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Soy mujer, soy madre y tengo vida, ¿seré un bicho raro?




Si hay una palabra que se relaciona directamente con el concepto de maternidad, creo que sin lugar a dudas es RENUNCIA. Sí, quieras o no, en cuanto te quedas embarazada entra por la puerta la renuncia a una serie de cosas que irán fluctuando según las circunstancias, pero desde luego se habrá instalado para quedarse ahí, de por vida.
Eso sí, no tiene por qué ser un drama, como todo en esta vida, creo que te afectaré más o menos según cómo te lo tomes. Es decir, puedes ser una drama-mom y pasarte el día llorando por todas las cosas a las que has tenido que renunciar por la maternidad, o bien puedes aprovechar la oportunidad que te ofrece: renuncia a unas cosas, adaptarte, buscar nuevos objetivos, evolucionar.

Yo soy de las segundas, decididamente. Nunca ha ido conmigo lo de lamentarme de las penas de la vida. Vale, tengo mis días de quejas, desahogo y mecagoenmiputavida porque soy humana y tengo sentimientos, pero enseguida se me pasa. Para mi la maternidad no destruye, construye. Una nueva persona, una nueva vida, unas nuevas oportunidades que hasta ahora no se habían dado.

En realidad lo mío es adaptarme a las circunstancias de la mejor manera posible e intentar sacar partido a lo que me ofrece cada nueva situación. Algo así como la teoría de la evolución de las especies de Darwin, esa que dice que solo los seres que se adaptan al medio son los que sobreviven, pues más o menos. No me malinterpretes, no me considero una especie superior -faltaría más-, solo una superviviente.

Me considero, sobre todo, una superviviente de la maternidad porque más que intentar ser la mejor madre, la madre perfecta, me conformo con criar a mis hijos de la mejor manera que puedo, que se, y sobretodo de sobrevivir a cada bache que surge en este largo camino que, a pesar de tres hijos y el mayor camino de los nueve años, aún siento que recién lo estoy empezando.

He renunciado a muchas cosas, pero las renuncias también me han supuesto nuevas oportunidades. No te voy a listar las renuncias que he tenido que hacer, ni siquiera se si podría hacerlo porque no llevo la cuenta de ellas, prefiero pensar en las cosas nuevas que he hecho, en las nuevas oportunidades que han surgido.

Aunque sí me quedo con una importante. Esta tri-maternidad me ha traído una renuncia de peso, la de trabajar. Más que la tri-maternidad, han sido ésta y el hecho de que mi marido, tras cuatro años desempleados, se haya tenido que ir y pasar largas temporadas fuera de casa para poder trabajar, lo que me ha supuesto tener que hacerme cargo unilateralmente de la crianza de mis hijos.

Pero lo que es una renuncia yo lo llamo oportunidad, de hecho, una oportunidad única en mi vida: la de poder criar a tiempo completo a mi tercer hijo, mi bebé, algo que no pude hacer con los mayores. Con ellos precisamente renuncié a ello, porque tenía que trabajar. Las circunstancias eran diferentes, tanto mi marido como yo teníamos trabajos con los que podíamos organizarnos y por entonces renunciar a un sueldo era impensable.

Pero bueno, no he venido a hablar aquí de renuncias sino todo lo contrario. Soy madre de tres hijos, pero además soy mujer, y tengo vida, algo que parece prácticamente imposible en las madres, o al menos es el argumento que muchas madres esgrimen al sentirse atrapadas por la maternidad.

Mi período de más madre y menos mujer fue, como no podía ser de otra manera, durante los primeros meses tras cada uno de mis partos, por razones obvias: un cuerpo de recién parida, la lactancia materna que condiciona, adaptación a la nueva vida, un ser que depende 100% de ti, pero aún así he intentado en la medida de lo posible buscar mi YO en medio de todos los cambios.

Evidentemente la maternidad me ha cambiado la vida radicalmente y desde que nació mi hijo mayor nada volvió a ser igual, así en general, en las grandes cosas. Pero luego están esas pequeñas cosas a las que no dabas valor hasta el momento de ser madre y que además más de lo que crees en tu vida. Hasta que no tienes tiempo de ducharte no valoras lo que es poder hacerlo tranquila, sin presiones. Y es que sin darte cuenta son muchas las cosas que cambian en tu vida cuando eres madre y que solo percibes entonces.

Pero eso no significa que tu vida sea peor, o que pierdas "calidad de vida". Ah, llegamos al quid de la cuestión que ha revuelto las entrañas maternales en los últimos días. Pues lo siento pero no quiero profundizar demasiado en ello porque no creo que merezca la pena darle más bombo y platillo, si no sabes de qué hablo, no tienes más que preguntarme. Solo diré que la calidad de vida es tan relativa, depende de tantos factores, es tan personal y variable que dudo que haya una definición objetiva o unas condiciones determinadas que garanticen una auténtica calidad de vida.

