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Mindfulness (Consciencia Plena)

Ahora que me ha dado tiempo de escuchar Podcasts mientras manejo en el carro, escuché uno que me dejó pensando muchísimo. Hablaba acerca de “mindfulness”, que se puede traducir a “consciencia plena” puesto no existe una palabra exacta en español.

Nunca me hubiera imaginado estar escribiendo acerca de una forma de meditación. Siempre me pareció rara la meditación, tengo tanto que hacer, quien tiene tiempo de sentarse a pensar en nada. Y aún me siento así.

Pero, ¿qué tal una forma de meditación que la aplicas en tu día a día sin necesidad de parar lo que estas haciendo ni dedicándole ningún momento en el día?

¿Qué es la consciencia plena (Mindfulness)?

La consciencia plena es la capacidad humana básica para estar plenamente presente, ser conscientes de dónde estamos y de lo que estamos haciendo, y no ser demasiado reactivos o abrumados por lo que sucede a nuestro alrededor.

Si bien la consciencia plena es algo que todos poseemos naturalmente, está más disponible para nosotros cuando la practicamos diariamente.

Siempre que estés consciente de lo que estás experimentando directamente a través de tus sentidos, o de tu estado mental a través de tus pensamientos y emociones, estás siendo consciente. Y cada vez hay más investigaciones que demuestran que cuando entrenas tu cerebro para que sea consciente, en realidad estás remodelando la estructura física de tu cerebro. (fuente, traducción propia)

¿Cuándo fue la última vez que te bañaste? No, no esta mañana. La última vez que te bañaste con consciencia plena, que sentiste el agua en tu espalda, que realmente oliste el jabón. Yo no pude contestar esta pregunta, y ahí me di cuenta que mi vida necesita muchísima más consciencia plena.

¿Saben quienes actúan casi siempre con consciencia plena? Los niños.



No solo eso, son radares de darse cuenta cuando nosotros no estamos actuando con consciencia plena. No les ha pasado que están conversando con su hijo y de repente se pone bravo y les dice “¡Mami!¡ No me estás escuchando!” No porque uno estaba haciendo algo más, sino porque nuestra mente estaba en otro lado, no estábamos con ellos en ese momento con consciencia plena. Isabela es número uno para esto, siempre me está reclamando y no se le escapa ni una vez cuando mi mente está en otro lado.



*Ellos si sienten con consciencia plena todo lo que hacen*

En la era de la tecnología, multitasking y de las personas ocupadas, se ha vuelto cada vez más y más difícil tener esta consciencia plena. Lo que antes venía natural por los estilos de vida que teníamos, ahora tenemos que hacerlo con esfuerzo.

¿Qué pasa cuando hacemos todas las cosas sin consciencia plena? Se nos va, se nos pasan las cosas sin poderlas disfrutar plenamente, ni sentirlas plenamente. Si tu mente estuvo en otro lado hoy mientras te bañabas, ya esa ducha se pasó, no disfrutaste del agua en tu espalda ni del olor del jabón.

Tal vez eso no nos importe mucho, perder la ducha de la mañana.

Pero, ¿cómo te sentirías de aquí en cinco años cuando te llegué el shock de que no hiciste consciencia plena y se te pasó la infancia de tus hijos?



Este sería mi peor pesadilla. Todas sentimos como los años pasan volando y nuestros hijos crecen a la velocidad de la luz, siempre me quejo del tiempo ladrón. Pero sinceramente nunca me había puesto a pensar en que yo misma soy la que aporto a que los años se me pasen más rápido, a sentir que no me acuerdo como disfrute de sus etapas.

Me propuse entonces, por lo menos 3 veces al día, parar en lo que esté haciendo con mis hijos, concentrarme, vaciar mi mente y hacerlo con conciencia plena.



Ese pañal que le cambie al Felipe hoy en la mañana, lo hice con tanta delicadeza, sintiendo su piel suave, jugando con sus piecitos miniaturas. No quiero que llegue mañana y ya no me acuerde lo chiquitos que eran esos piecitos, ni lo suave que era su piel de bebe.

Cuando Sebastián estaba en medio de su emperre igual hice consciencia plena, también quiero acordarme de ese puchero único que tienen los bebés cuando se ponen así de bravos. Que no me cojan los años sintiendo que solo se me pasaron sus berrinches.

Y hoy haré también consciencia plena cuando recoja a Isabela del colegio, quiero acordarme mucho de su carita, su expresión de felicidad cuando me ve llegar a verla.



Son mínimos cambios que puedo hacer, mínimos esfuerzos en momentos cotidianos, sin salirme de mi rutina, sin necesidad de cambiar nada más que mi mente. Aprender a sentir, escuchar, oler, observar, todo con consciencia plena.

Les propongo que lo intenten, busquen momentos en los que quieran practicar esta forma de meditación. Tenemos miles en el día. Tenemos tanto para aprender y practicar. Encontremos nuestros sentidos y no dejemos que nos pasen los años y que nos tengamos que preguntar ¿por qué no hice consciencia plena cuando pude?

Fuente: este post proviene de Aprendiendo a Crecer Blog, donde puedes consultar el contenido original.
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Etiquetas: CrianzaReflexiones

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