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Baby Led Weaning y el valor de la paciencia (#2)

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En junio de 2014, tras apenas dos meses de incursión en el mundo del Baby Led Weaning, me atreví con un post que tenía el mismo título que el que hoy me traigo entre manos. Ahora, casi 21 meses después de aquel artículo (hay que ver cómo pasa el tiempo…) me doy cuenta de que entonces ni siquiera me podía hacer una mínima idea de la importancia que adquieren la paciencia, la tranquilidad y la confianza (en uno mismo y en su hijo) en este método de introducción de la alimentación complementaria. Así que este post está especialmente dirigido a aquellos padres que tienen pensado iniciarse o ya lo han hecho en el Baby Led Weaning. Con toda sinceridad os digo que a mí en su día me hubiese gustado leer una experiencia como la que hoy describo. Para haber vivido determinados momentos con más tranquilidad y menos angustia. Y para haberme hecho a la idea de que no todos los niños son como esos bebés de seis meses que vemos en vídeos de youtube llevándose la comida a la boca a puñados y devorando todo cuanto está a su alcance.

Mara, sin ir más lejos, tardó meses en mostrar algo de interés por la comida. Le poníamos cada día su plato con los más diferentes alimentos y ella los olisqueaba, tocaba y chupaba, pero tragar, trabagaba poco. Una fresa de forma ocasional, un trozo de aguacate, un pellizquito de pollo a la plancha… Y aunque teníamos cerca a algún peque de su edad que comía cinco veces lo que ella, no nos preocupaba, puesto que sabíamos que a esas alturas el BLW es más un juego y que su alimento principal lo encontraba en la tetita de su mamá. Además, verla activa y sin parar un segundo, tal y como ha sido desde que llegó al mundo, nos tranquilizaba. A los 18 meses, un año después de comenzar con la alimentación complementaria, Maramoto continuaba comiendo poco. Por no decir nada. Algún día ocasional nos sorprendía con un apetito desmesurado, pero luego entraba en largas fases de huelga de hambre. Continuaba activa y aparentemente sana, pero llegados a ese punto nos empezamos a preocupar un poco. Que tampoco mucho. Aún así, abusando de la confianza que nos ha otorgado, llamamos al gran Julio Basulto para explicarle nuestro dilema. “¿Véis activa a vuestra peque y la véis bien?”, nos preguntó al otro lado de la línea. Le contestamos que sí, que no sabíamos de dónde sacaba las fuerzas, porque ni comía ni dormía, pero que no paraba ni un segundo. “Entonces no tenéis de qué preocuparos. Cuando necesite la comida, comerá”, nos dijo.

Y le hicimos caso, por supuesto. Porque veíamos bien a nuestra pequeña saltamontes. Y porque somos conscientes de que ningún niño muere de hambre en el primer mundo si tiene la comida a su alcance. Y de que ellos, los niños, saben mejor que nadie lo que necesitan y en qué cantidad lo necesitan. Nos tranquilizó hablar con Julio. No sabéis cuánto. Y eso nos hizo llevar mejor los meses que vinieron después, en los que Maramoto siguió por el mismo camino de cero interés hacia la comida con la excepción de algunos productos específicos por los que sí mostraba interés y que iban cambiando de semana en semana. Así, había días en que sólo comía cebolleta, otros sandía, otros fresas, otros melón, otros sopa y otros arroz blanco.  Nunca de todo, eso sí. Digamos que eran días temáticos gastronómicamente hablando.

Hace un mes, ya con los 27 meses cumplidos, el gen alimenticio de Mara hizo click. Desde entonces ha empezado a comer de una forma que hace unas semanas no nos hubiésemos creído. Sigue siendo un caos, porque es incapaz de estar sentada más de dos minutos y va y viene, quiere de su plato y del tuyo y no se centra en demasía, pero nos tiene alucinados con su manejo de los cubiertos y con cómo se come platos enteros.

La paciencia nos ha llevado a buen puerto. Y pese a los dolores de cabeza puntuales, llegamos felices por haber apostado por el Baby Led Weaning y por haber dejado ir a nuestra peque a su ritmo, sin forzarla a comer, teniendo plena confianza en ella. Después de meses y meses sin mostrar interés por la comida, ahora la vemos disfrutar comiendo aquello que verdaderemente le gusta (porque tiene sus filias y sus fobias, claro). Al final, ese y no otro, era el objetivo.

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