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Niñofobia o empatía



Hoy quiero tratar un tema delicado, la niñofobia, un tema sobre el que tengo mi propia opinión y con la que muchas estaréis de acuerdo, y seguramente otras tantas no. Puede que choque que una defensora de la crianza con apego y de la maternidad amorosa hasta el infinito como soy yo, opine de esta manera, pero hay veces que considero que la empatía debe estar por encima de nuestras propias convicciones.

El tema de la niñofobia salió a la palestra a raíz de la aparición de restaurante y hoteles en los que no se permitía la entrada de niños. Como os decía, aunque pueda parecer contradictorio con mi pensamiento general sobre la maternidad,  estoy totalmente a favor de este tipo de establecimientos porque considero que parte de la gracia de esta vida es tener la capacidad y opción de elegir.

Si no como carne ni pescado tengo la opción de ir a restaurantes vegetarianos, si quiero llevarme a mi perro de vacaciones tengo la opción de llevarlo a un “hotel para perros” o elegir un establecimiento donde alojarme en el que acepten animales. Si quiero irme de vacaciones con mis hijos a un sitio donde absolutamente todo este diseñado y pensado para ellos puedo irme a un “diverhotel” y si estoy jubilado puedo irme a unas vacaciones adaptadas a mis necesidades con el imserso.

En cambio si quiero irme de vacaciones y estar tranquila sin chillidos de niños, ni balonazos con “perdón señora” incluido cada 2×3 no está bien visto, es niñofobia. Cierto es que los niños son nuestro futuro y forman parte de nuestra sociedad, pero como os decía antes, parte de la gracia de esta vida es nuestra libertad para elegir. Desde mi punto de vista no es marginación, es capacidad de elección. No es que se vaya a legislar la prohibición de niños en espacios públicos. Únicamente debemos entender que hay una nueva necesidad latente que supone la creación de un tipo de negocio diferente.

El hecho de que existan este tipo de establecimiento me da la posibilidad de acudir a ellos, pero lo bueno de la historia, es que además de estos tengo otro montón de sitios donde si pueden ir niños y en los que puedo alojarme o cenar si voy con mi hija. Creo que tanto en la libertad de elegir como en la empatía está la clave.

Olivia tiene casi 16 meses y siempre que hemos salido a comer o a cenar lo hemos hecho con ella. Normalmente se porta genial, pero siempre hay días mejores y peores.  Alguna de las veces por sueño, por incomodidad o porque si, Olivia ha llorado, ha tenido un berrinche o ha necesitado andar de un sitio para otro. A mí no me molesta, pero como persona empática que me considero, me pongo en el lugar de otros comensales y entiendo que pueda resultar una situación incómoda.

Habrá a quién le dé igual y quien piense “por favor, que deje de llorar ya que me está poniendo la cabeza como un bombo”. No puedo considerarlo niñofobia. Lo entiendo, creo que entra dentro de la normalidad, no a todos nos tienen que gustar los niños en todo momento, ni resultarnos terriblemente adorables hagan lo que hagan. No se nos olvide que son nuestros hijos y que incluso a nosotros no todo lo que hacen nos parece maravilloso, imaginaos si no fuesen nuestros hijos. Pues eso.

Otro factor es el “padres” porque de esta “mala fama” de guerreros a veces los padres son más que culpable. Si mi hija de 16 meses llora porque tiene sueño, puedo cogerla, calmarla, intentar que se duerma y fin. Si uno niños de 12 años se tiran toda una comida haciendo guerras de migas de pan mientras todos los demás recibimos “daños colaterales”, y sus progenitores les ríen la gracia o directamente ignoran la situación,  la culpa es de los padres. Dado que el filtro de padres irresponsable o pasotas es mucho más complicado que filtrar por niños, la solución la tenemos en este nuevo modelo de negocio.

Por todo ello, creo que el termino niñofobia, desde mi punto de vista no es correcto. Es un término exagerado y distorsionado. Una fobia es un trastorno que en algunos casos puede ser grave. La niñofobia no es sinónimo de ataques de ansiedad por contacto con niños o pánico a estos. Me da un poco de miedo ese radicalismo. Si queremos que nos respeten, es importante respetar a quien no piensa como nosotros.

¿Estáis a favor de este tipo de negocios? ¿Lo consideráis niñofobia? ¿Os gusta el término?

Fuente: este post proviene de Una mamá del montón, donde puedes consultar el contenido original.
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