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6 razones por la que no debes castigar a tus hijos

Cuando un padre imparte educación desde su hogar no necesita imponer castigos. Si la fórmula de comprender y educar a los niños funciona, dejas claro cuáles son los límites, al igual que las normas del hogar, jamás pensarás en castigarlo.

Castigar es maltratar no es efectiva

El castigo es una forma de maltrato que tampoco resulta efectiva

El castigo puede dar resultados para los adultos, pero no es bueno para el niño. Te invito a reflexionar sobre cómo te sentías cuando te castigaban de niño y podría asegurar que era la medida disciplinaría más frecuente.

Lo que el niño entiende del castigo en su conducta

Los niños desde pequeños, aprenden a reconocer sus errores. Cuando hacen algo, sea bueno o malo, saben que tendrán consecuencias. Ahora, la manera de hacérselo entender no debe ser por la vía del castigo.

Cuando tú, como madre, aplicas un estilo de crianza efectiva, tendrás el castigo como última opción. Claro está, nunca faltará ocasiones en la que presente una conducta desafiante, ya sea para ponerte a prueba o simplemente como desobediencia. Es ahí donde piensas en el castigo, pero ahora te preguntas a ti misma ¿Qué tipo de castigo aplico a mi hijo?

Primero establece el “cuando castigar a tu hijo” esto dependerá de tus costumbres familiares. Se supone que entre tus pautas de crianza estableces límites. Cuando esos límites son traspasados, es momento de un castigo.

El castigo enseña el por qué de una acción, no modifica la conducta de tu hijo

El castigo debe ser algo puntual y racional, no pienses en el castigo para perjudicar al niño, a hacerlo sentirle mal emocionalmente. De esta forma el castigo perderá el sentido y su efectividad. Se debe aplicar de forma inmediata a la acción y por corto tiempo, un castigo raramente se cumple y de cumplirlo sería exagerado.

Efectos negativos que causa el castigo en los niños

El castigo genera en el niño incertidumbre, siendo una medida vacía que no conlleva a ningún aprendizaje. En este sentido un niño castigado tiende a desarrollar respuestas como las siguientes:

1. Resentimiento hacia quien impone el castigo.

Al niño nunca le parecerá justo que los castiguen, pensará que no se lo merece, siempre será humillante y además parecerá exagerado al no guardar proporción a la conducta que se trata de corregir.

2. Sentimiento de revancha.

Lo más probable es que trate de repetir la conducta, pero esta vez cuidarse que sus padres no se enteren.
castigo induce rebeldía en niños

Resentimiento, venganza, conducta rebelde... ¿Eso quieres para tus hijos?

3. Desarrollan conductas rebeldes.

Ya que consideran injusto el castigo, ahora lo harán sólo para vengarse de los padres, “si hago lo contrario a la conducta, me gano el castigo, pero con seguridad se molestarán por lo que hice”.

4. Afecta la autoestima de los niños.

Como ya decía, el castigo humilla a quien lo recibe. La sola acción de castigar, incluso cuando no se llega a cumplir el castigo, terminará afectando emocionalmente al niño, hasta el punto de sentirse infravalorado, bajando su autoestima.

5. Crean barreras en la comunicación.

Si no te comes toda la comida y te mandan a tu cuarto ¿Cómo le explicas a tus padres lo que sucede? El castigador se encarga de alejar a su hijo impidiendo comunicación, incluso, por mostrarse molesto ante sus acciones.

6. Crea niños dependientes.

La autonomía se ve afectada, ya evitará tomar la iniciativa por miedo a equivocarse, evitando todo lo que conllevaría al tan temido castigo.

El castigo es un fracaso en la educación, el castigo le enseña a asumir que todo lo hace mal, dejándole dos caminos según su temperamento: Ser un adulto agresivo o sumiso.

Psic. Infantil Rosa Jove

Artículo completo: "Hay que castigar a los niños"



En conclusión, el castigo en los niños es algo inútil que deja marcas en la emocionales, más de lo que puede enseñar. No modifica la conducta, que en principio es lo que se quiere cambiar, así que el castigo no funciona. Hay modelos de crianzas más efectivos, respetuosos, fomentando valores y fortaleciendo la convivencia familiar.

Si aún lo haces cuestiónate sobre lo que haces, siempre que reflexiones estarás a tiempo de cambiar tu crianza.

Fuente: este post proviene de Crianza Efectiva, donde puedes consultar el contenido original.
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