Creo que precisamente el anhelar esas pequeñas cosas a las que no daba valor antes de ser madre me hizo ir a por ellas y disfrutarlas aún más. Buscar mis ratos, un café, una cena o una copa con las amigas, un par de horas en la peluquería, salir a comprar sola algo exclusivamente para mi, un cine o un concierto sola con mi marido, ponerme tacones, obligarme a maquillarme y arreglarme para no caer en la desidia de "para qué si no voy a ningún sitio", hacerlo solo para mi.

Sí, a pesar de ser madre también soy mujer y tengo vida. Vida propia además de mi vida de madre. No es que reparta mi tiempo salomómicamente para ser medio madre-medio mujer, es que no dejo de ser mujer para ser madre. Puedo ser madre y trabajar. Puedo ser madre y salir con mis amigas. Puedo ser madre y viajar. Puedo ser madre y disfrutar de mis ratitos de ocio personal. Es más, puedo ser madre, seguir con la lactancia materna y hacer todas esas cosas sin que la lactancia influya en ellas. Soy feliz siendo madre y cada ratito que me permito hacer un breve impass los disfruto como un auténtico lujo, me recargan las pilas y me permiten seguir disfrutando de mi vida actual tal y como es.

Si me paro a pensar, creo que he hecho más cosas por y para mi desde que soy madre, precisamente por el valor que les otorgo. No me siento mala madre por irme un fin de semana a un evento bloguero dejando a los peques con los abuelos. Me voy, disfruto, los echo de menos y a la vuelta los achucho como si no hubiera un mañana.

Para quien diga que tener hijos condiciona, diré que eso dependerá más de ti que de ellos. Cuando mi hijo tenía diez meses una amiga mía se casó en Zaragoza y allí que me hice la maleta y me fui sola con el crío -mi marido trabajaba y no podía ir- en el AVE a compartir con mi amiga el día más feliz de su vida. Apenas tres semanas después me fui sola a Barcelona al concierto de U2, porque tenía esa espinita clavada y no sabía si en un futuro podría ir.

Desde que soy madre viajo al menos dos veces al año, normalmente sin niños, pero incluso si hace falta, con ellos. Quizás podría parecer una locura que me fuera al blogtrip de Puleva tan solo tres semanas tras dar a luz, pero no sabes cuánto bien me hizo ese fin de semana, desconectar de mi puerperio en soledad y disfrutar de mis amigas 2.0. El año pasado me fui al Bloggers Day de Madresfera con mi pequeñín y este año haré lo mismo, porque prefiero eso a quedarme en casa.

Soy madre y desde que lo soy he hecho las mismas cosas o más que antes de serlo. He trabajado fuera de casa -y sobrevivido a la ridícula baja maternal de 16 semanas-, he salido y disfrutado con mis amigas, he salido sola con mi marido, me he casado y pasé dos semanas de luna de miel, he viajado, me he ido de fiesta y de copas, pero también hemos hecho escapadas y viajes familiares, he compatibilizado muchas actividades que podría perfectamente disfrutar sola con mis hijos y lo he disfrutado más aún, me he llevado a mis niños allí donde he podido y querido, y eso es lo que me hace disfrutar de mi maternidad al 100%.

Y te digo una cosa: no echo de menos en absoluto salir de noche hasta las tantas, ni ir a la playa solo para tirarme a tostarme al sol o a dormir bajo la sombrilla, como tampoco echo de menos pasarme todo el puñetero día trabajando ni comprando ropa, zapatos y bolsos condenados a quedarse en el armario con la etiqueta puesta.
También en muchas ocasiones soy más madre que mujer porque es lo que tiene ser madre, que tus hijos se convierten en tu prioridad y cualquier cosa que les pase te duele en todo tu ser. Pero tampoco pasa nada, estaría bueno que a estas alturas no supiéramos lo que conlleva ser madre, y no me duelen prendas en decir que mis hijos van por delante de todo, siempre, porque ellos son mi vida.

Soy madre y lo mismo voy con lo primero que pillo, con una coleta y ojeras de oso panda, que voy arreglada, con tacones y maquillada. Y busco mis ratos para pintarme las uñas, aunque sea mientras me traen el café que me he pedido en esa tarde de viernes con mis amigas no madres, mis ratitos para leer, hasta mis ratitos para cagar en paz, que por vulgar que suene, es una de las cosas que más echas de menos de tu vida de no madre, pues tener hijos es sinónimo de no volver a cagar en soledad.

Que sí, que la maternidad es un caos, los hijos exigen mucho, el proceso de adaptación a las nuevas rutinas y circunstancias puede ser complicado, pero si una cosa tengo clara es que la vida es cuestión de actitud y ser feliz, asumir la nueva situación y no perder tu esencia depende fundamentalmente de una misma.
 
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