Probablemente, el primer año del segundo sea caótico se lleven la diferencia que se lleven, en realidad. Por aquello de las necesidades diferentes por sus edades, y que sus horarios no cuadren. En mi caso, lo que sí sentí es que la mayor pasó a un segundo plano, cosa que me hubiera gustado que no fuera así. Pero con una bebé que pasaba por lo menos 20 horas en mis brazos, era difícil repartirme. Recuerdo que le alargamos la jornada en al guardería, porque ella nunca se quería ir cuando la íbamos a buscar, y lo pasaba estupendamente. Pero a mi me daba pena dejarla tanto rato.
Durante la baja de la pequeña, intenté siempre ir a buscar a la mayor yo, jugar y bañarla hasta que llegaba su padre, mientras la peque, que había comido a demanda casi todo el día, solía dormir la siesta. Después, intentaba dormir a la mayor después de la toma de la pequeña. Pero no es fácil, dividirse no es fácil. Y cuando el bebé deja de ser un bebé de comer y dormir, se complica aun más.
Al final, si uno se organiza, empieza a pasar tiempo con ambas a la vez, porque así ambas estaban conmigo y pasaba tiempo con ellas. Pero eso se convierte en rutina y entonces ¿dónde quedan esos ratos de a solas con una o con la otra? Uno no se da cuenta a veces, y esos ratos son importantes. Como mamá, son importantes porque conoces mejor lo que le pasa, te cuentan más cosas (porque no tienen a la hermana interrumpiendo para contar también), puedes ver mejor lo que gusta, etc..
Las niñas crecen, y parecen ser más autónomas, uno entra en la locura de los horarios escolares, actividades, deberes, todo esto combinado con el trabajo y la vida de uno, claro. Los días pasan, o mejor vuelan…se escurren entre los dedos de uno. Y te das cuenta que no recuerdas la última vez que pasaste una tarde solo con una de las dos.
Aquí he contado muchas veces que intento pasar las tardes con ellas, que para eso trabajo con horario flexible. Intento jugar, intento hacer actividades con ellas. Y muchas veces lo consigo. Unas tardes pintamos, otras leemos, otras jugamos, otras nos sentamos a ver tele juntas. Hay épocas que no, que todo es un poco una locura y los tiempos parecen apretarse y no da tiempo ni de sentarse, y hay días en los que estoy sencillamente cansada, que también tengo derecho, y solo me apetece mirar como juegan.
Hay épocas de todo. Que nadie es perfecto, y no se puede hacer todo bien. Mientras reine un caos pacífico en mi casa, y los gritos sigan brillando por su ausencia, lo demás es un equilibrio con el que hay que jugar cada día.
Pero entonces llega un día en el que una de las dos niñas tiene un cumpleaños, o se va a casa de una amiga, o se queda dormida sorprendentemente temprano, y te encuepntras a solas con la otra. Y te das cuenta, de los pocos momentos como ese que existen en tu día a día, en la semana, en el mes, en el año! Porque para mi es más práctico ir con ellas dos a todos lados, así no necesito tanta organización, pero claro, eso significa que no tienen tiempo a solas con mamá, ninguna de las dos. Y lo acusan!
Y te das cuenta, o al menos yo me doy cuenta, de cómo me gustaría que hubiera más momentos así. Porque tampoco es lo mismo ir al super, o acompañarlas a algún cumpleaños o que te acompañen a hacer un recado de a una, que estar con una de ellas sola en casa.
Y me gustarían más momentos en los que poder estar con una sola, poder hablar con ella, verla jugar, interactuar, sin tener que paralelamente mediar en peleas, o ser motivo de celos entre ellas. Me gustaría tener mi rato para cada una, porque ojalá el tiempo fuera infinito, y hubiera tiempo para cada una, y para las dos juntas.
Justo hace poco contaba que a la mayor la tuvieron que hospitalizar unos días por una inflamación en el riñón. Esos días, pasé muchas horas con ella a solas. Sin hacer nada, jugando, leyendo, viendo la tele, jugando consola. Me contó muchas cosas del colegio y sus amigos, y desde entonces, es mucho más cariñosa, cosa rara en ella, y busca más pasar tiempo conmigo. Incluso a pedido abiertamente que hiciéramos algo las dos solas. Eso me recordó que en nuestro último viaje a Barcelona, fue algo que también sugirió.
Y es normal, porque las dos hermanas son muy distintas, por lo que encontrar una actividad que les apetezca a ambas (excepto jugar a Mario Kart) es difícil, así que una siempre tiene que ceder. Siento que es distinto cuando uno está a solas con una, se dan otras dinámicas, te explican otras cosas, te das cuenta que reaccionan de otra manera cuando no tienen la competencia de la hermana, cuando no hay celos, ni ese juego que se llevan por ver quien me cuenta algo primero o quien se pone más cerca mío.
Y no me refiero a actividades trascendentales, solo pequeñas cosas como poder preguntarle a una “qué quieres jugar” o “qué peli vemos” sin que la otra aparezca con una opinión distinta y empiece una discusión. Cuando la pequeña tenía 1 año, muchas veces el padre de las criaturas se llevaba a la mayor para poder estar yo con la peque una tarde tranquila. Hace un año y medio, quisimos retomar esa costumbre y turnarnos. Salir a veces los 4, a veces de a dos con una o la otra. Al final, la peque solo quería conmigo así que no logramos crear una rutina. Ahora estoy pensando que deberíamos retomar esa costumbre e intentarlo de nuevo.
Y es difícil, porque sencillamente el tiempo no sobra, porque las jornadas son muy largas y las tardes muy cortas y porque uno a veces tiene que elegir entre que tengan horarios similares escolarmente, y facilitar esa logística pero tenerlas siempre a las dos juntas en casa; o complicar la logística, pasarse el día en el ir y venir, pero tener un espacio para cada una. Eso entre semana. El fin de semana hay que combinar el tiempo en familia todos juntos, con tiempo por separado, con tiempo de pareja con tiempo para uno. Difícil equilibrio.
¿Te pasa parecido? ¿Habrá alguna fórmula secreta infalible para cumplir con todo?
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