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Mi bebé no habla, ¿debo preocuparme?

Mi bebé no habla. Y estoy segura de que no soy la única madre que madura en su cabeza la idea de si debe preocuparse o no por que su bebé no habla. Evidentemente, una no se preocupa por que su bebé no hable a los 6, 9 o 12 meses. Incluso a los 15, tampoco quieres darle mayor importancia. Pero llegados los 18 meses y ver que no pronuncia una sola palabra, no es que me preocupe, pero me inquieta. Mi bebé tiene 20 meses y no habla. Nada. Sin embargo, con 9-12 meses sí lo hacía, o al menos lo intentaba. Decía mamá, papá, monosílabos varios y sonidos variados. Sin embargo, en lugar de evolucionar, su comunicación oral ha ido en retroceso. Mi bebé no habla, ¿debo preocuparme? Pues ya te digo la respuesta. No debo preocuparme porque mi bebé de 20 meses no hable. Pero sí debo ocuparme. O así lo siento. Ciertamente, 20 meses es un tiempo razonbable para que un bebé todavía no tenga desarrollado el lenguaje, por lo que no debería haber lugar a una preocupación significativa. Pero como se suele decir, una madre es quien mejor conoce a su hijo y sabe cuándo debe preocuparse, o al menos ocuparse. Mi bebé comenzó a decir mamá allá por sus 9 meses, y parecía que iba a animarse a decir alguna palabrilla más. Gorjeaba, decía monosílabos, canturreaba, lo típico que hace un bebé a esa edad. Entonces, te esperas que con el paso de las semanas esa comunicación oral evolucione de alguna manera, aunque sea muy lentamente. Pero con el paso del tiempo nos encontramos que, lejos de ampliar aunque fuera en dos o tres palabras su lenguaje, llegamos a un punto que lo poco que decía, ya no lo hace. Ni siquiera mamá. Y vemos que cada vez emite menos sonidos, que sus respuestas se limitan a expresiones faciales, gestos y movimientos. Vemos, sobre todo, que cuando no logra comunicarse, recurre a dar golpes y a gritar. Entonces pienso que ha llegado el momento de ocuparse Cuando hay antecedentes familiares En nuestro caso, contamos con un atencedente familiar que nos pone en sobreaviso de que puede haber un problema con el lenguaje de mi bebé. Mi hija tampoco hablaba a su edad, conforme avanzaban los meses, el comienzo de la guardería, el contacto con otros niños, no había evolución alguna. Todo lo contrario, se frustraba mucho por no poder comunicarse, era una niña seria, tímida, introvertida y con muy poca capacidad de relacionarse. A pesar de comentárselo al pediatra sobre los 18 meses, éste fue estableciendo unos plazos prudenciales para darle tiempo a que desarrollara de alguna manera su lenguaje. Esperar a cumplir los 2 años, a la entrada en la guardería, a verse en la necesidad de comunicarse con otros niños e imitar sus conductas. Pero con 27 años mi niña no hablaba más que monosílabos que más bien parecía un monito, y su frustración era más que evidente: quería comunicarse oralmente pero no podía hacerlo. Así que por fin nos derivaron a la unidad de atención tempraba, fue diagnosticada de un retraso simple del lenguaje, comenzó su tratamiento con la logopeda. Y se obró el milagro. En cuestión de un mes mi hija lograba no solo pronunciar sino contar ya con un amplio vocabulario, incluso componer pequeñas frases. Lo dicho, un milagro. El hecho es que tenía el lenguaje perfectamente asimilado y estructurado en su cabeza, pero no era capaz de exteriorizarlo. No sabía hablar. La logopedia fue lo mejor que le pudo pasar y sacó a la niña de verdad. La niña risueña, alegre, extrovertida, sociable. Siempre diré que el hecho de que mi hija pudiera hablar fue para ella una explosión, de repente sacó todo lo que tenía dentro y cambió radicalmente. La gente – esa gente en general que tiene la manía de opinar de todo porque es experta en todología y sabe más que tú y de tus hijos que nadie – me decía que era una exagerada, que ya hablaría, que tenía que haber esperado a que entrara en el colegio y otra serie de consejos no pedidos. Sin embargo, sentía que tenía que ayudarla de alguna manera. Y al fin y al cabo a la logopedia iba a tratamiento, sí, pero no se trataba de un tratamiento invasivo, sino todo lo contrario, iba a jugar, a pasar un rato divertido haciendo ejercicios que le ayudaban a emitir esos sonidos que tanto se le resistían. Mi hija ha estado 3 años en logopedia, hasta que ha adquirido un lenguaje completo y pronunciado todos los fonemas sin problemas. Tiene un cariño inmenso a M, su logopeda, y adoraba ir a tratamiento con ella porque se lo pasaba muy bien y se sentía feliz y orgullosa de sí misma con sus logros. Huelga decir que hoy en día no hay día que no le diga que parece mentira que no supiera hablar porque no se calla ni debajo del agua. Pero la escucho hablar, lo bien que pronuncia, el vocabulario tan completo que tiene, lo bien que se expresa, y me hincho de orgullo. Mi bebé sigue la misma evolución que su hermana Así es. Contar con la experiencia previa te ayuda a focalizar cuando te encuentras los mismos síntomas. La logopeda ya me advirtió que si sospechaba en algún momento que mi bebé podía tener algún problema en el habla como su hermana, que a los 18 meses me pusiera en marcha. El motivo es que cuanto antes se intervenga con los niños, mucho más efectivo es el tratamiento. El retraso en el habla puede suponer otros problemas, como interferir en el aprendizaje. Además de que es más difícil corregir problemas de pronunciación cuando son mayores, que cuando todavía no han pronunciado ese fonema. Así que viendo que mi bebé ahora solo se limita emitir gritos y dar golpes para comunicarse, se lo dije al pediatra. Me derivó directamente a la unidad de atención temprana y de […]

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