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6 claves para la regeneración educativa que los niños piden a gritos

1. El juego como base para el pensamiento abstracto

El juego no debe ser considerado una liberación de un aprendizaje serio, sino que es en sí mismo un aprendizaje serio. El juego es el empleo de los niños. A través del juego, los niños aprenden acerca de sí mismos y el mundo que los rodea; es jugando que aprendemos, lo queramos o no.

Jugando, los niños aprenden a conocer su cuerpo, sus capacidades, sus limitaciones y su entorno natural y social. Adquieren tanto habilidades académicas  como habilidades no cognitivas (sociales): verbalización, vocabulario, comprensión del lenguaje, concentración, imaginación, creatividad, resolución de problemas, cooperación, empatía, trabajo en equipo, pertenencia a un grupo, control de impulsos, conocimiento metalingüístico, matemáticas, coordinación psicomotriz y un largo etcétera.

Los niños en las escuelas Waldorf participan en juegos organizados y dirigidos a fomentar el desarrollo de sus capacidades humanas, a la vez que cuentan con períodos de juego libre donde los adultos no se entrometen: cuando los adultos dirigen y organizan todas las actividades de los niños, estos pierden su autonomía social y la oportunidad de crear e imaginar sin restricciones.

Antes de ocuparse de un desarrollo intelectual, social y personal, el niño necesita años de movimiento y juego (mejor en la naturaleza) para cimentar una inteligencia sensomotriz. Solo entonces, y no antes, estará listo para emprender la maravillosa tarea del razonamiento abstracto.

2. Imaginar para entender el mundo

La imaginación es clave en todos los procesos de aprendizaje. La sociedad capitalista neoliberal desecha el valor de la imaginación por considerarla ajena al beneficio, sin embargo todos los que creemos en una educación más humana y dirigida a la libertad del ser humano sabemos que el crecimiento económico no salvará el mundo. Los seres humanos no somos unidades económicamente operacionales.

La formación de imágenes es la forma en que los niños se acercan al mundo, descienden sobre él y se incorporan a la existencia terrenal, proceso que sucede gradualmente. Las imágenes les ayudan a comprender el mundo. La imaginación es la clave del desarrollo armonioso del ser humano, sobre todo en sus fases más tempranas.

La fantasía es el paraíso interior del niño. Debemos ayudarles a entender ese universo imaginario que habita en ellos, lo que nutrirá su mundo de imágenes y favorecerá un desarrollo saludable de sus habilidades naturales. Decía el genial Gianni Rodari que deberíamos disponer de una Fantástica del mismo modo que disponemos de una Gramática.

3. Despertar un interés genuino por el aprendizaje

A la escuela Waldorf donde trabajo se han acercado profesionales del sector educativo tratando de entender por qué nuestros alumnos disfrutan tanto de su entorno escolar. En Guatemala, y supongo que en multitud de países más, existen niños por debajo de los 6 años que son medicados por el famoso trastorno de déficit de atención e hiperactividad (a pesar de que el "creador" de esta farsa reconoció antes de su muerte que todo había sido una estrategia comercial al servicio del sector farmacéutico).

Sin un interés genuino por el aprendizaje, los niños no aprenden porque no quieren aprender. Es así de simple. Crear las condiciones para que su curiosidad natural se satisfaga es la responsabilidad de todas las personas que de una manera u otra estamos implicados en la educación: familias, docentes, instituciones, administraciones públicas, organizaciones con y sin ánimo de lucro…

El método socrático sirve como base de indagación, aprendizaje y autoexploración de las verdades que subyacen en la transmisión de conceptos. Esta forma de cuestionar y abordar la realidad favorece el desarrollo del pensamiento crítico. Entregar menos respuestas y formular más preguntas promueve la creación de un ambiente académico inspirador para los niños. La mera transmisión de conocimientos, tal y como la entiende la educación tradicional, se antoja insuficiente en este momento de la historia.

El arte y la creatividad también sirven eficazmente a este propósito. En este proceso vivo e integral que es la educación, los alumnos también deben desarrollar aspectos tan descuidados hasta ahora como resiliencia, voluntad, valores, ética, compasión, coraje, entrega, entusiasmo, trabajo en equipo, inteligencia emocional, respeto por la naturaleza o mente abierta a las exigencias de un mundo cambiante.

Aprender no debe ser sinónimo de sufrimiento, estrés, apatía, dolor o aburrimiento. El aprendizaje debe ser un proceso estimulante, divertido y lleno de emoción. Aquello que nos emociona, perdura.

4. La maestra o maestro: un artista de la educación

La maestra o maestro participa del proceso educativo tomando conciencia de la individualidad de cada estudiante y de sus inclinaciones naturales. Los alumnos son seres humanos con diferentes personalidades, intereses y habilidades innatas, por lo que la docencia debe alejarse de la estandarización y comenzar a desarrollar curriculums dinámicos que se adapten a las necesidades de todos. Nadie debe quedar atrás. Los niños deben ser respetados, no moldeados.

