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¿De qué sirve sentirse culpable?

¿De qué sirve sentirme culpable?
 
Esta es una pregunta que me hago justo después de todas y cada una de las veces que me siento culpable, y suelo llegar a la conclusión de que he perdido el tiempo. 

 
Me siento culpable por muchas cosas, incluso por cosas que ni siquiera he hecho yo. No sé cómo lo hago pero siempre acabo encontrando la conexión entre el hecho en si y yo misma, y acabo pensando en que si no hubiera hecho tal cosa ahora no me encontraría con tal otra o que al menos sería de otra manera o no me sentiría así de mal.
 
Sé perfectamente de dónde viene tanta culpa: De la educación (y me refiero a la educación en general, no solo la que me dieron mis padres). Y sin esta culpa, sinceramente, sería más feliz. No puedo evitar tener problemas en la vida, pero sin esta culpa, serían más llevaderos.

 
Creo que todos los de nuestra quinta hemos sido educados de un modo similar: con castigos, premios, con la frase "mira lo que has hecho", haciéndonos sentir culpables por ensuciarnos, negando nuestros sentimientos y obligándonos a no llorar, a que no nos dolieran los golpes por caernos del columpio..... Y es que solo uno sabe perfectamente lo que está sintiendo y si de niños nos permiten "sentir", de mayores lograremos no sentirnos tan culpables. En este artículo expliqué lo necesario que es para la autoestima de los niños el que les permitamos ser dueños de sus emociones.

A nosotros no nos dejaron ser dueños de ellas, nos hicieron negarlas y esconderlas. Y la intención era buena, querían hacernos fuertes, pero el resultado fue el miedo, la culpa, la inseguridad..... 
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Yo no era una niña que se portara mal (no recuerdo que me castigaran nunca y a penas tenían que regañarme), pero por el contrario sí observaba las consecuencias que tenían los demás cuando hacían algo que no tocaba y recuerdo que siempre pensaba en que eso podría pasarme a mi. Era como si aquellos castigos los recibiera yo en primera persona. Era una niña inhibida, ahora lo sé. No solo era timidez, era que no me atrevía ni a pestañear por miedo a cagarla y que nadie me quisiera. Ana nos explica cómo dejó de castigar a sus hijos en su diario de educar sin castigar y el impacto que tuvo en su peque saber que no iba a ser castigado más. 
 
  

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Puedes pensar que a pesar de todo aquí estoy, sin traumas, intentando emprender un proyecto que va justo de lo contrario a lo que yo viví en todo mi alrededor. Pero mi trabajo me está costando porque esto es como nadar a contra corriente. Aún está muy arraigado el estilo educativo con premios y castigos en nuestra sociedad y el primer muro que me encuentro es en mi propia casa, con la propia educación de mis hijos, ya que soy la única que intenta educar a los niños sin premios ni castigos (escribí sobre porqué no quiero educar a mis hijos con premios y alabanzas en este artículo de mi blog).

 
Te puedo decir que si me hubieran educado para pensar por mi misma, para sentirme segura y confiar en mis decisiones, si no me hubiesen enseñado que lo que hay que hacer cuando una se equivoca es castigarse y contra más rato mejor, si me hubiesen ayudado a buscar soluciones en lugar de centrarme en el problema, si me hubiesen respetado teniendo en cuenta mis emociones y sentimientos ...... sería más feliz (quiero dejar claro que la intención no era esa y que, a pesar de ello, todo puede cambiar y podemos borrar nuestras grabaciones internas por otras nuevas más válidas para nuestra vida). Yo lo estoy logrando poco a poco, mis hijos están siendo mis grandes maestros en esto. 
 

Pero volviendo al tema....¿Es esto lo que quiero para mis hijos? ¿Que sean infelices? ¿Que la culpa los paralice y no consigan aprender de los errores? ¿Que se sientan fracasados si las cosas no van bien? ¿Quiero que vivan dependientes del resultado? Definitivamente NO.
La culpa paraliza y no deja avanzar.
 

Quiero que mis hijos sean felices, se sientan seguros de sí mismos, se respeten y se rodeen de gente que les respeta, que se perdonen a sí mismos por sus errores y sepan buscar soluciones a los problemas.
 

Hace tiempo que me di cuenta que castigando, haciendo sentir culpable, pegando, haciendo mimos y cariños como premio, etc .... No iba a conseguir lo que quería. Por eso, hace tiempo, encontré en la Disciplina Positiva lo que creo firmemente que sí funcionará. Ya he hablado mucho sobre la disciplina positiva, y resumiendo mucho y poniendo un ejemplo que puede dar mucho que pensar, educar a los niños con Disciplina Positiva es tratarlos del mismo modo que tratarías a tu mejor amigo (tratarlos ojo, que no educarlos, porque a un amigo no lo educamos nosotros, a los hijos si y ahí hay una diferencia):

¿Si a tu mejor amigo se le cae un vaso de agua le riñes o le dices no pasa nada y le ayudas a limpiarlo?

¿A tu mejor amigo le castigaría por equivocarse? ¿Le pegarías una cachete o un coscorrón?

¿Si tu mejor amigo se hace daño le dices?: ¡eso no es nada, no te quejes que no duele!

¿Si tu mejor amigo esta triste y llora le dices que los mayores no lloran o le ofreces tu hombro?

¿Por qué no hacemos lo mismo con los niños? ¿Es que no tienen los mismos derechos que los adultos? ¿A caso no son personas? 


Aunque las cosas que les pasan a lo niños no sean problemas en el trabajo, de no llegar a fin de mes, de relaciones de pareja, SÍ son importantes. Son sus primeros conflictos en la vida, aunque solo sea una pelea por un juguete o un pequeño rasguño después de una caída de la bici. Son sus primeras veces en todo, sus primeras decepciones, sus primeros golpes. Y de estas primeras veces van a sacar sus patrones para solucionar sus problemas en la vida adulta. ¿No crees ahora que son incluso más importantes que los problemas de los adultos?

¿Te acuerdas tu de cómo viviste tus primeros problemas de niña o adolescente? ¿Eran los más importante del mundo en aquel momento?
 
 
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