenta un problema del trabajo? ¿y a tu hijos?

Muchas personas se sienten incómodas mirando a los ojos a su interlocutor. A mi me pasa, con menor frecuencia que antes. En mi caso, cuando estaba hablando con una amigo/a, si el o ella me explicaba algo, sí me gustaba mirarle a los ojos. Pero si era yo la que hablaba, no. Siempre lo he atribuido a cierta timidez, pero también a la sensación que mirarse a los ojos desvelaba mucho más de lo que yo querría desvelar. Y es que mirar a los ojos transmite transparencia. Hablar sin mirar a los ojos a los demás, me hacía sentir protegida. De hecho, cuando he tenido que dar presentaciones en público (que odio terriblemente) siempre he tendido a encontrar puntos en la sala donde mirar, pero no mirando a las personas. Eso me ponía tremendamente nerviosa.

En el trabajo, durante muchos años o podía sostener la mirada de la persona que fuera mi jefe en ese momento. Me sentía pequeña, disminuida, débil, no podía pensar. Pero generalmente porque la persona me estaba mirando desde una postura superior. Yo sentada y el o ella de pie. Cuando he tenido jefes que me hablan cara a cara, al mismo nivel, no me he sentido así.

Con mis hijas me pasó algo así. En la época en que cierto ogro aun deambulaba por casa, siempre tendía a corregirles y hablarles de pie. Con mi hija mayor, incluso de bebé, solía hablarle con una distancia jerárquica. Era inconsciente. Ella estaba en su sillita o en su cuna y le hablaba más a distancia, a menos que la tuviera en brazos. El camino que voy recorriendo hacia una educación respetuosa para mis hijas me enseñó que las rabietas, los enfados, la comunicación, todo era más sencillo cuando me agachaba y las miraba de cerca. A veces, el padre de las criaturas se encuentra ante una rabieta de la pequeña terremoto y no sabe por donde calmarla. Cuando tomo el relevo y la calmo, siempre me dice que soy una experta de la psicología infantil.

No. No lo soy. Ni siquiera soy psicóloga. Quizá es la costumbre de estar con ellas todas las tardes, quizás es que poco a poco he ido aprendiendo formas de conectar mejor con ellas, mejor de lo que conectaba un par de años atrás. Quizá hay cosas que hoy me salen natural que antes ni se me pasaban por la cabeza.

Cuando vi el título del artículo del País: “Por qué el príncipe Guillermo se agacha siempre que habla con su hijo” tuve claro de qué hablaba el artículo. Pero me encantó las explicaciones que daba el artículo de porqué lo hace y la importancia que esto tiene. Si aun no lo has leído, puedes leerlo aquí.

Para mi, las tres cosas que me han ayudado a conectar mejor con las pequeñas terremoto y que al principio me costaron un mundo son: hablarles a la misma altura, no interrumpir y empatizar.

Hablar mirándose a los ojos

Ahora estoy más acostumbrada a mirar a los ojos. Empecé con mis hijas, y he ido sintiéndome más cómoda con todo el mundo. Y la conversación cambia. Lo cuenta el artículo que mencionaba antes, pero con niños y adultos podríamos decir que:

Mirar a los ojos, permite conectar con la persona

Mirar a los ojos, cuando se habla, transmite seguridad, transparencia y confianza; y captas más la atención de tu interlocutor

Mirar a los ojos, cuando se escucha, te hace empatizar con la persona que te habla. Porque lo que te dice es tan importante como el sentimiento que esconde la persona tras esas palabras.

En el caso de los niños, para hablar o escuchar mirándoles a los ojos, se le añade el agacharse a su mismo nivel, lo que les sitúa a nuestro nivel, dando importancia a lo que dicen, como hace el príncipe Guillermo y se mostraba en el artículo. Mirarse a los ojos es muy potente. Lo ponemos muy en práctica cuando conocemos a alguien que nos gusta, porque mirarle a los ojos nos produce muchas sensaciones. Nos emociona.

Y si una amiga nos cuenta que está embarazada en una conversación de tu a tu, la sensación, la emoción, es mucho más fuerte! Mirémonos más a los ojos!

No interrumpir

Cuando las pequeñas terremoto me están tratando de explicar lo que les pasa, ya sea ante un enfado o el porqué de un llanto, procuro no interrumpir. No asumir lo que les pasa, ni terminar sus palabras, procuro siempre dejarlas hablar hasta que terminen. Tarden lo que tarden, a menos que tenga claro que no encuentran la palabra y las vea incómodas, las dejo terminar o me esfuerzo por ello.

Las prisas de hoy en día nos hacen muchas veces interrumpir. Presupones lo que la otra persona te va a decir, y terminas su frase. Para terminar antes la conversación, o porque asumes saber lo que le pasa. ¿Cómo te sientes cuando te interrumpen? A mi, personalmente, me molesta mucho cuando me interrumpen.  En el caso de los niños, muchas veces nos pasa que asumimos que no pueden verbalizar lo que les pasa, y lo asumimos y les decimos “lo que te pasa es que estás cansado” (por ejemplo) Pero quizá nos equivoquemos, y es importante no asumir sin dejarles explicarse. Otro ejemplo: cuando las terremoto se están peleando y una de las dos viene a decirme “es que ella…” yo podría terminar la frase y puede que acierte, pues la situación se repite a menudo, pero no puedo estar segura de lo que ha pasado si no la dejo explicarlo.

Otro tema distinto es enseñarles a poner nombre a las emociones cuando no las conocen, pero esa es otra historia.

Empatizar

Empatizar todos sabemos lo que es, pero muchas veces nos olvidamos de hacerlo. A mi me ha costado mucho borrar de mi diccionario personal el “pero si eso no es nada!” cuando una de las terremoto venía contándome que se había hecho la tremenda herida jugando. Quizás para mi no es nada, pero para ella sí lo es. Quizá es un corte pequeño, pero escuece mucho. No lo sé si no presto atención tanto a lo que dice como a lo que está sintiendo, y valido sus sentimientos. Cuesta, y se me escapa involuntariamente muchas veces, pero voy intentándolo.

Otro ejemplo sería cuando se pelean con sus amigas. Quizá la amiga de una de ellas se haya saltado la fila para pasar delante en el columpio o le haya dicho que no quiere ser su amiga, y a mi me puede parecer, desde mi visión “de adulto” que esa pelea es una tremenda tontería. Pero para su mundo, para su realidad, es horrible!! Quizás el que se le colaran en el columpio hizo que no le diera tiempo a subirse, o quizá en su cabecita puede estar pensando que jamás su amiga va a volver a jugar con ella, y eso a ella le apena. Validar sus sentimientos, ponerme en su piel, en su contexto, es bien importante.

Estas tres características es lo que yo entiendo por escucha activa. La escucha activa se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo (definición de wikipedia).

Para escuchar activamente hay que dejar lo que se está haciendo, no ponerse a pensar en otra cosa, prestar completa atención, sin tratar de predecir lo que la otra persona dirá o la otra persona siente.
 

Archivado en: Crianza respetuosa, Maternidad y Crianza
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