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La lactancia materna, no siempre tan fácil

No hace mucho os hablé de que conseguir un embarazo no siempre es un camino de rosas (y por supuesto, muchos embarazos tampoco lo son). Otra de esas cosas que parece fácil y muchas veces no llega a serlo es la lactancia materna; hoy os voy a hablar de ello... un papá hablando de lactancia materna (y cada vez somos más, por suerte).

Nuestra primera experiencia no fue sencilla. Pensábamos que sabíamos lo suficiente como para tirarla adelante sin problemas, pero a los pocos días del nacimiento de la pequeña, en la primera revisión, algo no iba bien: Aún estaba lejos de recuperar el peso que tenía al nacer y saltaron las alertas en la consulta de la enfermera. Por suerte, un familiar nos recomendó visitar un pediatra especialista en lactancia materna: Luís Ruíz. Gracias a su experiencia y asesoramiento conseguimos que la lactancia fuera como tenía que ir; los problemas? Mala posición y frenillo corto del bebé. Si no nos hubieran recomendado ese médico, seguramente no estaría escribiendo este post.
Teniendo en cuenta nuestra propia experiencia y la de alguna gente cercana, creo que quedan muchas cosas que aclarar en este aspecto y, en los cursos de preparación al parto, deberían enseñarse cuáles son los problemas más comunes que pueden aparecer: La posición del bebé al mamar (ya que influye en la aparición de las dichosas y dolorosas grietas), la inclinación de la cabeza, la apertura de la boca, la frecuencia de las tomas o el posible frenillo corto. Si no se tiene solucion a estos problemas, el riesgo de abandono aumenta.
Los padres lo pasan muy mal en situaciones así; por si fuera poco, a veces también toca lidiar con comentarios como que “el bebé se va a poner enfermo”, “dale un biberón que es más fácil” y otros parecidos. Aquí es donde nuestro papel como papás se hace importante; si la madre está decidida a seguir con ello debemos dar apoyo incondicional y ayudar a gestionar torear estas situaciones para intentar evitar un fracaso de la lactancia materna.
Al final todo se resume en tener información y en hablar claro… no pintemos de color de rosa cosas que luego igual no lo son, porque después aparecen las decepciones.

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