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Una carrera de obstáculos con final feliz.

Hace unos meses creé una nueva sección en el blog “Tu parto” donde mamás nos cuentan su experiencia con sus embarazos y parto, esta semana tengo un testimonio de Marta de La fábrica de los peques, ella es mamá de un bebé de 18 meses, donde le tocó vivir como el nombre del post dice: Una carrera de obstáculos con final feliz.
Te dejo con Marta y su testimonio:
¡Hola! Soy Marta, del blog “La Fábrica de los Peques”. Hoy, vengo a “Sin Miedo al parto” a visitar a Valle,  y a contarte una parte de mi maternidad, de la que no he sido capaz de hablar hasta ahora. Cuando leas mi testimonio, entenderás por qué he escogido este lugar para contarlo.
foto 1

Tengo 34 años y un hijo precioso de 18 meses, que se llama Yago. Pero, mi experiencia con la maternidad no comienza con él, sino dos años antes.
En junio de 2014, unos meses después de fallecer mi madre, me quedé embarazada. No sé si fue el mejor momento o no. Pero, creo que hay cosas que llegan, cuando menos las esperas.
Psicológicamente, mi mente aún estaba con mi madre. Pero, la verdad es que este embarazo supuso una inyección de alegría, tras los duros meses que habíamos vivido.
Sin embargo, la alegría no duró mucho. En la semana 13, y un 13 de agosto (y eso que yo no soy supersticiosa), fuimos a una ecografía y me dijeron que mi bebé venia mal. Padecía el “Síndrome de bridas amnióticas”, una patología muy poco común, en la que hay diferentes grados. Pero, en nuestro caso, era tan grave que comprometía su vida, porque afectaba a órganos vitales. Mi mundo se derrumbó cuando los médicos nos dieron la terrible noticia. Mi bebé no iba a sobrevivir, ni dentro ni fuera del útero. Así que, en la semana 14 tuve un aborto inducido, que es como un parto inducido pero sin final feliz. Imagínate la bofetada. Desde luego, el 2014 no fue mi año. Y parece que es verdad eso de que <<no hay dos sin tres>>, o que <<las desgracias nunca vienen solas>>.
foto 3

Durante los tres meses que tuve que esperar, para volver a intentar quedarme embarazada, no me hicieron pruebas específicas de nada, porque consideraron que había sido algo puntual. Incluso, el médico llegó a decirme que este síndrome era tan difícil que te tocara, como el “Gordo” de la Lotería de Navidad. Así que, la probabilidad de que se repitiera, era bajísima.
Los meses pasaron y, antes de plantearme de nuevo la maternidad,  vino a hacerme una visita, una vieja amiga: “la enfermedad de Crohn”. Vivo con ella desde los 20 años. Es una enfermedad crónica y autoinmune, que viene y va, cuando quiere y cómo quiere.
¿Y por qué te cuento esto ahora? Pues, porque cuando mi enfermedad está en fase activa, no puedo intentar quedarme embarazada. Así que, cómo tuve un brote grave, me ingresaron en el Hospital. Al cabo de un tiempo, me recuperé, y me mandaron una colonoscopia.
Una vez que terminó éste episodio, ya era casi verano, otra vez. Había pasado un año desde mi primer embarazo. Estábamos en junio de 2013, y los médicos me dieron luz verde para intentarlo de nuevo.
Un mes después, ya estaba embarazada. Pero, con tan mala suerte que, a los poquitos días, tuve un aborto bioquímico. Los ginecólogos me explicaron que éste tipo de pérdidas eran muy habituales. Aunque el test de embarazo había dado positivo, la implantación no había llegado a producirse. Y otra vez, mi mundo se derrumbó.  Aunque, en este caso, no tuve que esperar tres meses para intentarlo de nuevo. Tan sólo, debía dejar pasar una regla.
Así lo hice, y me quedé de nuevo embarazada en septiembre de 2013. Éste ya era el embarazo de Yago. Pero, no venía sólo. Traía un hermanito o hermanita con él, que no sobrevivió. En la semana 8, su corazón dejó de latir. Jamás habíamos tenido antecedentes de mellizos en la familia. Sin embargo, ni siquiera me dio tiempo  a asimilar que eran dos, cuando ya sólo estaba Yago.
foto 4

