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A los profesionales que velan y luchan por el parto respetado



Ha pasado ya un mes desde que di a luz a mi tercer bebé y sí, suena tópico pero a la vez que parece que fue ayer, también parece que fue hace una eternidad. Siendo una experiencia reciente la siento ya lejana, como si hubiera ocurrido hace meses. Qué curioso es el sentido del tiempo. Imagino que el no haber tenido puerperio, o no haberlo vivido como debiera, influye.
Si bien he podido contaros la experiencia de mi parto, me he quedado con las ganas de hablar a fondo de un aspecto fundamental de él, le preferido madurar un poco esta entrada y hacerla aparte por no alargar el relato de mi parto, y porque merece una atención especial.
Como sabéis, preparé mi plan de parto a conciencia con todo aquello que creía necesario llegado el momento. Lo cierto es que no puedo tener queja de la atención recibida en mis anteriores partos, pero dado que nunca sabes quién te va a tocar llegado el momento, para mi era fundamental dejar constancia de mis deseos y preferencias, para que no hubiera lugar a dudas.
Al igual que en las experiencias anteriores, mi plan de parto iba a modo de carta integrado en la cartilla de embarazo, de tal manera que cualquier profesional sanitario que la revisara durante mi parto tendría acceso a ella. No recuerdo en qué momento entregué la cartilla, creo que fue cuando el ginecólogo me vio para comprobar la evolución del parto. Tampoco se si se lo llegaron a leer.
Y yo tampoco insistí en ello. En ese momento no me salió. El caso es que todo lo sucedido durante el parto fue sucediendo de manera espontánea.
En mis partos nunca había intervenido un ginecólogo, y en este realmente tampoco más allá de verme en la consulta de urgencias. Se pasó un par de veces por el box de dilatación pero no fue partícipe de mi parto, todo el trabajo lo realizó una matrona. Siempre me han atendido matron@s.
Cuando me llevaron a dilatación era la hora del cambio de turno, llegó la matrona que recién acababa de entrar a trabajar y se presentó muy educadamente. Es lo que yo llamo empezar bien, porque es fundamental saber a quién tienes delante para establecer una pequeña relación de confianza. Se presentó, me habló de tú cariñosamente y me dijo que ella sería la que estaría conmigo en todo momento. La primera impresión no pudo ser mejor.
Cuando fue a ponerme la correa del monitor me dijo que debía acostarme en la cama. Yo le respondí que no quería estar acostada porque esa postura me bloqueaba totalmente y el dolor se intensificaba, que prefería que no me pusiera los monitores. Me dijo que solo sería unos minutos para controlar el latido fetal y que una vez comprobara que mi bebé no hacía braquicardias podría levantarme y moverme.
Así fue, apenas estuve unos minutos en esa postura, en cuanto salió del box me incorporé y comencé a buscar postura. Caminando, de pie, en cuclillas... En el fondo todo me dolía, tanto que la idea de la epidural rondaba mi cabeza. Como he dicho más de una vez, no hay que hacerse la valiente y en esos momentos de dolor intenso es normal flaquear. La matrona entró de nuevo, le pregunté por la señora epidural y sin decirme ni sí ni no, viendo mi estado de dolor, me preguntó si quería que me trajera la pelota suiza y la mascarilla de Entonox. Dije que sí a todo, por supuesto.
Desde ese momento hasta el expulsivo tengo la sensación de que todo fue muy rápido. Me trajo la pelota, me ayudó a sentarme en ella, me enseñó a moverme para aliviar el dolor, me dio la mascarilla... Me acompañó muy respetuosamente ayudándome a aliviar el dolor con métodos no farmacológicos. No se lo tuve que pedir, fue ella la que colaboró en todo momento sin yo decir ni una palabra.