La maestra o maestro debe ser consciente de la preponderancia de la imitación en el proceso de desarrollo de sus alumnos, tratando siempre de mostrarse como un ejemplo o modelo digno de ser imitado. El crecimiento personal es la base del crecimiento social. Así pues, los maestros deben crecer interiormente hasta llegar a convertirse convertirse en artistas de la educación, lo que les otorga una autoridad natural ante los niños. Los niños respetarán la autoridad motivados por el amor, el respeto, la admiración y la inspiración, no por miedo a represalias. Los maestros están siempre al servicio de los niños, y nunca al revés.

Aprendemos constantemente, desde que nacemos hasta que exhalamos nuestro último aliento. Sin embargo, la sociedad nos ha inculcado la creencia de que el único aprendizaje válido y legítimo ocurre exclusivamente en un ambiente escolar (y a determinada edad). Los verdaderos maestros, en constante evolución, crecimiento y mejora personal, son el paradigma que revela a la sociedad una nueva forma de entender el aprendizaje humano: la educación es un proceso vital. Gracias al ejemplo del buen maestro, los alumnos son motivados a seguir desarrollando sus potencialidades durante toda su vida.

5. Materiales educativos inspiradores

Los materiales educativos utilizados en la pedagogía Waldorf otorgan especial importancia a lo natural (nada de plásticos o sintéticos, que son objetos carentes de vida) y lo creado manualmente. No encontrarán en las aulas de una escuela Waldorf a Mickey Mouse o la Sirenita por el simple hecho de que no representan aquello que es valioso para el desarrollo saludable de los niños. Sí encontrarán todo tipo de manualidades, arte y artesanías imaginadas por alumnos, maestros y familias, pensadas por ellos, sentidas y amadas por ellos, y creadas amorosamente con sus manos. ¿Por qué es esto tan importante para los niños? Porque tiene valor.

Los bloques educativos no se basan en libros de texto. Se aprende de una forma dinámica y holística, integrando varias actividades en un mismo bloque. El conocimiento adquirido por el ser humano a través de su historia queda a disposición de los educandos de manera muy abierta y con un amplio margen para la exploración. Delegar el contenido de las materias a una sola empresa editorial con la que la escuela firmó un jugoso contrato es un riesgo al que no debemos exponerlos: mejor que elaboren sus propios libros de texto día a día con el conocimiento que han adquirido sanamente.

"¿Se ha preguntado alguna vez por qué estudiamos en base a asignaturas? Es una manera ridícula de compartimentar el conocimiento. El mundo real no funciona así. Habría que diseñar la manera en que la experiencia y el conocimiento de cada materia estuviesen mejor integrados. Los niños se desenvuelven mejor en entornos multitarea. Cuando juegan a las consultas médicas usan conocimientos de lengua, matemáticas y ciencias a la vez. Si el aprendizaje tiene lugar en ambientes ricos en contextos, nadie quedará realmente desconectado. Es importante que el componente experiencial gane peso frente al académico, que ahora mismo monopoliza la enseñanza." – Richard Gerver

A la hora de evaluar, las escuelas Waldorf proponen un sistema en el que los niños pasan por pruebas y retos que despiertan en ellos un interés por la autosuperación. Lejos de competir con los demás, cada niña o niño fortalece su voluntad midiéndose a sí mismo en relación a sí mismo. Solamente cuando están listos comienzan a pasar tests o exámenes adecuados a su nivel de desarrollo, algo que sucede de forma muy natural para ellos y elimina cargas innecesarias de estrés y presión académica, familiar o social.

6. Desarrollo del potencial innato

Los talentos naturales de cada niño deben ser nutridos y honrados. Queremos individuos librepensantes que participen activamente en la construcción de una sociedad armónica y equitativa, cada uno haciendo uso de sus dones. Fomentemos el desarrollo de todo nuestro potencial interior, sea este el que sea.

– Maestro, tengo un problema con mi hijo

– Me trajo las notas del colegio, una alta calificación en dibujo y una pésima calificación en matemáticas.

– ¿Qué harás? – dijo el maestro

– ¡Lo pondré de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de matemáticas!

– Necio, ponlo de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de dibujo. Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo.

– Microcuento de Alejandro Jodorowsky

¿Qué tipo de seres humanos queremos que sean nuestros hijos cuando hayan completado su formación académica? Responder esta pregunta con conciencia y responsabilidad nos ayudará a encontrar formas más adecuadas de construir, entre todos, el mundo que queremos.



Autor: Jorge Benito

Imagen de portada: DEM Illustration
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