Este embarazo, por suerte, tuvo final feliz, porque Yago nació sano y yo me convertí en madre. Es la alegría de mi vida y la luz de mis ojos. Pero, no te imaginas el embarazo que pasé. En lugar de disfrutarlo, lo viví con muchísimo miedo. Todas las experiencias por las que había pasado se apoderaron de mi vida y de mi mente, en forma de ansiedad y depresión. Fue horrible.
Por un lado, estaba embarazada, y Yago venía bien. Aquello que durante tanto tiempo había soñado, era una realidad. Y por otro lado, la vida había sido tan dura conmigo, que toda esa fortaleza con la que había permanecido durante años, se desplomó de repente.  Gracias a mi marido, a mi familia, a mi esfuerzo diario, a la ayuda psicológica y a las pataditas de Yago, conseguí encontrarme un poco mejor en el último trimestre del embarazo.
Y el punto final de este testimonio lo marca mi parto, que fue de los que dejan huella para siempre. A las dos de la madrugada, del día 1 de junio de 2014, rompí aguas. Y fue tan abundante la cantidad de líquido que derramé, que nos fuimos rápidamente al hospital. Allí comprobaron que Yago estaba bien. Pero, como había perdido mucho líquido y le bajaron un poquito las pulsaciones, decidieron inducirme el parto.
Yo pedí la epidural, pero no la anestesia, sino la analgesia. Me explicaron que, con la primera no podría moverme, pero que con la segunda podría incluso caminar. Y nada más lejos de la realidad. Ni podía moverme, ni podía caminar. Estuve allí tumbada, hasta que la oxitocina hizo su efecto. Tuve ansiedad, miedo, temblores, taquicardias, mareos y dolor.
A las tres de la tarde, 12 horas después de llegar al hospital, decidieron llevarme al paritorio. Y después de 20 o 30 empujones, y un rodillazo de la matrona (hoy sé que a eso se le llama “maniobra de kristeller”), que me dolió más que el parto entero, nació mi bebé. Me lo pusieron encima y me dijeron que estaba bien. Aquel fue el momento más maravilloso del mundo. El tiempo se detuvo de repente. No había ansiedad, ni depresión, ni miedo. Ya no existían aquellas vivencias pasadas. En ese momento, estaba tan feliz con mi niño, que desconocía lo que me esperaba a mí.
Al momento, comenzaron a entrar muchos ginecólogos, y a mirarme. Yo estaba tan pendiente de Yago, que ni me di cuenta. Al cabo de un rato, uno de ellos me informó de que había tenido un desgarro tipo 3 (hay hasta 4 tipos, dependiendo de la gravedad), y me habían dado casi treinta puntos, internos y externos, porque habían tenido que reconstruirme la zona. Todo ello, después de hacerme una episiotomía.
Y ahora, es cuando te estarás imaginando que mi hijo debió pesar cinco kilos al nacer, y por eso tuve un desgarro tan grande. Pues, nada más lejos de la realidad. Yago pesó 2,9 kg.
Los días, semanas y meses posteriores, fueron muy dolorosos. No me pude sentar durante un mes y medio. Y la cuarentena me duró tres meses. Después, he tenido que hacer rehabilitación durante seis meses, y hoy por hoy, aún no estoy recuperada, ni sé si algún día podré estarlo.
Los ginecólogos lo achacaron al Crohn. Pero, mi doctora de digestivo me dijo que no. Que el hecho de tener esta enfermedad no incrementa el riesgo de desgarros tan graves.
¿Fue negligencia entonces? Nunca lo sabré. La cuestión es que hoy, mi bebé tiene 18 meses, y yo aún no estoy recuperada físicamente.
Cuando conocí a Valle, y su proyecto “Sin miedo al parto”, pensé que, a veces, la vida te pone delante a las personas que necesitas, en el momento adecuado, por algún motivo.
Por eso, hoy estoy aquí contándote esta parte de mi maternidad. Porque espero que mi testimonio ayude a otras mujeres. Cuando yo viví todas aquellas experiencias, busque y busqué en Internet, pero no encontré ningún sitio como éste. A veces, cuando te encuentras tan mal, necesitas escuchar vivencias que, aunque hayan sido muy duras, han tenido un final feliz. Necesitas conocer casos que, aunque no hayan sido caminos de rosas, han visto la luz al final del oscuro túnel.
Y ahora ¿Cómo he de enfrentarme a un nuevo embarazo en el futuro? ¿Cómo puedo vivir un embarazo y un parto sin miedo, después de todas las experiencias vividas?
Confío en que Valle, experta y profesional en la materia, nos pueda dar algunas pautas de cómo afrontar este tipo de situaciones. Os dejo con ella.
Un saludo, Marta.
firma
¿Has sentido en tu embarazo miedo, ansiedad, te has dado cuenta que no estás disfrutando de tu embarazo? ¿Quieres regalarle a tu bebé el nacimiento que se merece? Puedo ayudarte, los miedos pueden superarse y disfrutar de tu parto es posible.
¿Quieres tener una sesión online para conocernos y contarme tu caso para ver como puedo ayudarte?
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Etiquetas: Tu parto

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