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El idioma de los niños



Qué bonito es ver como tus hijos comienzan a decir sus primeras palabras más allá de algún papá o mamá furtivo. Es increíble su capacidad de aprendizaje y como sorprenden con palabras que pensabas que ni siquiera habían escuchado.

Verles evolucionar y empezar a hacer asociaciones de palabras con objetos es increíble. A mí me da un subidón cada vez que la escucho algo nuevo, que me quedo inlove total.

Aprender a hablar viene cargado de cosas buenas, pero también tiene su parte regulera, la parte de frustración. Ese momento en el que ella intenta comunicarse y piensa que se le entiende a las mil maravillas cuando en realidad es imposible saber lo que está diciendo.

Y ella lo intenta y lo vuelve a intentar mientras ve como tú no haces lo que se supone que tienes que hacer. Olivia le pone mucho empeño pero hay veces que llega ese momento de frustración, esa incapacidad de hacerse entender que le hace enfadarse o llorar.

Es frustrante para ella, pero también lo es para nosotros los padres. Seguro que me entendéis. Porque yo le pongo todo el empeño. De verdad que lo hago, intento pensar en las mil opciones posibles de sus palabras pero hay veces que no lo consigo, que por más que lo intento no la entiendo. Imagino que es una cuestión de tiempo, poco a poco y paso a paso. Se aceptan consejos.

El vocabulario de Olivia cada vez es más amplio: partes del cuerpo, algunos animales, objetos cotidianos, familiares, etc. Algunas palabras las dice perfectamente, como mano, nena o vaso. Sobre todo palabras cortas. Hay otras en cambio que hemos descubierto lo que eran a base de “ensayo-error” como “pajo” que significa pájaro, o “viva” que es Olivia.

Lo que si tiene muy claro son las expresiones  “no guta” y “e mío”. Es sin duda lo que más repite. Si alguien que no la conoce la escuchase, pensaría que no le gusta nada y que todo es suyo, pero nosotros sabemos que no es así, y es que esas dos frases para ella tienen varios significados que nos son exactamente los literales.

Cuando dice “no guta” pocas veces quiere decir que algo no le guste, más bien significa ”no quiero más”. Puede haberse comido un yogur prácticamente entero que cuando le quedan dos cucharas suelta “no guta”, es decir “no quiero más”. No sé de donde se ha sacado esa asociación.

Con el “e mío” pasa parecido, a veces quiere decir “es mío” pero muchas otras quiere decir “lo hago yo sola”. Por ejemplo, si intento darle un puré con la cuchara,  me dice “e mío”, coge la cuchara y se pone a comer ella.

¿Y de qué va todo esto? Pues va de que como veis, Olivia tiene su propio lenguaje, y como ella cada niño tiene el suyo. Como con casi todo, cada uno es un mundo, pero de una manera u otra todos se hacen entender. Antes o después todos andan, todos hablan y todos corren. Cada cual a su manera, con su idioma o sus gestos, no nos estresemos, ni forcemos. Todo llegará.

Olivia hace no demasiado no decía ni “mu”, y de repente empezó a soltarse hasta convertirse en un lorito. Ella ha llevado su ritmo y nosotros lo hemos respetado. Creo que es importante ser capaces de compañar en su aprendizaje sin forzar. Si presionamos es muy probable que no consigamos mucho más que frustración. Seguramente obtengamos todo lo contrario de lo que pretendemos, así que lo dicho, paciencia y cada cual a su ritmo.

¿Cuáles fueron las primeras palabras de vuestros peques? ¿Qué tal manejan la frustración?

Fuente: este post proviene de Una mamá del montón, donde puedes consultar el contenido original.
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Chicas, espero leeros esto dentro de unos años y recordarlo todo como uno de esos sueños raros, como algo que nos enseñó a valorar de verdad lo que teníamos y nos hizo más fuertes y mejores personas. ...

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