Bascular mi pelvis en la pelota me ayudó muchísimo para preparar el expulsivo, solo estuve unos minutos en ella porque enseguida noté que mi bebé estaba ahí, me levanté y mi cuerpo me pedía estar de pie. La matrona me aconsejó ponerme en la cama para proteger el periné eligiendo yo la postura más cómoda y me puse como mi cuerpo me pidió, en decúbito lateral izquierdo. De pie le resultaba más difícil proteger mi periné y de esa manera podía ayudarme durante el expulsivo y yo adoptar una postura cómoda.
El expulsivo fue espontaneo, no dirigido, ella se limitaba a animarme y masajear el periné a medida que mi bebé asomaba la cabeza y conforme mi niño salió lo puso sobre mi.
En ningún momento le dije nada al respecto, ella lo dejó desnudo sobre mi, dejó el cordón latir, sin prisas. Mientras me decía lo bonito que era lo bebé, lo bonito que había sido mi parto, velaba por que la placenta saliera sin complicaciones, masajeando mi vientre para ayudar. Todo lo que le tenía que hacer a mi bebé lo hizo con él sobre mi, sin separarnos, sin prisas. Ni siquiera le puso un pañal, las casi dos horas que estuvimos allí hasta que nos llevaron a la habitación estuvimos los dos juntos, desnudos piel con piel, tapados con una sábana.
Es increíble cómo fluyen las cosas cuando el profesional sanitario trabaja por un parto respetado. Es algo que saco en conclusión de mis tres partos, la tranquilidad que se respira en ese ambiente es incomparable.
La matrona que atendió mi último parto no leyó mi plan de parto, y no hizo falta. Ella puso toda su voluntad y profesionalidad para que mi parto fuera lo más natural y lo menos intervenido posible, para que fuera un parto respetado. No me impuso su criterio ni protocolo alguno. No buscó hacer su trabajo rápido y cómodo. Me ayudó con todos los medios a su alcance sin intervenir, sin manipular. Simplemente me acompañó.
Gracias a mi matrona y su manera de trabajar respetuosamente me sentí protagonista de mi parto, me sentí cómoda, segura y en confianza. Debería ser así siempre. Ojalá no tuviéramos que presentar plan de parto teniendo que dejar claras nuestras voluntades, ni ir a dar a luz con miedo, desconfianza, a la defensiva.
Acciones tan sencillas como presentarse personalmente, hablarme con cariño y empatía, no hacer nada sin consultarme antes, preguntarme en todo momento qué necesitaba yo, animarme, dejarme parir como me pedía el cuerpo, no separarme de mi bebé en ningún momento, facilitan muchísimo la el momento de dar a luz, y lo contrario puede convertir tu parto en un auténtico infierno.
Mi matrona se "molestó" un poco al ver que yo había presentado mi plan de parto. En el fondo no deja de pensar que si ella trabaja para hacer del parto un momento lo más agradable y fácil posible, por qué le van a cuestionar que no sea así. Me dijo que trabaja y pone todo su empeño para que el parto de cada mujer sea lo mejor posible para ella. Me preguntó si había actuado mal en algún momento o había realizado algo con lo queyo no estuviera a gusto y yo le respondí que todo lo contrario, que su trabajo había sido maravilloso y que ojalá tod@s fueran como ella. Pero que desgraciadamente no es así, no siempre te encuentras con gente tan competente y ante eso tenemos que echar mano de los recursos que tenemos para dehar clara nuestras voluntades.
Tres partos, y en los tres me he encontrado con matron@s muy respetuos@s que creen que a la mujer hay que dejarla dar a luz, hay que acompañarla, apoyarla e informarla. No he vivido partos dirigidos ni protocolarizados porque me dejaron parir sin intervenir, simplemente acompañándome y facilitándome la tarea con medios respetuosos y no invasivos. Soy consciente de que eso hoy por hoy sigue siendo un privilegio, cosa que me ha permitido guardar un maravilloso recuerdo de mis partos.
Definitivamente estoy segura de que algo está cambiando, aunque sea poco a poco, y que tanto nosotras, las mujeres que vamos a parir, como ellos, los profesionales en cuyas manos nos ponemos, podemos hacer mucho.
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