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Miedos, inseguridades y otros mitos sobre la educación activa



Retomando la sección de Soñando una escuela y para celebrar la segunda edición de mi libro “Un cambio de mirada. Los inicios de una escuela pública activa” me gustaría hablaros de algunas resistencias que he ido observando a lo largo de estos años trabajando en la escuela.



Estas resistencias, en muchas ocasiones, derivan del miedo que provoca el abandono de la zona de confort y la inseguridad que genera el hecho de adentrarse en lo desconocido.  En las formaciones que imparto siempre digo que el camino hacia el cambio de mirada requiere de una profunda revisión de uno mismo, una revisión que a veces resulta muy dura de observar y que requiere de un trabajo todavía más profundo.

Pérdida de protagonismo



Algunos compañeros de profesión sienten verdadera preocupación cuando se plantea un sistema metodológico en el cual el verdadero protagonista del aprendizaje es el niño y no el adulto. Algunos centros afirman que los protagonistas son los niños, que ellos hacen y deciden todo el tiempo pero en muchos de los casos son los maestros los que hacen y deciden a su antojo dejando realmente poco margen de acción a los niños.

Un sistema que no prioriza las necesidades auténticas del alumnado, que no atiende sus intereses, que impone constantemente los aprendizajes que han de ser estudiados en el momento y en la forma que al adulto le va bien, no es un sistema que tenga al alumno como el verdadero protagonista.

En realidad, no pasa nada, los niños son capaces de asumir ese riesgo y de volver a conquistar su arrebatado protagonismo. En la escuela es maravilloso observar el grado de atención que tienen los niños con las diferentes propuestas, ya sean de cálculo, arte, escritura o ciencias cuando se acercan a ellas en el momento en que sienten el interés y la necesidad sin una imposición externa.

Es que se pasa todo el tiempo jugando a….



“Es que Pepito se pasa demasiado tiempo jugando a lo que quiere ¡y así no va a aprender nada!” 

Es sencillo: si un niño necesita estar en el espacio que sea las horas que sean es porque lo necesita. Explorar sus posibilidades motrices, de expresión, de interacción y de aprendizaje, estar en contacto con aquello que le ofrece seguridad, investigar acerca de las relaciones sociales… son necesidades básicas que necesitan de práctica para desarrollarse y afianzarse.

Otro concepto que a veces parece no quedar claro es que jugando se aprende, no entiendo por qué a veces el jugar y el aprender parecen dos verbos que no puedan utilizarse conjuntamente.

El adulto ha de confiar en los niños, confiar en que cuando estén preparados aprenderán todo aquello que necesitan para la vida. Se van a ir encontrando con la necesidad de aprender una serie de contenidos para poder acceder a su vez a otros tantos.

Los adultos no nos ponemos al lado de una planta y le vamos diciendo: “venga crece, crece que ya han pasado tres días y no te has movido nada, venga desenvuelve esa flor ya que va a llegar el mal tiempo y se echará a perder, venga bebe un poco más que te estás poniendo mustia…”

No lo hacemos porque una vez la planta tiene un escenario bien cubierto (agua, sol y tierra) confiamos en que la planta siga su curso para cumplir con su propósito de vida. Lo mismo pasa con los humanos: tenemos todo aquello que hay que tener para evolucionar y cumplir con nuestro propósito de vida siempre y cuando tengamos nuestras necesidades básicas cubiertas y un ambiente preparado adecuadamente.

Esto de los ambientes está muy bien pero yo tengo 25 alumnos en mi clase…



Esta frase nunca falla ya sea en una conferencia, charla, debate, curso, jornada de puertas abiertas o conversación indiscreta por las calles acerca del funcionamiento de una educación activa en la escuela pública.

Sí se puede.

Yo misma lo vivo cada día y lo he vivido también en una escuela publica con 200 alumnos circulando libremente y de manera relajada (para que no se me diga que en mi escuela es muy fácil porque son muy pocos alumnos). Tan solo hace falta organización, conciencia y coherencia sobre aquello que se está haciendo. Me apena mucho cuando algunas escuelas ponen en práctica solo algunas partes de una metodología y dicen llevarla a cabo. Un trabajo por ambientes, por ejemplo no consiste simplemente en la preparación de un espacio lleno de muebles de ikea con algunos materiales puestos sin un objetivo concreto… la esencia de la escuela activa radica en dejar que los niños tengan libertad para cubrir sus necesidades constantemente en un marco de respeto mutuo entre adultos y niños. Si esto no puede llevarse a cabo en toda su totalidad entonces se está haciendo otra cosa, que no la critico pero cada cosa por su nombre…

Miedo a la diferencia



Algunas familias sienten una verdadera preocupación cuando ven que su hijo pueda aprender de manera diferente o a un ritmo diferente que el de la escuela de al lado o el de la escuela a la que van sus primos. ¿Si sus hijos aprendieran más rápido que los primos de sus hijos estarían tan preocupados? También serían diferentes… ¿O por el contrario estarían orgullosos de que sus hijos aprenden antes que sus primos las tablas de multiplicar? ¿Entonces que es lo que preocupa: que no sean los primeros en saber las cosas o que no se queden por detrás?

¿Y qué van a aprender si se pasan todo el día jugando?

¿Pero es que tampoco hay deberes?…

…Estas y otras muchas cuestiones forman parte del último capítulo de mi libro. Si te apetece seguir leyendo puedes conseguirlo en el Atelier, mira aquí.

¿Y a vosotr@s os surgen inseguridades cuando iniciáis un cambio metodológico?



¡Nos leemos el próximo mes!



Aguamarina



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