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Acompañar las emociones

A veces, por mucho que queramos hacer cualquier cosa por nuestros hijos, nos encontramos que no sabemos como hacerlo.

A veces, ponemos todo de nuestro lado, pero sencillamente no logramos ponernos en la piel del pequeño/a, no logramos saber qué le sucede.

A veces hay situaciones que nos superan, que nos ponen a una pequeña personita delante que está sufriendo por un motivo y otro, y nosotros no podemos ayudarla. No por falta de ganas, sino porque no sabemos cómo.

Porque si ya es difícil a veces entender y comprender las rabietas cuando son aun pequeños, cuando crecen uno pensaría que es más fácil porque ellos ya saben expresar lo que necesitan.  Pero ¿y si no saben que les pasa?

¿y si no comprenden sus propias emociones?

Es algo que me di cuenta cuando a terremoto mayor tuvo el miedo a tragar que la tuvo casi dos meses a dieta líquida. Ella nos decía que no entendía de donde venía el miedo, que tenía hambre y que quería comer normal, como antes, pero que no podía. Ella se enfadaba, lloraba, no entendía porque le pasaba eso.

En esa ocasión pasamos por fases de todo, de desesperación, de no darle importancia para que ella no se la diera, de intentar averiguar de dónde vino ese miedo de fondo, de ver qué estaba viviendo ella que se manifestaba así, de buscar ayuda por activa y por pasiva, de inventar alimentos líquidos, de probar las mil maneras de que ella se sintiera segura de masticar y tragar la comida.

Fueron muchas acciones juntas, algunas acertadas y otras no, las que nos llevaron por el buen camino para superar ese episodio. Para que ahora ella disfrute comiendo casi de todo, para que ella no deje de comer en todo el día, aunque también puede pasar sin comer si tiene otra actividad que le resulta más interesante. Ella sigue refiriéndose a esa época como “el problema” pero expresa convencida que lo superó y no le volverá a pasar (y yo espero que así sea)

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Ahora nos enfrentamos a otra situación, completamente distinta pero con un punto en común. La pequeña terremoto no quiere ir al colegio. El inicio de este nuevo curso, que aquí es en Marzo, le ha cambiado completamente la percepción del colegio. Todo el curso pasado llegaba feliz, corriendo y se despedía rápido porque tenía mucho que hacer en clase. Este año, los primeros días fueron terribles. No era solo no querer ir, es que sus propios compañeros no entendían qué le pasaba. Expresaban abiertamente que ella no era así. Una de sus compañeras le contaba a su mamá:

Algo le pasa, porque ella siempre se ríe, y ahora solo llora

Es duro cuando una pequeña de 5 años te dice eso, más si es sobre tu hija. Pero era evidente, porque por las tardes seguía igual. Sin ganas de jugar, sin ganas de hacer nada. Me he sentado a hablar con ella infinidad de veces, para saber qué es lo que no le gusta del colegio ahora, y los motivos han sido tan variados como dispares. No sabe bien. Pero ella, que es independiente y autónoma, ahora se pega a mí todas las horas del día.

Y ahí es donde veo, una vez más, la importancia de conocer las emociones en los niños, de aprender sobre ellas. Pero también me ha hecho darme cuenta que como padres es difícil, porque no tenemos miles de casos parecidos, porque la teoría a veces no encaja con la práctica. Cada caso es un mundo y a veces, uno se equivoca varias veces antes de dar con el camino correcto.

Hemos probado a distraerla con cosas que la hacen feliz, pero no creo que sea la solución, pues no averiguamos que le pasa. Hemos probado a validar sus emociones, diciéndole que llore cuando sienta pena. Pero vemos que no siempre la ayuda, o quizá escucha demasiado durante el día el famoso “no llores” y siente que no debe hacerlo. Un día, le dijo a su padre:

Yo intento controlar mi sufrimiento, pero a veces no puedo

¿Qué hace uno frente a una frase así? La pequeña tiene solo 5 años! He hablado mucho con ella sobre este inicio escolar, sobre cómo ha ido el día, sobre las cosas felices del día…y no sabe decirme cuál han sido. Los primeros días su expresión facial, su tono de voz, todo cambió. No tenía expresión, podías leer la tristeza en su cara. Era impactante.

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Ahora, parece estar algo mejor, pero es entrar por el colegio, y se agobia y se le humedecen los ojos. Llega a la puerta de su clase conteniendo el llanto, y entra resignada después de un abrazo que la hace liberar aun más lágrimas.

Creo que lo más difícil es saber que una vez cruzada la puerta del colegio no puedo ayudarla, depende de la empatía, el tiempo y la comprensión de los adultos que se crucen en su camino. Depende de que, entre lo que cuesta atender a 20 niños de 5 años en una sala de clase, van a poder tener el tiempo de ayudarla a superar este momento para que disfrute de su año escolar, o si escuchará un “no llores” asumiendo que tiene mamitis y ya.

La pequeña de las terremoto es una niña que nunca ha tenido problema en expresar sus emociones de forma muy vital, muy auténtica. Cuando ríe, ríe a carcajadas. Cuando llora, nadie queda impasible. Porque puede llorar mucho rato, hasta que se sienta tranquila, y llora fuerte! Y cuando se enfada, anda a esconderte. Estos días la he oído gritarle a su hermana con una rabia que no creía posible en una niña tan pequeña. Y en mi casa ya no se grita, así que es algo es doblemente raro.

Y si le preguntas por qué se siente triste, dice que no lo sabe, que solo tiene ganas de llorar. Que no sabe por qué le pasa eso, que siente pena y solo quiere que llegue la hora de salir. Poquito a poquito, hemos ido averiguando que va estando algo mejor dentro de clase, que a veces incluso ríe, pero la entrada sigue siendo un agobio. Nosotros le preguntamos por las cosas que ha hecho, le pedimos que nos cante las canciones que aprende, que nos enseñe sus trabajos, pero hay días que ni eso quiere hacer. Hay días que sabemos que pasa los patios sentada, sola, porque no quiere jugar.

¿qué hacer en estos casos? No lo sé, no tengo soluciones. ¡Cómo me gustaría tenerlas! Supongo que tantas cosas hay por hacer…pero hay que probar, hay que ir tomando caminos e ir viendo si funcionan….y en estos casos la espera desespera, equivocarse es saber que se seguirá sintiendo así. Qué ganas de tener una fórmula mágica! ¿Uno puede conocer a sus hijos pero no saber leerlos siempre? Que ganas que una de sus miradas que tanto transmite, me desvelara el secreto de como ayudarla. Es un aprendizaje más que hay que ir ganando. Espero que este proceso adaptativo se resuelva pronto, porque las semanas se hacen muy largas, y logremos saber qué le duele, que siente, para ayudarla no solo ahora, sino en el futuro.



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