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Maestros: emocionaros vosotros para ilusionar a los estudiantes

Desgraciadamente, más estudiantes de los que me gustaría han llegado a pensar durante el curso escolar que no han tenido maestros que les inspirase, un maestro que se involucrara con ellos, que les motivara y que les guiara en el proceso de aprendizaje. Como respuesta a estos comentarios de una gran parte de los alumnos, podríamos decir que para conseguir lo que ellos piden y necesitan, hace falta que los profesores se emocionen por lo que hacen, que se apasionen, que disfruten el día a día y que den lo mejor de sí mismos en las aulas.

Pero no todos lo hacen. Todavía, un alto porcentaje de docentes siguen teniendo en cuenta la tradición en sus clases sin pensar realmente en los estudiantes. Lo que yo me pregunto es cómo estos maestros al que les falta una buena dosis de vocación, son capaces de ir todos los días al trabajo.

Cuando yo decidí estudiar un ciclo formativo superior de educación infantil y después la carrera de pedagogía, lo hice porque me encantaba el ámbito educativo. Porque quería investigar, aprender y aportar mi granito de arena para hacer del mundo un lugar mejor. Os soy sincera cuando os digo que ni pensé en el sueldo, ni en la estabilidad económica, ni en las vacaciones.

Simplemente elegí la opción que más me gustaba y lo que me decía el corazón. Principalmente porque no quería amargarme la vida en mis años profesionales al escoger un trabajo por el que no sentía vocación y unos estudios que realmente no me llenaban en absoluto. Al parecer no todas las personas toman la decisión por vocación sino por intereses económicos y un puesto de trabajo acomodado.

La carrera de magisterio, al menos en la Comunidad de Madrid, tiene una nota de acceso realmente baja. Es decir, es un grado universitario muy asequible, y muchos jóvenes que no han obtenido una calificación más alta para acceder a los estudios que sí querían, entran en magisterio para tener un título colgado de la pared.  

Muchas personas se lanzan a la aventura de la enseñanza porque creen que es un camino fácil, sencillo, que no requiere mucho esfuerzo y porque opinan que todo el mundo puede ser profesor. También nos encontramos con muchas personas que han estudiado biología, historia, matemáticas e inglés y que se encuentran dando clases en centros educativos.

Pero para ser profesor es necesario tener más cosas que un título académico de la asignatura que se vaya a impartir. Si se va a trabajar en las aulas con niños y jóvenes porque no se encuentre empleo ningún empleo relacionado con lo estudiado, ¿qué menos que interesarse un poco en la enseñanza y en la docencia y profundizar en herramientas y estrategias, no?

Me refiero a estudiar algunos cursos, leer libros sobre educación, investigar nuevas metodologías… Pero lo que es cierto es que la gran mayoría no hace eso, ni siquiera se muestra interesado por aprender algo nuevo. Así tenemos graduados en filología inglesa, graduados en matemáticas, en historia, en filología hispánica… pero que no han recibido ninguna formación relacionado con la docencia ni con la enseñanza.

Bastantes de vosotros, me vais a decir: “es que la formación del profesorado es nula en este país”, y estoy de acuerdo, pero también sé que hay cursos gratuitos o realmente asequibles y de bajo coste del tema, que hay conferencias, que hay libros que se pueden descargar sin pagar ni un euro en Internet. Los centros educativos, no ofrecen ningún tipo de asesoramiento, pero los futuros maestros pueden investigar y buscar información fuera de él.

Llegamos al punto del día a día de los maestros auténticos y de corazón y de un maestro o profesor que no lo es. Los primeros, se han interesado por su formación y por seguir profundizando en el ámbito educativo (aunque no hayan realizado la carrera de magisterio). Y los segundos, le han dado absolutamente igual lo que pudiera pasar y únicamente han pensado en ellos y en sus intereses.

Los estudiantes que tengan a un docente que se emociona por lo que hace, que se apasiona y que disfruta de su tiempo en las aulas, sin duda alguna, tendrán muchas más ganas de aprender, estarán más inspirados, más motivados, más felices y estarán más despiertos para adquirir conocimientos nuevos. ¿No debería ser así en todos los centros educativos y en todas las aulas? Desde luego que sí. Todas las aulas deberían contar con un maestro de corazón. 

Los alumnos que tengan a un profesor que entre amargado en sus clases, sin ganas de enseñar, poco motivado, aburrido, deseando que acabe la jornada del trabajo, que únicamente esté ahí por el sueldo fijo y las vacaciones, que no se involucra con los estudiantes, que no se preocupe, que no quiere lo mejor para ellos,  y que no sea capaz de emocionar ni de inspirar, sin duda alguna, estarán cansados, desilusionados, sin ganas de aprender nada en las clases. 

Lo que vengo a decir es que los maestros de corazón tienen que tener vocación. Y las personas que entren a las aulas con carreras diversas, debería formarse e investigar antes en educación, docencia y enseñanza. Básicamente porque ser profesor es una de las profesiones más importantes, y algo tan importante y tan valioso para niños y jóvenes hay que esforzarse por hacerlo bien.

Si alguien está convencido de que no sirve para la enseñanza, y no piensa buscar información al respecto ni realizar algunos cursos relacionados, por favor, que no elija el camino de la docencia porque podría repercutir de una manera muy negativa en los estudiantes que confían y tienen esperanzas en sus docentes. Además de eso, trabajar en un lugar en el que no quieres estar y no te sientes complicado crea un malestar personal increíble. 

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